El Papa Francisco, François Hollande, la actriz de cine y la boda de los curas

Suegro del Papa.- ¿Qué tal con el francés?
Papa Francisco.- Mejor que con el inglés. En mis tiempos se estudiaba francés.
Suegro del Papa.- ¡Qué simpático! No me refiero al idioma… Sabes bien a quién me refiero.
Papa Francisco.- Te refieres al Señor François Hollande, Presidente de la República Francesa, que representa la soberanía popular de millones de ciudadanos.
Suegro del Papa.- ¡Oh, qué formal! ¿Qué te pasa? ¿Ha habido mucho “Grandeur de la France” o qué? Te vi más que serio
Papa Francisco.- No. Ha ido bien. Cada uno a lo suyo y en su papel.
Suegro del Papa.- Pues no te lo han puesto fácil unos cuantos centenares de miles de franceses con su carta: que si los homosexuales adoptando, que si la maternidad de alquiler, que si la eutanasia. Y sobretodo la campaña de desprestigio de la Iglesia en Francia, en los medios de comunicación.
Papa Francisco.- Pues de todo eso hemos hablado, como era mi obligación.
Suegro del Papa.- ¿Y has conseguido algo?
Papa Francisco.- La esperanza de que obre según su conciencia, que es lo máximo.
Suegro del Papa.- ¿Habéis hablado de la actriz y de la titular?
Papa Francisco.- ¡Qué descarado eres! ¿Quién soy yo para meterme en los pantalones de este hombre?
Suegro del Papa.- Pues el Papa, el que tiene que predicar una moral. El que no deja que sus curas se casen.
Papa Francisco.- Piénsalo un poquito. Imagínate que en lugar de ser el Presidente de Francia fuera el cura de una parroquia de París: no tendría un palacio de Versalles para “alejar” y alojar dignamente a la parienta. Sería un escandalazo en el barrio… qué se yo cuantas cosas más…
Suegro del Papa.- Ya se apañarían el cura, la titular y la amiga: como todos.
Papa Francisco.- Sí, sí. Apaño sería, pero con escándalo y mucho sufrimiento. Y luego vendrían también las separaciones: ¿o no les dejaríamos el derecho a separarse? No digo ya a divorciarse: y entonces quién se queda en la casa parroquial, para quién es la pensión… Y me estoy refiriendo sólo a las cosas materiales, exteriores. Porque de las de verdad, del matrimonio como tal: ¡sabemos tan poco los curas! al menos yo y la mayoría… A lo mejor estas reflexiones y decisiones es mejor dejarlas en manos de los seglares. ¡Es una idea!
Suegro del Papa.- Au revoir. Amigo, que te veo con ganas de estar solo.

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