Papa Francisco: El hombre más peligroso del planeta.

Suegro del Papa.- ¿Ya estás recuperado?
Papa Francisco.- Casi. A mi edad cuesta. Ha sido paliza, y además está el jet lag… Pero estoy bien.
Suegro del Papa.- Y contento, por lo que veo.
Papa Francisco.- Muy contento. Todo han sido detalles, amabilidad, fe… Y además tan relativamente cerca de mi Argentina, con mucho argentino…
Suegro del Papa.- Pues yo no estaría tan eufórico. Eres todo un peligro público.
Papa Francisco.- Che, vos ¿qué decís?
Suegro del Papa.- Eres el hombre más peligroso del mundo.
Papa Francisco.- No digas tonteras…
Suegro del Papa.- No las digo yo. Las dice la norteamericana Fox News. Para su comentarista Gred Gutfel eres “el hombre más peligroso del planeta”. Algo habrá, cuando te has tenido que explicar tanto con la prensa en el viaje de regreso.
Papa Francisco.- Lo hago siempre, nada anormal.
Suegro del Papa.- Ya, nada anormal, salvo que te regalen un Cristo en una hoz y un martillo, que te metan en el lío Bolivia Chile por el mar, que les cortes un traje a los conquistadores españoles, que digas que “Ecuador se ha puesto de pié…”.
Papa Francisco.- Pero creo que todo tiene su lógica y que en el contexto en que dije las cosas todo el mundo las puede compartir.
Suegro del Papa.- Pues no, amigo. No todo el mundo las puede compartir. El viaje que le has metido al sistema económico mundial es de difícil comprensión para muchos, si las alternativas son – y permíteme que lo diga como se dice en la calle – los Morales, los Maduros, los Correas. O sea los Tsipras de América, si no algo peor.
Papa Francisco.- ¿Ahora me has salido peleón?
Suegro del Papa.- No: yo te digo lo que piensa mucha gente, esa gente de clase media que no espera nada de unos ni de otros y de la que nunca se ha preocupado la Iglesia. Estuvo bien que en el avión de vuelta, a instancias de un periodista, lo reconocieras y prometieras ocuparte también de esas ovejas.
Papa Francisco.- Es cierto. La Iglesia, como muchas instituciones humanas, es pendular: con los muy ricos o con los muy pobres. Pero chico: yo lo llevo dentro. Me ocuparé también de esas clases medias, pero los pobres son los pobres. Y son el encargo fundamental de la buena nueva.
Suegro del Papa.- No es cierto. Lo que tú llamas buena nueva, o evangelio, es para el hombre, independientemente de lo que lleve en su cartera. La buena nueva le enseñará a cómo gestionar esa cartera aceptando principios como la solidaridad y el bien común.
Papa Francisco.- También es una buena reflexión. Pero no por solidaridad, sino por aquello de “lo que hacéis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”, que dijo Él, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed….
Suegro del Papa.- También es verdad.

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Rajoy y el Papa: Jesucristo IIº no es argentino.

Suegro del Papa.- Has recibido a España entera hoy.
El Papa Francisco.- ¿Lo dices por el Presidente Rajoy o por la camiseta de la selección?
Suegro del Papa.- Más bien por la camiseta, porque la selección es de las pocas cosas en la que están de acuerdo el mayor número de hispanos.
El Papa Francisco.- Me alegro de haberle recibido. Me decía Rajoy que en España estaban faltos de alegrías y que esta era una. Realmente las están pasando moradas.
Suegro del Papa.- Pero los que han venido a verte no son precisamente esos “santos de todos los días”, esa “clase media de la santidad” de la que hablabas el domingo en San Pablo Extramuros. Estos de hoy son el poder, o el que les deja la Sra. Merkel. No sé si la visita será un buen mensaje para los que están sufriendo en ese país…
El Papa Francisco.- ¿Qué te crees que hemos hecho en esos 20 minutos? ¿Que hemos hablado del Concordato? Hemos hablado de desahucios, paro, Cáritas… ¿O crees que le he felicitado por lo bien que van las cosas?
Suegro del Papa.- Ya me imagino que no. Pero para qué lo recibes.
El Papa Francisco.- Porque él me necesita y así yo puedo aprovechar que también lo necesito.
Suegro del Papa.- ¿Qué tú también necesitas a Rajoy?
El Papa Francisco.- Sí. A él y a todos los que tengan poder. Le he pedido, le he suplicado que tenga presentes la justicia y la solidaridad. Le he pedido lo que quizás no pueden pedirle los pobres de su país. Y así haré con todos los que vayan pasando por aquí. Yo sé que tengo que hacer estas audiencias y estas cosas. Pero me siento como enjaulado…
Suegro del Papa.- A ver si te ayuda el consejo que has nombrado. Han caído bien los cardenales componentes que has designado. También los has ido a buscar a todos los rincones del mundo, como tú. Aunque ayer en una trattoria del Trastevere me han dicho que es mentira, que no eres argentino.
El Papa Francisco.- ¿Y eso? ¿Por qué?
Suegro del Papa.- Que si realmente fueras argentino te habrías llamado Jesús IIº y no esa poca cosa de Francisco.

El Papa Francisco al fútbol: audiencia general con azulgranas

Suegro del Papa.- ¿Bien la audiencia general?
El Papa.- Sí, ¿por qué?
Suegro del Papa.- No, por nada. Te veo cómodo predicando. Y tengo la sensación de que la gente te escucha.
El Papa.- Dios te oiga. Que no sea todo el folclore de. “!ala, a ver al Papa!
Suegro del Papa.- Hombre. Un poco de folclore hoy había, con tu San Lorenzo del Almagro…
El Papa.- ¿Pasa algo? ¿No me puede gustar el futbol?
Suegro del Papa.- Claro que sí, hombre. No te enfades. Es más: me ha gustado mucho la carta que has enviado ayer al Presidente de tu equipo. No creí que un Papa pudiera mezclar tan bien fútbol y Jesús. Pero claro: eres argentino…
El Papa.- ¿Y?
Suegro del Papa.- Que “tenés” un don especial. En positivo. Por cierto: hay otros azulgranas que ya te han invitado a ver un partido en su estadio.
El Papa.- ¿Ah, sí? Pues otros azulgranas solo pueden ser los de Messi.
Suegro del Papa.- Justamente esos. A lo mejor pensaban que cuando hablabas de azulgranas hablabas de ellos y no de los tuyos.
El Papa.- No. Messi conoce San Lorenzo.
Suegro del Papa.- Pues no les hagas muchas carantoñas, no se te enfaden los blancos o rojiblancos de Madrid… ¿Qué tal con el jefe de los protestantes alemanes?
El Papa.- Muy bien. Quiero devolverle la visita en Alemania. Cuando te encuentras con gente así, te das cuenta de que todos buscamos al mismo Dios.
Suegro del Papa.- ¿Incluso Ban-ki Moon?
El Papa.- ¿Por qué no? Compartimos ambos un objetivo y una responsabilidad: los excluidos, los desheredados, los perseguidos del mundo. Si unimos esfuerzos, seremos más eficaces. Nos seré yo el que divida y pondré todo mi esfuerzo en ello, en unir y rogarlo a los cuatro vientos. Es el único sentido de tener un Estado y estar en la ONU.
Suegro del Papa.- Así visto, hasta parece bien que existe el Vaticano…

Papa Francisco: eres una estrella…

El Papa.- ¿Dónde has estado? Te he echado de menos estos días.
Suegro del Papa.- En Betsaida, en Galilea. Todavía me gusta ir por allí. Y más en Semana Santa. Me he acercado a Jerusalén en ramos. Aproveché que tú ibas a estar muy ocupado. Eres una estrella…
El Papa.- Lo dices con retintín.
Suegro del Papa.- No. Lo digo sinceramente. Creo que vas a dar mucho juego mediático.
El Papa.- ¿Y eso es bueno o es malo?
Suegro del Papa.- Malo no será. Bueno, ya te diré. Hasta tus llamadas de teléfono salen en los papeles.
El Papa.- ¿Lo dices por la del kiosquero argentino de Buenos Aires?
Suegro del Papa.- Pues sí. La verdad: Me gustó. Hasta me emocionó.
El Papa.- Es lo menos que podía hacer. Son buena gente, me han ayudado con su entrega diaria del periódico, con sus conversaciones y su amistad. No quiero costarles dinero por no pagarles y además me apetecía hablar con ellos. Son mi familia, mis amigos, los de todos los días en mi vida de viejo cura Bergoglio de Rivadavia.
Suegro del Papa.- No te expliques, que lo entiendo. Te pareces a mi Pedro, que en el fondo también era un sentimentalón. Me ha gustado eso de que” no ibas a agarrar la batuta, porque eso de ser Papa es un fierro caliente”.
El Papa.- ¿Me creerías que si lo llego a saber, a lo mejor ni vengo de Buenos Aires?
Suegro del Papa.- Pues igual nos habíamos perdido un buen Papa. ¡Y eso que decían que iba a ser uno joven…! Te veo caminar como un poquito cojo.
El Papa.- Vale, estoy viejo. Tienes razón.
Suegro del Papa.- No te lo tomes a mal. ¿Qué tal con Benedicto XVI? A él sí que lo vi viejo. Me parece que ha pegado un bajón importante.
El Papa.- Ha sido emocionante. Cada día le quiero y le admiro más. Ahora me toca a mí remar. Y valgan verdades que lo voy a hacer con toda mi alma. Pero a mi manera. Quiero estar con todos los que me necesiten. Esta semana, a rezar, que es lo que toca. Y en cuanto asumamos la resurrección, y desde que la asumamos, a trabajar por la vida terrena y la eterna de todos y de todas. Que Dios me ayude.
Suegro del Papa.- ¡Cómo no te va a ayudar! Todo el día con el ritornello de acabar siempre con un “recen por mi”. Así que si no te hace caso a ti, se lo hará a los que rezan. Y luego estoy yo: como defraudes, después de la esperanza que estás generando, me vas a oír.

La coronación: Cristina, Buenos Aires y los zapatos del Papa

Suegro del Papa.- ¿Estás preparado para mañana? Ni tiara, ni silla gestatoria, ni mantelina de armiño… Vas a parecer un cura de pueblo. El Padre Francisco, en lugar del Papa Francisco !Vaya entronización! !Vaya Vaticano! ¿Ya te merece la pena meterte en la que te has metido? Esto ya no es lo que era.
El Papa.- Se acabó el carnaval, amigo. Estamos ya casi en la Pascua.
Suegro del Papa.- Si te oyen algunos que yo me sé, les da un infarto.
El Papa.- Lo irán comprendiendo, estoy seguro. Tengo ganas de que acabe toda esta primera parte y empezar a trabajar. ¡Hay tanto trabajo…! Como dijo alguno, ¡es hora de subirse ya a la barca! Basta de chácharas y taberna. Hay que salir a pescar.
Suegro del Papa.- Hablando de taberna: creo que te han regalado algo para tu mate…
El Papa.- ¿Qué querés? ¿Hablar de la señora Cristina?… Pues dilo. No hay problema.
Suegro del Papa.- ¿Y? ¿Cómo ha ido?
El Papa.- Bien.
Suegro del Papa.- La desarmaste con el beso.
El Papa.- He besado a toda la Argentina. Pensar que tenía billete de regreso para mañana… Voy a empezar a cantar el tango por las esquinas. “Mi Buenos Aires querido: cuando yo te vuelva a ver…”
Suegro del Papa.- ¿Vas a seguir dejando que te asomen los pantalones por debajo de la sotana? En eso también eres el primer Papa. Y los zapatos…
El Papa.- Mis viejos zapatos… no están hechos para la moqueta y los mármoles. Pero se habituarán. Y puede ser que hasta me quite la sotana. Si hay que remar y mojarse, mejor ir ligero.
Suegro del Papa.- ¡Ole, ole y ole! Ahí has estado bien, sí señor. Que descanses. Y que te sea leve el protocolo mañana.

Papa Francisco

Suegro del papa.- Buenos días. Hola, soy tu suegro
El Papa.- Lo sé. Me habló de ti Benedicto XVI. ¿Vienes a quedarte?
Suegro del Papa.- Sí. Este es mi sitio. Dejémoslo claro de entrada: Ya sabes que no me callaré ni ante ti.
El Papa.- También lo sé. Vienes muy tenso, pero creo que nos vamos a llevar bien. Yo tampoco me callaré. ¿Cómo lo dejaste?
Suegro del Papa.- ¿A Benedicto? Bien. Rezando mucho, y bastante pendiente de la tele. Le conmoviste con el Padre Nuestro que rezasteis por él al salir al balcón. ¿Sabes la que se te viene encima?
El Papa.- Creo que sí. Ya he hablado con Ratzinger y ha procurado darme ánimos. Yo creo que me han liado. Te dicen que es el Espíritu Santo, te atontas un poco, dices que sí, empieza toda la parafernalia y te das cuenta, al salir al balcón de la que se te viene encima y cuánta gente está pendiente de ti y de tus decisiones.
Suegro del Papa.- A la mayoría les has caído bien. Has generado mucha esperanza, que hace mucha falta en estos momentos. Pero otros cuantos ya te están zurrando.
El Papa.- Lo sé. Y avisé a los cardenales.
Suegro del Papa.- Y te están zurrando más que nadie allí “en el fin del mundo” como has dicho refiriéndote a tu Argentina. Lo de las dictaduras militares está muy oscuro.
El Papa.- Creo que no tanto. El Nobel Esquivel ya ha aclarado bastante. Pero yo aclararé lo que haga falta en su momento. La gente tiene derecho a saber. Y creo honestamente que hice lo posible para suavizar esa brutalidad y evitar todos los daños posibles. Pero… siempre se puede hacer más, probablemente.
Suegro del Papa.- Me ha gustado que pagues tus cuentas. Y me ha gustado casi todo lo que dicen de ti. Esperemos que no sea todo fruto de la mitificación y del peloteo: que sea verdad.
El Papa.- Soy como soy. Y seguiré siendo como era. Sea Papa o sea el Padre Jorge, que es lo que quiero ser, aunque vaya vestido de blanco.
Suegro del Papa.- Me gusta tu nombre: Francisco. Suena bien Papa Francisco, padre Francisco. Prométeme que algún día saldremos de incógnito por Roma y hablaremos con la gente…
El Papa.- Prometido. Pero la primera salida, ya veremos si de incógnito, es a Castel Gandolfo.

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