Papa Francisco: Atlético de Madrid, Davos y mujeres cardenales

Suegro del Papa.- ¿Te vas a hacer del Atlético de Madrid o sigues con San Lorenzo?

Papa Francisco.- ¿Por qué?

Suegro del Papa.- Ayer te firmó Ángel Correa una camiseta del Atleti para el proyecto Clásicos por la Paz, de Scholas.

Papa Francisco.- Ah, no sabía.

Suegro del Papa.- Pues el chico dice que tú le diste alguna vez la comunión.

Papa Francisco.- Sí, es verdad. Allá en Buenos Aires. Dicen que es un chico muy religioso.

Suegro del Papa.- Así parece. Cambiando de tema: Así que a partir de ahora, para el lavatorio de los pies del Jueves Santo “los pastores puedan elegir a un grupo de fieles que represente la variedad y la unidad de cada porción del pueblo de Dios”.

Papa Francisco.- Sí. ¿No te parece bien?

Suegro del Papa.- Me parece perfecto. Fíjate si me parece perfecto, qué bien quedaría la misma frase, casi, en las pautas para nombrar cardenales: “el Santo Padre podrá elegirlos entre los fieles que representen la variedad y la unidad de cada porción del pueblo de Dios”. Y yo añadiría, incluido la mitad del pueblo de Dios, que son mujeres…

Papa Francisco.- Te veía venir. Ya sé que dices por ahí que el signo de que todo esto va en serio se producirá el día que hagamos cardenal a una mujer.

Suegro del Papa.- Bueno, por lo menos no me has llamado de todo al recordártelo. ¿Qué te parece Davos?

Papa Francisco.- Creo que más de lo mismo. Mucho hablar pero poco de hacer. Mucho filosofar sobre economía y poco sobre las necesidades del mundo.

Suegro del Papa.- Me ha gustado el mensaje claro y concreto que les pasaste a los líderes mundiales: que no se olviden de los pobres.

Papa Francisco.- Sí, pero eso puede ser una simplificación voluntarista. Les he sugerido que revisen esta cuarta revolución industrial, que no tenemos muy claro hacia dónde nos va a llevar. Les he pedido que abran su mente y su corazón a los pobres y para ello, un camino es que busquen nuevas formas de actividad empresarial que mientras fomentan el desarrollo de tecnologías avanzadas sean capaces de crear trabajo digno para todos.

Suegro del Papa.- No sé si te hacen mucho caso. Sí sé que todos, o la mayoría, pagan por una foto contigo, pero de hacerte caso…

Papa Francisco.- Pues me oirán siempre lo mismo, hasta que me quede sin voz.

 

 

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Papa Francisco: el cardenal Blázquez, Arzallus, Michuacán o Madrid. Nos vamos a Filipinas.

Suegro del Papa.- Feliz año, Bergoglio.
Papa Francisco.- Vienes fuerte. ¿Va de apellido? ¿No has tenido buenas fiestas?
Suegro del Papa.- Seguramente mejores que las tuyas.
Papa Francisco.- Las mías han sido sencillas, pero cordiales y alegres. No han sido malas… aunque lleve penas en el alma.
Suegro del Papa.- Ahora te desquitas. Te vas por el mundo. Menudo viajecito a Sri Lanka y Filipinas… Te vas a dar una buena soba.
Papa Francisco.- Voy encantado. Son gente muy afectuosa y merecen todo el apoyo del mundo, con todo lo que les sucede, lo que les castiga la naturaleza… y siguen con esperanza y una sonrisa.
Suegro del Papa.- Pues que vaya bien este primero, porque tienes un año movidito de viajes. ¡Y sigues sin volver a Buenos Aires…!
Papa Francisco.- No me he ido nunca: lo llevo en mi retina, en mi mente y en mi corazón.
Suegro del Papa.- Tonterías. Irías encantado, pero… “va en el sueldo” posponerlo, como diría el castizo. Has sorprendido con la lista de nuevos cardenales, como no podía ser menos.
Papa Francisco.- Pues no la hice para sorprender…
Suegro del Papa.- Ya, pero saltarte a Osorio en España a favor de Blázquez, o al arzobispo de Monterrey en Méjico a favor del de Michuacán… ¿Quieres que siga?
Papa Francisco.- No me he saltado a nadie. Estoy construyendo la Iglesia que tengo que construir y eso supone que cada cual esté en su sitio. Madrid y Monterey tienen dos buenos pastores.
Suegro del Papa.- Pues por ejemplo en España lo politizan: que si Blázquez estaba en el ostracismo con Juan Pablo II y Benedicto XVI, que si Rouco le tenía marginado. Y vas tú y le haces Cardenal, dejando sin capelo cardenalicio a Madrid.
Papa Francisco.- ¡Qué fantasías! Ni Blázquez estaba marginado antes (ha sido dos veces Presidente de la Conferencia episcopal) ni está crecido ahora. Simplemente es el Presidente de los obispos españoles, es un buen pastor en Valladolid y creo que debe tener la máxima responsabilidad eclesial para dirigir a sus hermanos: Cardenal, dispuesto a dar la sangre por Cristo y su Iglesia.
Suegro del Papa.- Pero entenderás que la gente mire las cosas con lupa, sobretodo cara a la profunda renovación de la Curia Romana que quieres hacer en febrero. Al que no le habrá hecho mucha gracia es a tu ex-colega, por jesuita, Xavier Arzallus. El que dijo aquello de “un tal Blázquez” cuando lo nombraron obispo de Bilbao…

Papa Francisco: está en peligro. El arzobispo de Mérida-Badajoz, los divorcios y la Izquierda Plural.

Suegro del Papa.- Estás en peligro.
Papa Francisco.- ¿Por qué?
Suegro del Papa.- ¡Ah! No sé. Lo ha dicho tu Cardenal Coccopalmerio hoy.
Papa Francisco.- ¿Sí? ¡Seguro?
Suegro del Papa.- No es broma: en peligro físico. Dice que hay gente poderosa en el Vaticano a los que no les gustan tus reformas, tus maneras, tus gestos… Lo ha dicho en España. Que debes tener un Ángel de la Guarda poderoso o mucha fe en Dios, porque te ve muy tranquilo.
Papa Francisco.- ¿Y no había de estarlo?
Suegro del Papa.- Hablando de España, dicen que los curas de Extremadura andan alborotados con su arzobispo, que gasta exageradamente en lujos innecesarios. Eso, mientras tú no eras Papa, no se notaba tanto, pero ahora canta.
Papa Francisco.- A algunos les cuesta amoldarse, pero todo se andará. Éste ya tiene nombrado un sucesor.
Suegro del Papa.- ¿Y qué me dices de lo de abaratar los divorcios y agilizarlos?
Papa Francisco,- De momento yo no he hablado de divorcios: he hablado de nulidades matrimoniales. Que siempre ha habido y que habrá. Un matrimonio forzado, por ejemplo, es nulo por sí mismo, porque va contra la libre voluntad de al menos uno de los contrayentes. ¿Por qué ha de costarle tiempo y dinero a esa persona que lo ha sufrido el declarar nulo ese matrimonio? Lo que hay es que agilizarlo y quitarle el aspecto burocrático y la sensación de que quien tiene dinero lo consigue y quien no, lo pringa. Es tan fácil montar un negocio en torno a este dolor de algunos…
Suegro del Papa.- ¿Ya sabes que los de la izquierda plural europea no te quieren ver por el Parlamento Europeo el 25 de noviembre y se irán de la sesión cuando entres?
Papa Francisco.- Están en su derecho. Pero me duele que consideren ofensiva mi presencia allí. No voy a adoctrinar a nadie y tengo todo el respeto para los eurodiputados y para sus electores europeos. Pero nadie puede negar que Europa no se entiende ni se explica sin el catolicismo e incluso sin el Vaticano.
¿Puedo hablar en la ONU y no está bien que lo haga aquí? Querría ver si pasaría lo mismo, por ejemplo, con el Dalai Lama. Pero en fin, repito: están en todo su derecho y, desde su posición, hasta los comprendo.

Papa Francisco: un sudaca en el parlamento europeo, el sínodo de los obispos y lo más rancio de la Iglesia

Papa Francisco.- ¡Hombre! Últimamente apareces poco. ¡Te escaqueas! ¿Dónde te metes?
Suegro del Papa.- Pues por ahí. Ya sabes. Además: he pretendido verte hace tres o cuatro días y me encuentro con una cola de más de 30 obispos esperando para charlar contigo. Ante eso ¿qué quieres que haga?
Papa Francisco.- Sí, ese fue un día duro. Pero todos quieren y tienen derecho a contarme sus penas y alegrías.
Suegro del Papa.- Pues no te arriendo la ganancia. ¡Debe de ser un muermo el aguantarlos…! Y además en sabe Dios qué idiomas.
Papa Francisco.- Pues un poco de todo. Latín, italiano… Te sorprendería saber cuánta jerarquía de la Iglesia maneja un poco el italiano.
Suegro del Papa.- ¡Claro! ¡Por si los hacen Papa! Si te han traído a ti del fin del mundo, ¿por qué no los van a traer a ellos de África, por ejemplo?
Papa Francisco.- ¡Qué cínico eres, pero tienes razón! Alguno de esos 30 podría ser el próximo Papa. ¡Por qué no!
Suegro del Papa.- Vas a ir a Turquía y antes al Parlamento Europeo ¿Qué pintas tú ahí, un sudaca en ese nido de…?
Papa Francisco.- ¡Quieto! No digas más. Pues iré con mucho gusto. Europa tiene que ser un valor estable y sólido para la paz, la justicia y los derechos y yo tengo que colaborar. El mundo, sin Europa, es inconcebible.
Suegro del Papa.- Eso les va a gustar a esa banda de políticos. Y ¿del Sínodo, qué me dices del Sínodo?
Papa Francisco.- ¿Qué quieres que te diga?
Suegro del Papa.- Nada. He visto la lista de participantes. He visto los veintitantos que nombras tú directamente: te has hinchado a meter cardenales dentro… Algunos de ellos no se han manifestado hasta ahora muy en tu línea, pero tú sabrás… Menos mal que por lo menos los presidentes de las conferencias episcopales, que son la mayoría, son elegidos por sus colegas.
Papa Francisco.- O sea: que no te gustan los participantes.
Suegro del Papa.- No, no es eso. Lo que no me gusta es el sistema. Aunque hay seglares, son pocos y en el fondo está quizás lo más rancio de la Iglesia. Creí que habrías metido más mano…
Papa Francisco.- Desde este Sínodo y con su experiencia, cambiaremos el sistema. Ya lo verás.
Suegro del Papa.- Si tú lo dices….

Papa Francisco: España, Rouco, Osoro, Cañizares, el cambio en la Iglesia y el cardenal de Madrid.

Suegro del Papa.- Quieres que los obispos huelan a oveja y a España les mandas dos que huelen a moqueta vaticana y zapato de tafilete…
Papa Francisco.- ¿Qué tienes contra el cardenal Cañizares?
Suegro del Papa.- No, yo nada. Pero tampoco tengo nada a favor. No se le han visto muchos gestos de tu estilo, como los que tú tienes…
Papa Francisco.- Yo creo que son dos tipos válidos, Cañizares y Osoro.
Suegro del Papa.- ¿O es que te los querías quitar de Roma, concretamente al cardenal Cañizares? Cuando yo vea a quién nombras como sustituto, sabré qué es lo que has pretendido.
Papa Francisco.- Lo primero que he pretendido es arreglar la situación de Madrid, con un obispo que lleva tres años de más sobre la edad límite y que además es cardenal: Rouco Varela. Hasta el día en que las iglesias tengan más capacidad para designar a sus presbíteros y obispos, que tiene que ser el objetivo y el ideal, me tengo que ocupar yo de encajar todas las piezas con la mayor eficacia.
Suegro del Papa.- Pues España no es broma, en este momento. Con una Iglesia muy divida entre los propios obispos, con unos fieles también muy divididos entre cristianos sinceros y comprometidos y cristianos sólo de nombre; con el primer partido de la oposición pidiendo la denuncia del Concordato… El obispo de Madrid es clave.
Papa Francisco.- Y allá se va Carlos Osoro. Tiene una gran preparación, se hizo cura ya de mayor, lo que considero muy importante, es un atleta – mens sana in corpore sano – y es una persona muy cercana a la gente. Además, ya enderechó una diócesis como la de Oviedo, que era un desastre: tiene casi el mismo trabajo en Madrid.
Suegro del Papa.- Dicen que el que está que bufa es el cesado Rouco.
Papa Francisco.- No está cesado: simplemente le aceptamos la renuncia. Pero eso es otro cantar. Ya se le pasará….

Papa Francisco y el Cardenal Bergoglio: Corea, vacaciones, esclavas sexuales y otras emociones

 

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Cardenal Bergolio                                             Papa Francisco

Papa Francisco.- ¿Qué haces?
Suegro del Papa.- Viendo estas dos fotos ¿”sos” realmente el mismo?
Papa Francisco.- Tú dirás. El de la foto, sí.
Suegro del Papa.- ¿Qué queda de aquel cardenal serio, tímido, austero…? Aquel Cardenal que fueron a buscar sus hermanos cardenales al fin del mundo para hacerlo Papa.
Papa Francisco.- Estoy viendo tanto sufrimiento… y descubriendo el valor que tiene una sonrisa para los que no tienen nada. A lo mejor eso me ha cambiado por fuera, me ha cambiado el gesto. Por dentro creo que soy el mismo, con los hombros más caídos por el peso de la carga.
Suegro del Papa.- Y sin vacaciones ¿Estás cansado, o es por el viaje a Corea?
Papa Francisco.- Todo cuenta y suma. En Corea he cansado sobre todo por los idiomas y el miedo a cualquier gesto que en otra cultura pueda herir a la gente.
Suegro del Papa.- En todo el mundo los buenos corazones son iguales. Por cierto, bonito gesto convertir la esclavina de tu sotana en un escaparate y colocarte esos pin que tanto dolor llevan detrás.
Suegro del Papa.- Me emocionó la anciana esclava sexual, me emocionaron los padres de los chicos del naufragio, me emocionaron tantas cosas…
Suegro del Papa.- Y te has metido hasta las cejas en los asuntos; reconciliación de las dos Corea, relaciones con China, Vietnam… una Iglesia más pobre, más austera y de la calle, otro canto al celibato que han agradecido muchos obispos carcas…
Papa Francisco.- Si el Papa no se mete en los charcos, ¿cómo va a confirmar a los hermanos en la fe? Y tengo que encontrar el camino para que lo que predico de iglesia pobre empiece por notarse en mí más que en los demás. No sé cómo hacerlo. Y respecto al celibato, lo que he subrayado es que es un gran valor, pero cuando se acepta libremente y sirve al servicio de los demás. No cierro ninguna puerta.
Suegro del Papa.- No te olvides de los cristianos perseguidos, por ejemplo los que vagan por los pedregales de Nínive. ¿Estás haciendo todo lo que debes?
Papa Francisco.- No lo sé… incluso algunos dicen que debería plantarme allí…

Papa Francisco: tarifa plana, pocos curas y síndrome de Down

Suegro del Papa.- ¿Tendrás tarifa plana, no?
Papa Francisco.- Por qué lo dices.
Suegro del Papa.- Por la frecuencia con que aparece en los medios que llamas a la gente por teléfono. Llevas ya unas cuantas llamadas sorpresa.
Papa Francisco.- ¿Y no te parece bien? ¿No te parece estupendo que pueda consolar directamente a gente que lo necesita? Yo no tengo hijos: ellos son mis hijos. Es lo que hacéis los padre ¿no?
Suegro del Papa.- No; si me parece bien. Pero te quiero preguntar dos cosas. Una, quien te lo organiza y dos, por qué te presentas como Bergoglio, o eso es lo que dijo la señora argentina a la que llamaste, la madre de María Cash.
Papa Francisco.- Te empiezo por lo segundo. Yo siempre fui Bergoglio: en el colegio, en los jesuitas, el cura Bergoglio, el obispo Bergoglio, el cardenal Bergoglio. Y eso no se olvida. Y me parece muy cercano a la gente, porque antes que Papa, soy Jorge Mario Bergoglio, que es menos apabullante que Papa Francisco cuando llamas para dar un pésame. Y ¿quién me lo organiza? Sabes que no puedo llegar a todo. Hay personas sabias que me ponen en consideración las necesidades de la gente que se ha dirigido a nosotros. Y yo atiendo las que puedo.
Suegro del Papa.- Ya sabes que no soy muy sensiblero, pero me ha emocionado la foto de la caricia que te hace el chaval con síndrome de Down en la plaza de San Pedro.
Papa Francisco.- ¡A cuánta más gente podría hacer feliz si el día tuviera 48 horas en lugar de 24! Estamos, estoy, aquí para acercar y hacer presente el Reino de Dios, especialmente a los desesperados y marginados de la Tierra. Y en esa caricia hay mucho de la ternura, la alegría, la paz, la entrega, la amistad y el respeto que constituyen ese Reino que anunciamos.
Suegro del Papa.- Has ordenado a 13 nuevos curas. Muy pocos ¿no? Vas a tener que hacer curas a los marcianos…
Papa Francisco.- ¿Tú también con la coña de los marcianos? Si vienen ¿por qué no? Fuera de bromas: son pocos, sí, pero espero que sean buenos, mejores que nosotros. En este momento ése es el secreto. Pero hay que echarle una pensada seria y en ello estamos.

Monseñor Blázquez, el cardenal Rouco, la Conferencia Episcopal, el Papa Francisco y Monseñor Castellanos

Suegro del Papa.- Ya tienes nuevo jefe de tus tropas en España. ¿Era el que querías?
Papa Francisco.- Yo no quería ninguno. Aceptaría sin más, y además no tengo otra posibilidad que aceptarlo, al que eligieran.
Suegro del Papa.- No te veo muy contento.
Papa Francisco. Sí, hombre, este es buena persona, como casi todos y creo que es un buen cristiano personalmente.
Suegro del Papa.- Mejor hubiera sido que hubieran elegido al que él fue a sustituir cuando lo hicieron obispo de Palencia, pero está un poco lejos.
Papa Francisco.- Recuérdame cómo fue aquello.
Suegro del Papa.- Sustituyó a Monseñor Castellanos, el primer obispo español que renunció a oros, palacios y mitras y se fue de misionero con los más pobres a Colombia. Ese es un buen tío.
Papa Francisco.- Y éste, hombre.
Suegro del Papa.- Ojalá sea así. Tendrá que cambiar muchas cosas, empezando por el nombre y las siglas de la Conferencia Episcopal. Menudo nombrecito cristiano: la CEE. Si parecen la Confederación Empresarial Europea. ¡Por Dios!
Papa Francisco.- ¿Qué más da el nombre?
Suegro del Papa.- Da, claro que da. Por lo menos lo de Sínodo parece más cerca de la iglesia primitiva. Claro que llamarse Sínodo de los Obispos Españoles SOE, sólo les falta la P delante…
Papa Francisco.- Esa es buena, sí señor. Yo confío en Monseñor Blázquez, que sea capaz de sacar la Iglesia de esos templos estupendos que hay en España y ponerla en la calle…
Suegro del Papa.- De patitas, la pondrían algunos. Ahora te queda buscar sustituto al Cardenal para Madrid. Ahí sí que eres tú el que decide y lo que mirarán con lupa los fieles y los expertos. Que aciertes.

Papa Francisco: la familia, cardenales, abueletes vestidos de rojo

Suegro del Papa.- ¿Qué tal con toda esa caterva de ancianos del colegio cardenalicio?
Papa Francisco.- Me parece que hablas con un cierto desprecio…
Suegro del Papa.- Desprecio nunca; ¿displicencia? Quizás. ¿Cómo no ser displicente cuando unos ancianos que no tienen familia se juntan para hablar de la familia, del matrimonio como núcleo de la familia?
Papa Francisco.- Y qué ¿no pueden hablar de eso estos ancianos, como tú nos llamas?
Suegro del Papa.- Podrían quizás hablar mejor de los abuelos, pero tampoco. Supongo que al hablar del matrimonio dirán eso de “me cuentan”, “me han dicho”, “he visto”. Es decir: tocarán, tocareis, de oídas la mayoría, por no decir todos.
Papa Francisco.- Visto así…
Suegro del Papa.- Visto como es. Lo demás son paños calientes. El otro día te quedó muy bien eso de que no hay matrimonio perfecto. Y que si no hay matrimonio perfecto, ¿qué decir de la suegra? No hay suegra perfecta.
Papa Francisco.- ¿Y no es así?
Suegro del Papa.- Qué sabrás tú, qué sabréis vosotros, de matrimonios, líos, infidelidades, divorcios, suegras, cuñados, hijos y problemas… Espero que cuentes con los laicos, porque si no seguiréis dando palos de ciego o bandazos.
Papa Francisco.- En todo caso tenemos que ayudar a la familia. Y para eso tenemos que reflexionar, y mejor juntos, aunque sea para decirnos que no sabemos nada. Por supuesto que contaré con los laicos.
Suegro del Papa.- Por cierto ¿ya te has respondido tú mismo a tu pregunta de cuánto vale un hombre?
Papa Francisco.- ¡Cuánto sufrimiento hay por el mundo, por la economía y por las guerras! En muchos sitios un hombre vale menos que una bala o que un euro para el pan nuestro de cada día.
Suegro del Papa.- Me voy de viaje. A la vuelta te veo. A ver qué haces con todos estos “abueletes” vestidos de rojo.

Monseñor Parolin, trabajar como una mula y mujeres cardenales

Suegro del Papa.- ¿Mañana despides a Bertone?
Papa Francisco.- Bertone hace tiempo que se despidió él. Pero además la palabra adecuada no es despedir.
Suegro del Papa.- ¿Cuál es?
Papa Francisco.- Sustituir.
Suegro del Papa.- ¿Así de simple? ¡Qué desilusión!
Papa Francisco.- ¿Qué pasa? ¿Tú también buscando titulares? Pues así de simple. Sustituir a un venerable anciano de 79 años, a quien le tocó pelear en momentos históricos muy difíciles. Y que ha podido equivocarse muchas veces, que no tantas, pero de quien nadie cuestiona su honradez. Se va a su casa como vino, después de trabajar como una mula. Que es lo que le va a tocar a Piero, Piero Parolin.
Suegro del Papa.- Bueno, pero ése es joven, igual demasiado joven.
Papa Francisco.- Jesús los escogió jóvenes.
Suegro del Papa.- Ya, pero no tanto y no tenían que andar por esta cueva de arpías que es el Vaticano. Aquí corro peligro hasta yo. Con Parolin ¿estás ya designando a tu sucesor?
Papa Francisco.- Líbreme Dios de pretender forzar al Espíritu Santo.
Suegro del Papa.- Pero no me negarás que es de los tuyos. Entre otras cosas estudió en la Universidad de los Jesuitas…
Papa Francisco.- Vamos a ver. ¡Qué paciencia tuvo que tener contigo San Pedro! He elegido un colaborador con fuerza, ganas, ideas claras e intachable. Y que además no va a tener tanta cuota de poder como tenía el cardenal Bertone, porque, no sé si te has dado cuenta, estamos trabajando y repartiendo el poder colegialmente, sinodalmente, como fue en los primeros tiempos, aunque la responsabilidad final de velar por los hermanos y confirmarlos en la fe sea mía y sólo mía. Y en esa responsabilidad, que no es poder, participará y me ayudará Parolin.
Suegro del Papa.- Y le harás cardenal de inmediato.
Papa Francisco.- Todo en su momento y ya veremos cuál es, si es, el momento.
Suegro del Papa.- Por cierto: ¿vas a hacer Cardenal a alguna mujer o las vas a seguir dejando sólo fregar las iglesias? Yo te puedo hablar de alguna que lo merecería.
Papa Francisco.- Y yo no de alguna: Te podría dar una lista que sería casi interminable.
Suegro del Papa.- Pues ánimo, y que no decaiga. Armarías una gorda.

Teología de liberación

Suegro del Papa.- Tienes el aprisco muy revuelto.
El Papa Francisco.- ¿Para bien o para mal?
Suegro del Papa.- Depende; si consideras que remover las estructuras y el establishment es bueno, entonces has dado en la diana. Pero si crees que el hecho de que haya cuchilladas y patadas por debajo de la mesa es malo, entonces es muy malo.
Suegro del Papa.- ¿Tan mal está?
El Papa Francisco.- Os están cortando unos trajes a ti, al Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, y al dominico Gustavo Gutiérrez, el de la teología de la liberación…
El Papa Francisco.- El grave error de esa teología fue ponerle apellido, que se lo puso precisamente Gutiérrez.
Suegro del Papa.- ¿Y por qué le has recibido en el Vaticano si es un error?
El Papa Francisco.- No me has entendido. Lo que es un error es el apellido de “liberación”, porque ¿es que puede haber alguna teología que no sea de liberación, que no predique que Él ha venido a redimir a los cautivos?
Suegro del Papa.- Visto así… pero explícaselo al Cardenal del Perú, a los movimientos ultraconservadores, a los que despellejan al arzobispo Muller y su trabajo al frente de la Congregación para la doctrina…
El Papa Francisco.- ¿Qué esperas de una estructura eclesial que cuando murió alguien al que hoy consideramos todos, repito, todos, un santo como fue Juan XXIII, dijo “que Dios le perdone todo el daño que ha hecho a la Iglesia con este Concilio Vaticano II”? Dios es Padre, es muy grande y se manifiesta de mil maneras. Y yo estoy aquí para decirlo a todo el mundo y no para quitar el carnet de hijos a nadie o ponerle límites a su manifestación del tipo que sea.
Suegro del Papa.- ¿Qué tal con el fraile Gutiérrez entonces? ¿Cómo cometiste lo que según algunos fue una terrible imprudencia: recibirlo aquí?
El Papa Francisco.- Es un buen hombre, un venerable anciano de 85 años, que ama a Dios y a los hermanos sinceramente. Lo que tenemos que hacer, con él y con todos, y no sólo católicos, es estar más cerca, vernos más, pensar más juntos, incluso y sobretodo rezar. ¿Que tiene y ha cometido errores? Seguramente. Y yo. ¿Y quién no? Y cambiando de tema ¿Cómo te va la vida?
Suegro del Papa.- Pues preocupado, porque a mí no me tranquiliza nada tu tranquilidad. Empiezas a ser molesto para algunos, que tienen mucho poder y quieren mantenerlo. Y apenas llevas seis meses por estos palacios… Cuídate.

Papa Francisco: se lo cargan

El Papa Francisco.- Hombre, gusto en verte. Cuánto tiempo. ¿De dónde vienes?
Suegro del Papa.- De buscar empleo y compañía.
El Papa Francisco.- No estás tú ya para muchos trotes de compañía…
Suegro del Papa.- No me refiero a esa compañía. Me refiero a alguien que te sustituya, con quien poder charlar a ratos. Por ejemplo comentar lo duro y triste que es estar en una cola de la oficina del paro.
El Papa Francisco.- Y ¿por qué me vas a sustituir? ¿Ya no te valgo?
Suegro del Papa.- No te voy a sustituir yo. Te van a sustituir a la fuerza otros. Incluso, si permites que te lo diga, algunos dicen que te van a apiolar, y que esta vez no fallarán, como fallaron en sus tiempos con Juan Pablo II.
El Papa Francisco.- Pero ¡qué burradas dices! A qué viene eso ahora.
Suegro del Papa.- ¿Que a qué viene? Pues por ejemplo a tu idea de abrir los conventos para los refugiados. ¿Tú sabes el efecto llamada que eso puede significar? ¿Te parece que ya hay pocos refugiados y sin papeles en Italia, España, Grecia…? Y encima les abres un convento de jesuitas, al lado del Gesú, en todo el centro de Roma…
El Papa Francisco.- Y ¿qué es mejor? Eso o convertir los conventos en hoteles y urbanizaciones caras?
Suegro del Papa.- Pues conviértelos en hoteles, véndelos y dales el dinero a los refugiados.
El Papa Francisco.- Es otra solución. Pero cuando se acabe el dinero, cuando se lo coman, se vuelven a quedar sin casa… y además esa de vender es una solución más radical aún.
Suegro del Papa.- Tienes razón. Eso sí que ya no te lo permitirían hacer. Esto otro, cuando palmes o te echen, se vuelven a vaciar y ya está.
El Papa Francisco.- Ni voy a palmar, mientras no quiera el Jefe, ni me van a echar. La Iglesia es mejor y más santa de lo que parece, porque son muchísimas más las personas anónimas buenas, curas, monjas, seglares, frailes, incluso obispos y cardenales, que los que andamos por los palacios pintando la mona y, a veces, hasta viviendo como si no creyéramos. Y la Iglesia hoy es consciente de que en el cuerpo de Cristo hay millones de heridas, que son todos esos que no tienen un mendrugo de pan para hoy ni donde caerse muertos mañana. Estamos aquí por esos y para esos.
Suegro del Papa.- Me alegra oírte; veo que estás en forma. De momento no buscaré trabajo: seguiré de suegro tuyo. Pero no descuides ni un momento la espalda, que hay cada uno por ahí…
El Papa Francisco.- Tranquilo. Hay mucha gente ayudándonos. Hay mucha gente rezando por nosotros. El está con nosotros. Si Él con nosotros ¿qué pueden contra nosotros?
Suegro del Papa.- En todo caso, suerte y ánimo. ¡Ah!: y explícalo todo lo que puedas, incluso en el famoso twitter del Papa.

El Papa Francisco en la playa

Suegro del Papa.- Francisco: Espectacular la jornada de la juventud.
El Papa.- Tú sólo al espectáculo, a lo teatral…
Suegro del Papa.- No. Espectacular lo que estás diciendo, pero sobre todo, cómo lo estás diciendo.
El Papa.- ¿Y?
Suegro del Papa.- Llevan dos mil años contándonos la misma cantilena y llegas tú, y !zas!: parece nueva. !Qué se yo! Será la arena, será la playa, será el mar, pero ayer en Copacabana nos tenías enganchados.
El Papa.- Ellos me tenían enganchado a mí. Mientras haya tantos jóvenes que quieren mejorar el mundo, el mundo mejorará, a pesar de nosotros.
Suegro del Papa.- Tenías una primera y hasta sexta fila con mitra y solideo que !mamma mía! !Anda que no tienen años!
El Papa.- La edad va por dentro, no depende de las arrugas de afuera. Y además: sabes que quiero poner amplificador a la voz de los pobres y a la voz de los ancianos, a los que esta sociedad nuestra quiere colocar en una sala de espera cuya única salida es la llamada del de arriba…
Suegro del Papa.- Vale, de acuerdo, pero hasta visualmente choca lo que dices con lo que se ve.
A muchos de ellos, me refiero a los obispos y curas, ayer les dolían las rodillas: tres horas y cuarto en oración: ni en sus diócesis están tanto tiempo en la iglesia esos cardenales y obispos…
El Papa.- No es cierto. Muchos de ellos, por no decir la mayoría, son hasta santos, si me apuras. Entregados hasta la extenuación al servicio de la sociedad. Incluso más que yo. Bastante más que yo. La Iglesia somos todos: ellos, los buenos y los malos, tú y yo.
Suegro del Papa.- En todo caso, me gustó la vigilia; me gustó ver que la gente rezaba de verdad, que no estaban sólo por el espectáculo, aunque también el espectáculo merecía la pena. Sobre todo la banda sonora. Y por cierto: me gustó mucho eso de que la convivencia entre las religiones es más fácil, más constructiva desde la laicidad del Estado. Va a traer cola la frasecita… Estaba bonita la costanera de Copacabana ayer noche, ¿verdad?
El Papa.- Y fresquita. Gracias a Dios no llovió. Rio de Janeiro es precioso.

Rajoy y el Papa: Jesucristo IIº no es argentino.

Suegro del Papa.- Has recibido a España entera hoy.
El Papa Francisco.- ¿Lo dices por el Presidente Rajoy o por la camiseta de la selección?
Suegro del Papa.- Más bien por la camiseta, porque la selección es de las pocas cosas en la que están de acuerdo el mayor número de hispanos.
El Papa Francisco.- Me alegro de haberle recibido. Me decía Rajoy que en España estaban faltos de alegrías y que esta era una. Realmente las están pasando moradas.
Suegro del Papa.- Pero los que han venido a verte no son precisamente esos “santos de todos los días”, esa “clase media de la santidad” de la que hablabas el domingo en San Pablo Extramuros. Estos de hoy son el poder, o el que les deja la Sra. Merkel. No sé si la visita será un buen mensaje para los que están sufriendo en ese país…
El Papa Francisco.- ¿Qué te crees que hemos hecho en esos 20 minutos? ¿Que hemos hablado del Concordato? Hemos hablado de desahucios, paro, Cáritas… ¿O crees que le he felicitado por lo bien que van las cosas?
Suegro del Papa.- Ya me imagino que no. Pero para qué lo recibes.
El Papa Francisco.- Porque él me necesita y así yo puedo aprovechar que también lo necesito.
Suegro del Papa.- ¿Qué tú también necesitas a Rajoy?
El Papa Francisco.- Sí. A él y a todos los que tengan poder. Le he pedido, le he suplicado que tenga presentes la justicia y la solidaridad. Le he pedido lo que quizás no pueden pedirle los pobres de su país. Y así haré con todos los que vayan pasando por aquí. Yo sé que tengo que hacer estas audiencias y estas cosas. Pero me siento como enjaulado…
Suegro del Papa.- A ver si te ayuda el consejo que has nombrado. Han caído bien los cardenales componentes que has designado. También los has ido a buscar a todos los rincones del mundo, como tú. Aunque ayer en una trattoria del Trastevere me han dicho que es mentira, que no eres argentino.
El Papa Francisco.- ¿Y eso? ¿Por qué?
Suegro del Papa.- Que si realmente fueras argentino te habrías llamado Jesús IIº y no esa poca cosa de Francisco.

De Cardenal Bergoglio a Papa Francisco I

Suegro del Papa.- Me voy al Vaticano. Ya tengo yerno. Dame un abrazo. Me da pena dejarte aquí en Castel Gandolfo. Pero el cónclave ha concluido.
El Papa Emérito.- Es tu sitio. Te he querido mucho. Te echaré de menos. ¿Vendrás a verme?
Suegro del Papa.- Espero que no sea pronto. En todo caso en dos meses o así te veo allí. Confío en que a Francisco I Dios le dé un pontificado largo o hasta que él,como tú, lo decida.
El Papa Emérito.- Pelota. Eres un pelota.
Suegro del Papa.- Todo lo pelota que quieras. Pero si Bertoglio es un buen Papa, como creo, será, en una enorme parte, por lo que tú has hecho y dicho con tu renuncia. Por cierto: vaya detallazo. ¡Puso a rezar al mundo entero por ti!
El Papa Emérito.- Pero el detalle y el gesto no es eso sólo. Fíjate en el pectoral, el crucifijo, que sacó: lejos del oro. Fíjate en que salió sin la esclavina roja, signo que podía ser percibido como un lujo. Fíjate en cómo pidió que el pueblo le bendijera antes de bendecir él al pueblo: qué gesto, inclinándose ante sus fieles de Roma. Y para qué hablar del nombre: Francisco, la humildad y la naturalidad por antonomasia.
Suegro del Papa.- ¿Estás contento?
El Papa Emérito.- Me he emocionado. Pudo haber sido Papa cuando yo lo fui. El Espíritu Santo es cabezota. Espero no haber sido yo un obstáculo de ocho años para que llegara el Papa que Él quería.
Suegro del Papa.- Puedes estar seguro de que no. Tú has sido el paso necesario para este otro paso. Y él te lo ha agradecido. Ha sido muy elocuente su insistencia en ser obispo de Roma, Roma como Iglesia que preside a todas las demás en la caridad y no como jefa… No sé… Me parece un buen yerno. Ya te contaré. Y déjame que te abrace. Tú has sido un gran Papa. Ahora ayúdale si puedes, pero no le des la lata.
El Papa Emérito.- Francisco I puede estar seguro de que no sólo no le molestaré. Procuraré que no le molesten otros. Que Dios le ayude y todos nosotros también.
Suegro del Papa.- Hasta siempre, Joseph; hasta siempre Benedicto; hasta siempre, Ratzinger.

Entramos al cónclave: cardenales electores

Suegro del Papa.- ¿Nos vamos a Roma mañana y nos colamos en la Capilla Sixtina?
El Papa emérito.- Yo no.
Suegro del Papa.- ¿No me digas que no te encantaría ver el cónclave, verlos discutir y razonar?
El Papa emérito.- La verdad es que no. Que Dios me perdone, pero es que a alguno a lo mejor lo tenía que poner en su sitio al escucharlo…
Suegro del Papa.- ¿A quién?
El Papa emérito.- Eso queda para mí.
Suegro del Papa.- ¿Te das cuenta de que a lo mejor tienes que convivir con alguno de los que no te gustan?
El Papa emérito.- Estoy seguro de que el próximo Papa será un gran Papa. Primero porque creo en el Espíritu Santo. Después porque aunque uno por uno los cardenales sean lo que son, como todos los colectivos, juntos se transforman en algo serio e importante. Y tercero, si me lo permites, porque para algo valdrá mi renuncia. Mi dimisión les ha metido en la cabeza y en el alma que el tiempo apremia, que los tiempos son difíciles, que llegó la hora del estropajo y la lejía y que hace falta el mejor, que sea impoluto, gran creyente y muy fuerte.
Suegro del Papa.- Qué claro lo tienes. Ahora dame el nombre.
El Papa emérito.- Sabes que no te lo daré. Me ha gustado lo que dijo el cardenal de Nigeria: “Dios ya tiene decidido quién será el nuevo: ahora nos toca a nosotros adivinarlo”. Y El hará su trabajo. Hoy tengo cosas en la cabeza y en el corazón que me martirizan más.
Suegro del Papa.- ¿Como qué?
El Papa emérito.- Pues como los mártires cristianos de Lahore y Karachi de ayer y los cientos, si no miles, de cristianos a los que les han quemado las casas por el simple hecho de ser cristianos. A esa gente, cristianos de base y de verdad hasta las últimas consecuencias, tienen que mirar los señores cardenales.
Suegro del Papa.- Ya. Menuda tragedia… ¿Cómo va el piano? ¿Bién? Yo quizás sí que intente colarme al cónclave. Te doy tres nombres: Ravasi, Bagnasco y Schönborn… Vaya cara de poker que me has puesto… No hay manera de cazarte.

Los cardenales del Vatileaks

Suegro del Papa.- Vaya fotito guapa que te han hecho.
El Papa Emérito.- Parece mentira que aun le siga interesando a alguien un viejo retirado.
Suegro del Papa.- Pero un viejo que no es cualquier viejo. Por cierto: con la gorrilla blanca y el bastón pareces todo un bisabuelo.
El Papa Emérito.- Bisabuelo, ¿por lo de más acabado que un abuelo?
Suegro del Papa.- Daría dinero por verte vestido con la misma gorrilla, unos pantalones, un jersey y un buen tabardo encima. Esa es la Iglesia que querrían muchos católicos, lejos de los lujos que implica el Vaticano, la Santa Sede y todo eso.
El Papa Emérito.- Y son admirables, esos católicos, y yo me siento bien cercano a ellos. El nuevo Papa tendrá que enfrentar ese tema: que las aparentes riquezas de la Iglesia, que no nos pertenecen, que son de toda la humanidad, que están ahí para que nos sirvan de altavoz ante el mundo, no sean un obstáculo para la fe de los pobres y desheredados, que es a quienes nos mandó Cristo predicar la buena noticia del Evangelio.
Suegro del Papa.- ¿Mucho tardan, no, en encerrarse? ¿A qué esperan? Me parece que no te agradecen mucho la decisión de que podían adelantar el cónclave.
El Papa Emérito.- Cuantos más tarden en entrar al cónclave puede ser que la elección sea más corta, porque la lleven preparada. Quizás quieran eso: No dejar muchos días a la iglesia incomunicada con su cabeza visible, que ahora son ellos colegialmente.
Suegro del Papa.- No es eso lo que me decían ayer en una vuelta que me día por Roma.
El Papa Emérito.- ¿Qué te decían? ¿Ya te han dicho quién será Papa?
Suegro del Papa.- Justamente ese es el problema. Que no se ponen de acuerdo. Que están muy divididos. Que incluso hay broncas. Quieren uno que sea impecable, pero no están de acuerdo en qué quiere decir impecable. Traen locos a los cardenales del informe Vatileaks. Me recuerda aquello de Judas en los evangelios cuando Jesús hablaba del que le iba a entregar a los romanos “¿Soy acaso yo, Señor?”, pregunta que aquí cambian por “¿Estoy acaso yo en los papeles del Vatileaks?”, pero que nadie se atreve a formular en público.
El Papa Emérito.- Yo creo que se lo están tomando mucho más en serio de lo que la gente cree y mucho más religiosamente de lo que pretenden algunos hablando de esos conflictos y lucha de cuchillos entre ellos. Creo que mi renuncia puede servir al menos para eso: hacerles ver que ser Papa puede ser humanamente apetecible, pero que es una carga inaguantable, que precisa de fuerza, coraje, entrega absoluta, un pasado irreprochable e impoluto y una enorme fe en Dios. Además de un amor a esta institución pecadora que es la Iglesia. ¿De quién se habla?
Suegro del Papa.- Ayer mucho de Schönborn y Erdö. Y hay gente haciendo campaña por los hispanoamericanos. ¿Paseíto?
El Papa Emérito.- Vamos y rezamos un rosario por todos ellos.

Papa emérito

Suegro del Papa.- Buenos días. ¿Cómo has amanecido?
El Papa emérito.- Muy bien. ¿Y tú?
Suegro del Papa.- Muy bien también. Ya sabes que me gusta este lago de Castel Gandolfo. Me he abrigado y he dado un paseo junto al agua.
El Papa emérito.- Yo tengo un poco de frío: parece mentira lo que abriga la esclavina blanca que me he quitado. Me habituaré, con este jersey debajo.
Suegro del Papa.- Me emocionó ver cómo te besaba la mano tu chófer en el helipuerto. ¿Es cierto o me lo pareció a mí que cuanto más bajos en la escala vaticana más se emocionaban al despedirte?
El Papa emérito.- Ya estás tú con tus suspicacias y tu acidez. A mí me emocionó despedirlos a todos y a Roma desde el aire, mi Roma. ¡Cuántos misterios, grandezas y miserias guarda entre sus piedras y su historia! Estos días tiene la vida y el futuro de la Iglesia entre sus manos.
Suegro del Papa.- ¿Me decía tu secretario que ya hay quien ha pedido audiencia?
El Papa emérito.- Vamos a ver ¿qué quieres? ¿hablar del cónclave?
Suegro del Papa.- Me han dicho que te han visto despedirte muy cariñoso con el cardenal de filipinas, con Tagle.
El Papa emérito.- Porque es un hombre muy cordial. No creo haber dado la menor pista ni la menor sugerencia para la elección. Aunque no lo creas, la mayoría de los cardenales hoy no habrán dormido mucho. Y no por viejos, que también: por una sensación que te hiela la espalda. El miedo a ser elegido, el humano deseo de serlo en alguno de ellos, y la responsabilidad de no equivocarse a sabiendas en todos.
Suegro del Papa.- Dirás lo que quieras, pero todo el mundo cree que esto es una terrible carrera para ocupar el trono más autoritario, servido y poderoso del mundo. Que incluso los que no entran al cónclave por tener más de 80 años confían en tener alguna posibilidad y que los llamen.
El Papa emérito.- ¿Es que no pueden dar a los cardenales ni un mínimo de confianza en que son hombres de fe? Hipótesis: son hombres de fe, creen en lo que hacen y para lo que son llamados. ¿No les aterrará tener que responder ante Dios de esta terrible responsabilidad? Te aseguro que sí, y cuanto más inteligentes, más.
Suegro del Papa.- Tengo una idea. ¿No te apetecería que después de que todo se haya calmado, de que yo tenga nuevo yerno y haya vuelto al Vaticano, que venga un día y nos demos un paseo camuflados entre la gente de Castel Gandolfo y los turistas para oír lo que comentan?
El Papa emérito.- Buena idea. Ese día tendré que vestir de negro y con una boina en la cabeza.

Al cónclave: audiencia general

Suegro del Papa.- ¿Tenso?
El Papa.- Cansado. Las emociones me hacen polvo.
Suegro del Papa.- Buena audiencia general. ¡Vaya gentío!
El Papa.- ¡Y qué día de sol luminoso!
Suegro del Papa.- Algún Cardenal lloraba… Eso de que la barca de la iglesia no es tuya, ni de ellos, sino de Cristo, ha sido contundente.
El Papa.- Así lo pienso y así lo he vivido.
Suegro del Papa.- ¿Lo tienes todo preparado?
El Papa.- Tengo ganas de verme ya en Castel Gandolfo. Mejor dicho. Tengo ganas ya de que haya un nuevo Papa. Esto es como si Dios me hubiera permitido vivir mi propia muerte. Dando la vuelta por la plaza en papamóvil pensé que podía estar dándola en un ataúd. El resultado sería el mismo.
Suegro del Papa.- ¡Qué yuyu! No, hombre. Estás vivo. La gente te quiere.
El Papa.- Siendo Papa es muy fácil que te quieran. Lo que no sé es si te entienden y te siguen. Aplauden lo que dices, pero no siempre lo hacen.
Suegro del Papa.- En algunos cardenales habrá un punto de amargura y mala conciencia…
El Papa.- Déjalos. Tienen un peso encima importante. Ahora es el momento, si quieren, de rectificar rumbo. Lo importante es que su conciencia se despierte y quiera Dios que mi renuncia también sirva para ello. Que acierten en la elección.
Suegro del Papa.- ¿Tienes alguna pista?
El Papa.- Sabes que no. Que sea un hombre santo e irreprochable. Sobre todo irreprochable, porque santo lo podemos hacer entre todos.
Suegro del Papa.- ¿Quieres mi opinión?
El Papa.- Estás loquito por dármela y ver mi reacción.
Suegro del Papa.- Te cuento lo que oí ayer en un reservado en el Trastevere. Si es italiano, Filoni, Ravasi o Bagnasco. Si no es italiano y es europeo Schönborn, Erdö o Vingt-Trois. Si no es europeo, Collins, Sarah, Scherer o Tagle.
El Papa.- Eso es lo que oíste. Y tú ¿qué opinas?
Suegro del Papa.- Uno de los tres italianos o Schönborn. ¿No crees?
El Papa.- No comment, al menos hoy…

El Papa se va: esto se acaba

Suegro del Papa.- Esto se acaba.
El Papa.- Ya lo sé. Quedan muy pocos días.
Suegro del Papa.- No, no me refiero a eso. Me refiero a los ejercicios espirituales, que acaban mañana y te han venido de cine para escaquearte.
El Papa. ¿Pero qué dices?
Suegro del Papa.- Lo que oyes. !Anda que no lo sabes! Pues no andan por ahí como lobos algunos a ver si pueden echar una parrafadita contigo y ver por dónde van los tiros.
El Papa.- Saben que no me voy a prestar.
Suegro del Papa.- Ese es el problema. ¿sabes lo que se podría pagar por saber realmente por qué te vas o en quién piensas como sucesor? Y luego toda la porquería que está saliendo: que si el Cardenal tal es esto, que si el otro es lo otro. Que si algunos no deberían participar en el conclave…
El Papa.- Pues ahí tienes una clave principal. La Iglesia está en un momento clave para volver a ser una referencia moral y creíble del mundo. Y hace falta mucha fuerza para el trabajo que hay que hacer. Yo he hecho el trabajo base: he sacado a la luz los problemas, he marcado los caminos para resolverlos y he pedido perdón al mundo entero por las burradas que hemos hecho y hacemos. Ahora hace falta alguien con gran empuje, que me ponga en la picota a mí mismo si hiciera falta.
Suegro del Papa.- Caray !Te han sentado bien los ejercicios!
El Papa.- Sí. Me han dado la certeza de que estamos en el buen camino, que la renuncia ha sido acertada. Y de que Él estará con el nuevo. Y a ti ¿qué tal te han sentado estos días sin verme?
Suegro del Papa.- Pues como todos, haciendo quinielas. Y a mi me va algo en ello.
El Papa.- Ah, ¿sí?
Suegro del Papa.- Pues claro: tú te vas, pero yo seguiré de suegro del Papa. de otro más. Y tengo mis preferencias.
El Papa.- Dime cuáles son.
Suegro del Papa.- Si me prometes decirme sí o no.
El Papa.- Vale.
Suegro del Papa.- No me fío. Tiene truco. No me puedes aceptar el reto así. Me lo voy a pensar. Mañana te digo. ¿Puedo ir contigo a Castel Gandolfo hasta que vuelva con el nuevo al Vaticano?
El Papa.- Por supuesto

renuncia: lo dejo.

Suegro del Papa.- ¿Cómo estás?
El Papa.- Bien. Mejor que ayer. Ya te dije que me quitaría un peso de encima.
Suegro del Papa.- Tienes a mucha gente de buena fe hecha polvo. No se lo esperaban y les cuesta digerirlo.
El Papa.- Ya lo imaginábamos.
Suegro del Papa.- Y tienes también a muchos encantados de que te vayas. Como si contigo se acabaran los Papas.
El Papa.- También lo sabíamos. A esos quizás no supe anunciarles un mensaje prometedor y liberador. Para esos, creo que no lo hice bien. Dios me perdone.
Suegro del Papa.- Hicieras lo que hicieras, estarían encantados con amargarte incluso la renuncia. Son los de siempre. Los que tu Maestro llamaba “las puertas del infierno”. Así que no sufras.
El Papa.- Un sufrimiento han sido estos siete años. Nadie tan pequeño como yo puede llevar una carga tan grande sin Su amor y el de la Iglesia. Si hoy yo fuera Cardenal, a la mínima posibilidad de ser Papa estaría temblando.
Suegro del Papa.- Pues también los hay aquí en el Vaticano muy cerca de ti encantados de que te vayas: el escalafón es el escalafón…
El Papa.- No seas cínico.
Suegro del Papa.- No lo soy. Alguno vestido de rojo meterá una botella a enfriar para celebrar que comienza la carrera de su vida y por si dentro de mes y medio tiene algo que celebrar.
El Papa.- Pues será un inconsciente. Que Dios le ayude.
Suegro del Papa.- ¿Podrás descansar?
El Papa.- Espero que sí. Mi vida está entre dos llamadas. La que me trajo al sacerdocio hace muchos años, siendo joven y la que a partir de ahora espero de final de mis días, que probablemente no tardará. Ya no me queda nada en la Tierra. Ansío verle cara a cara. Confío en que esta espera sea tranquila, breve y en paz y comience hoy con un sueño relajado.

Cura pederasta. El cardenal Mahony

Suegro del Papa.- ¡Puf! Te compadezco! ¿Te ha costado mucho decidirte?
El Papa.- ¿El qué?
Suegro del Papa.- La degradación, por decirlo de alguna manera, del cardenal de Los Angeles.
El Papa.- Pues sí. Me ha costado. Mahony es un cardenal. Pero no sólo es de Los Angeles. Para todo el mundo es un cardenal de la Iglesia universal.
Suegro del Papa.- ¿Lo decidiste tú solo?
El Papa.- No, lo hice con su arzobispo. Pero estaba cantado desde que tuve constancia de que había tratado de encubrir a los curas pederastas.
Suegro del Papa.- No te va a creer nadie. Lo has hecho porque no tenías más remedio. Si hubieras podido, lo habrías tapado, como hizo él.
El Papa.- Te juro que nunca. Siendo cardenal ya intenté aclarar todas estas cosas. Y la Iglesia americana fue de las que reaccionó con contundencia. Incluso Mahony. Pero no entiendo, y no se lo perdono, cómo pudo pensar que bastaba con pagar por lo ya conocido y evitar que se supiera más.
Suegro del Papa.- Se asustó: era mucho lo que podía salir.
El Papa.- Tenía que haberse asustado menos para no pasar la vergüenza y, sobretodo, el dolor de ahora. Como dice el arzobispo, lo que había detrás era algo triste y malvado, brutal y doloroso. No te puedes imaginar el sufrimiento que me causa pensar en lo que han tenido que sufrir esos pobres niños y quizás sus familias por culpa de unos ministros del Señor impresentables.
Suegro del Papa.- Tu colega el arzobispo ha dicho que “la lectura de estos archivos es brutal y dolorosa. El comportamiento descrito en ellos es terriblemente triste y diabólico”.
El Papa.- Pues me atrevo a decir que se ha quedado corto. Jesús dijo que quien hiciera sufrir a uno de esos pequeños, más le valía que le ataran una piedra de molino al cuello y lo echaran al mar. Y yo voy a acabar con ello, como sea. Ojalá que la sociedad pueda y quiera hacer lo mismo con los que no son curas.
Suegro del Papa.- ¿Qué te pasa? ¿A qué viene eso?
El Papa.- ¿Qué a qué viene eso? Hay un informe de la ONU que dice que al año hay más de doscientos millones de menores de edad, chicos y chicas, que tienen relaciones sexuales forzosas o sufren otras formas de violencia sexual. Y esos niños me duelen tanto como los abusados por mis curas. La única diferencia es que lo de mis curas es más grave que lo de los otros violadores. !Porque mis curas tenían que estar justo para protegerlos! Que Dios nos perdone.
Suegro del Papa.- Pue sí.
El Papa.- En fin: otra noche sin dormir. Pero como dirías tú, va en el sueldo. ¡Qué cruz! Hay momentos que la muerte se ve como una liberación. Que descanses.

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