Papa Francisco: Atlético de Madrid, Davos y mujeres cardenales

Suegro del Papa.- ¿Te vas a hacer del Atlético de Madrid o sigues con San Lorenzo?

Papa Francisco.- ¿Por qué?

Suegro del Papa.- Ayer te firmó Ángel Correa una camiseta del Atleti para el proyecto Clásicos por la Paz, de Scholas.

Papa Francisco.- Ah, no sabía.

Suegro del Papa.- Pues el chico dice que tú le diste alguna vez la comunión.

Papa Francisco.- Sí, es verdad. Allá en Buenos Aires. Dicen que es un chico muy religioso.

Suegro del Papa.- Así parece. Cambiando de tema: Así que a partir de ahora, para el lavatorio de los pies del Jueves Santo “los pastores puedan elegir a un grupo de fieles que represente la variedad y la unidad de cada porción del pueblo de Dios”.

Papa Francisco.- Sí. ¿No te parece bien?

Suegro del Papa.- Me parece perfecto. Fíjate si me parece perfecto, qué bien quedaría la misma frase, casi, en las pautas para nombrar cardenales: “el Santo Padre podrá elegirlos entre los fieles que representen la variedad y la unidad de cada porción del pueblo de Dios”. Y yo añadiría, incluido la mitad del pueblo de Dios, que son mujeres…

Papa Francisco.- Te veía venir. Ya sé que dices por ahí que el signo de que todo esto va en serio se producirá el día que hagamos cardenal a una mujer.

Suegro del Papa.- Bueno, por lo menos no me has llamado de todo al recordártelo. ¿Qué te parece Davos?

Papa Francisco.- Creo que más de lo mismo. Mucho hablar pero poco de hacer. Mucho filosofar sobre economía y poco sobre las necesidades del mundo.

Suegro del Papa.- Me ha gustado el mensaje claro y concreto que les pasaste a los líderes mundiales: que no se olviden de los pobres.

Papa Francisco.- Sí, pero eso puede ser una simplificación voluntarista. Les he sugerido que revisen esta cuarta revolución industrial, que no tenemos muy claro hacia dónde nos va a llevar. Les he pedido que abran su mente y su corazón a los pobres y para ello, un camino es que busquen nuevas formas de actividad empresarial que mientras fomentan el desarrollo de tecnologías avanzadas sean capaces de crear trabajo digno para todos.

Suegro del Papa.- No sé si te hacen mucho caso. Sí sé que todos, o la mayoría, pagan por una foto contigo, pero de hacerte caso…

Papa Francisco.- Pues me oirán siempre lo mismo, hasta que me quede sin voz.

 

 

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El Papa Francisco está cansado

Papa Francisco.- ¿Dónde has estado? Llevas un mes fuera. Te he echado de menos.
Suegro del Papa.- He ido a Palestina. Tenía ganas de descansar y ¡madre mía! Lo que me he encontrado allí. Mi tierra y la de tu Jesús ya no es mía ni suya.
Papa Francisco.- ¿Estabas cansado?
Suegro del Papa.- Sí. Yo he vivido una renuncia de un Papa y una elección, todo seguido. Tú sólo has vivido una elección, aunque sea la tuya. Y estaba cansado.
Papa Francisco.- Feliz tú. Estabas: yo lo estoy.
Suegro del Papa.- Ya lo veo. He llegado a tiempo para la hora santa de adoración al Santísimo. Y te he visto cansado, serio. Caminando casi dando bandazos en algún momento.
Papa Francisco.- Pues sí. Tengo las rodillas hechas polvo. ¡Qué cáliz es esto! Comprendo a Benedicto XVI y su renuncia. Como te fallen un poco las fuerzas físicas…
Suegro del Papa.- Y de las otras fuerzas ¿cómo vas?
Papa Francisco.- Bien, bien…
Suegro del Papa.- Cualquiera lo diría. Salías de la adoración como si salieras de un funeral y no de una fiesta. ¿Dónde estaba mi Papa Star? Ni saludabas a la gente, ni bendecías…
Papa Francisco.- Aun no me había desprendido del ambiente de gran concentración y recogimiento que hubo durante la adoración del Santísimo.
Suegro del Papa.- Te he seguido de lejos este mes y veo que, al menos, estás en forma mental. Le has zurrado bien zurrado a la mafia, a la guerra, a las nuevas formas de esclavitud… Ahí estás bien. Pero no sé si la gente está esperando algún gesto más notable, antes de que se apague el fuego de esperanza de tu elección.
Papa Francisco.- ¿Cómo qué?
Suegro del Papa.- No sé. Hay quien dice que aun no has metido mano a la Curia, otros que quisieran ver medidas para que tus obispos estuvieran tan cercanos a la gente como pareces estar tú. Por cierto: ¿sabes la que hay montada para conseguir invitaciones a tu misa diaria en Santa Marta?
Papa Francisco.- Y ¿por qué?
Suegro del Papa.- Porque dicen que allí eres un viejo, bonachón y sencillo párroco de pueblo y que la gente te entiende, pero que la Curia no quiere que se televisen esas pequeñas misas no sea que se apague el brillo de oropel de la Santa Sede.
Papa Francisco.- Todo camina, toda va hacia adelante conforme a sus planes. Los de Él, no los de la Curia ni los míos. Él no ama con locura a todos. Y yo estoy aquí para que todos lo sepan y lo comprendan. Que nos creó por amor, no por diversión ni por aburrimiento. Yo sólo soy el viejo timonel que sigue las instrucciones de un sabio capitán. Y siento tras de mí la fuerza de esta su Iglesia, que sufre, que convive con los pobres, los enfermos, los oprimidos, los desheredados. Esa Iglesia del dolor y del martirio que nos pone la cara colorada a los de las moquetas y alfombras. Bienvenido. ¿Cenamos juntos?

Papa Francisco: creo en Jesús, pero no creo en los curas

Suegro del Papa.- Me ha gustado esto que les has dicho hoy a los nuevos curas de “sed mediadores, no intermediarios”. Si te hicieran caso… La gente se cree capaz y quiere hablar con Dios directamente ¿Sabes que hay mucha gente que se queja de eso, de que queréis acaparar poder y exclusividad y os convertís en intermediarios ante Dios?
Papa Francisco.- Ya: los de cro en Jesús pero no creo en la Iglesia.
Suegro del Papa.- O creo en la Iglesia, pero no creo en los curas, que os tenía que doler casi más. También me ha gustado lo de “sed pastores, no funcionarios”. ¿No te parece un poco hipócrita? Si aquí mismo en la Curia hablan de funcionarios de carrera, por ejemplo los Nuncios o Embajadores tuyos…
Papa Francisco.- Pues también esos tendrán que ser pastores, quieran o no. Y si me permites, yo creo que querrán. Basta conmoverlos un poco, recordarles sus aspiraciones de juventud, por las que se hicieron curas, que no era para ser obispos y hacerles ver un poco más de cerca el rostro de Jesús en los pobres de la tierra…
Suegro del Papa.- Sí, sí. Pues algunos ni aunque les cantes la Guantanamera…
Papa Francisco.- Ya me había advertido Benedicto XVI de lo cínico que eras.
Suegro del Papa.- Eso no es cinismo. Es realismo. Tú no me has visto aún cínico. He ojeado tu libro “El Jesuita Jorge Bergoglio”.
Papa Francisco.- Mi libro, no. El de Sergio Rugín sobre mí.
Suegro del Papa.- Ése. El único que había hasta ahora, parece ser, sobre tu “humilde” persona. Ahora empezarán a ser decenas y pronto cientos, todos “contando lo que nadie ha contado”. Alguno hasta te adjudicará milagros, ya verás…
Papa Francisco.- El de Sergio son unas charlas entre dos amigos: él y yo.
Suegro del Papa.- Hay un trozo muy bueno que tienes que utilizar porque es muy gráfico.
Papa Francisco.- ¿Cuál?
Suegro del Papa.- Cuando dices cómo se le ha dado la vuelta a la imagen del Buen Pastor en la Iglesia. El Buen Pastor del Evangelio tiene 100 ovejas, pierde una, mete las otras 99 en el aprisco y sale a buscar la perdida. El pastor funcionario de hoy, pierde 99 ovejas, tiene una sólo, la mete en el aprisco y se convierte en un peinador de ovejas que se pasa el tiempo haciéndole “rulitos” a la que tiene en lugar de ir a buscar a las otras… ¡Buenísimo! Simplemente genial.
Papa Francisco.- No he venido a Roma para ser genial. He venido para ayudar a que la gente hable con Dios y, entre todos, cambiar el mundo. Y para ello iré a buscarlos donde haga falta, ayudado por millones de curas y monjas desconocidos y que merecen la pena, amigo.

Papa Francisco

Suegro del papa.- Buenos días. Hola, soy tu suegro
El Papa.- Lo sé. Me habló de ti Benedicto XVI. ¿Vienes a quedarte?
Suegro del Papa.- Sí. Este es mi sitio. Dejémoslo claro de entrada: Ya sabes que no me callaré ni ante ti.
El Papa.- También lo sé. Vienes muy tenso, pero creo que nos vamos a llevar bien. Yo tampoco me callaré. ¿Cómo lo dejaste?
Suegro del Papa.- ¿A Benedicto? Bien. Rezando mucho, y bastante pendiente de la tele. Le conmoviste con el Padre Nuestro que rezasteis por él al salir al balcón. ¿Sabes la que se te viene encima?
El Papa.- Creo que sí. Ya he hablado con Ratzinger y ha procurado darme ánimos. Yo creo que me han liado. Te dicen que es el Espíritu Santo, te atontas un poco, dices que sí, empieza toda la parafernalia y te das cuenta, al salir al balcón de la que se te viene encima y cuánta gente está pendiente de ti y de tus decisiones.
Suegro del Papa.- A la mayoría les has caído bien. Has generado mucha esperanza, que hace mucha falta en estos momentos. Pero otros cuantos ya te están zurrando.
El Papa.- Lo sé. Y avisé a los cardenales.
Suegro del Papa.- Y te están zurrando más que nadie allí “en el fin del mundo” como has dicho refiriéndote a tu Argentina. Lo de las dictaduras militares está muy oscuro.
El Papa.- Creo que no tanto. El Nobel Esquivel ya ha aclarado bastante. Pero yo aclararé lo que haga falta en su momento. La gente tiene derecho a saber. Y creo honestamente que hice lo posible para suavizar esa brutalidad y evitar todos los daños posibles. Pero… siempre se puede hacer más, probablemente.
Suegro del Papa.- Me ha gustado que pagues tus cuentas. Y me ha gustado casi todo lo que dicen de ti. Esperemos que no sea todo fruto de la mitificación y del peloteo: que sea verdad.
El Papa.- Soy como soy. Y seguiré siendo como era. Sea Papa o sea el Padre Jorge, que es lo que quiero ser, aunque vaya vestido de blanco.
Suegro del Papa.- Me gusta tu nombre: Francisco. Suena bien Papa Francisco, padre Francisco. Prométeme que algún día saldremos de incógnito por Roma y hablaremos con la gente…
El Papa.- Prometido. Pero la primera salida, ya veremos si de incógnito, es a Castel Gandolfo.

De Cardenal Bergoglio a Papa Francisco I

Suegro del Papa.- Me voy al Vaticano. Ya tengo yerno. Dame un abrazo. Me da pena dejarte aquí en Castel Gandolfo. Pero el cónclave ha concluido.
El Papa Emérito.- Es tu sitio. Te he querido mucho. Te echaré de menos. ¿Vendrás a verme?
Suegro del Papa.- Espero que no sea pronto. En todo caso en dos meses o así te veo allí. Confío en que a Francisco I Dios le dé un pontificado largo o hasta que él,como tú, lo decida.
El Papa Emérito.- Pelota. Eres un pelota.
Suegro del Papa.- Todo lo pelota que quieras. Pero si Bertoglio es un buen Papa, como creo, será, en una enorme parte, por lo que tú has hecho y dicho con tu renuncia. Por cierto: vaya detallazo. ¡Puso a rezar al mundo entero por ti!
El Papa Emérito.- Pero el detalle y el gesto no es eso sólo. Fíjate en el pectoral, el crucifijo, que sacó: lejos del oro. Fíjate en que salió sin la esclavina roja, signo que podía ser percibido como un lujo. Fíjate en cómo pidió que el pueblo le bendijera antes de bendecir él al pueblo: qué gesto, inclinándose ante sus fieles de Roma. Y para qué hablar del nombre: Francisco, la humildad y la naturalidad por antonomasia.
Suegro del Papa.- ¿Estás contento?
El Papa Emérito.- Me he emocionado. Pudo haber sido Papa cuando yo lo fui. El Espíritu Santo es cabezota. Espero no haber sido yo un obstáculo de ocho años para que llegara el Papa que Él quería.
Suegro del Papa.- Puedes estar seguro de que no. Tú has sido el paso necesario para este otro paso. Y él te lo ha agradecido. Ha sido muy elocuente su insistencia en ser obispo de Roma, Roma como Iglesia que preside a todas las demás en la caridad y no como jefa… No sé… Me parece un buen yerno. Ya te contaré. Y déjame que te abrace. Tú has sido un gran Papa. Ahora ayúdale si puedes, pero no le des la lata.
El Papa Emérito.- Francisco I puede estar seguro de que no sólo no le molestaré. Procuraré que no le molesten otros. Que Dios le ayude y todos nosotros también.
Suegro del Papa.- Hasta siempre, Joseph; hasta siempre Benedicto; hasta siempre, Ratzinger.

Entramos al cónclave: cardenales electores

Suegro del Papa.- ¿Nos vamos a Roma mañana y nos colamos en la Capilla Sixtina?
El Papa emérito.- Yo no.
Suegro del Papa.- ¿No me digas que no te encantaría ver el cónclave, verlos discutir y razonar?
El Papa emérito.- La verdad es que no. Que Dios me perdone, pero es que a alguno a lo mejor lo tenía que poner en su sitio al escucharlo…
Suegro del Papa.- ¿A quién?
El Papa emérito.- Eso queda para mí.
Suegro del Papa.- ¿Te das cuenta de que a lo mejor tienes que convivir con alguno de los que no te gustan?
El Papa emérito.- Estoy seguro de que el próximo Papa será un gran Papa. Primero porque creo en el Espíritu Santo. Después porque aunque uno por uno los cardenales sean lo que son, como todos los colectivos, juntos se transforman en algo serio e importante. Y tercero, si me lo permites, porque para algo valdrá mi renuncia. Mi dimisión les ha metido en la cabeza y en el alma que el tiempo apremia, que los tiempos son difíciles, que llegó la hora del estropajo y la lejía y que hace falta el mejor, que sea impoluto, gran creyente y muy fuerte.
Suegro del Papa.- Qué claro lo tienes. Ahora dame el nombre.
El Papa emérito.- Sabes que no te lo daré. Me ha gustado lo que dijo el cardenal de Nigeria: “Dios ya tiene decidido quién será el nuevo: ahora nos toca a nosotros adivinarlo”. Y El hará su trabajo. Hoy tengo cosas en la cabeza y en el corazón que me martirizan más.
Suegro del Papa.- ¿Como qué?
El Papa emérito.- Pues como los mártires cristianos de Lahore y Karachi de ayer y los cientos, si no miles, de cristianos a los que les han quemado las casas por el simple hecho de ser cristianos. A esa gente, cristianos de base y de verdad hasta las últimas consecuencias, tienen que mirar los señores cardenales.
Suegro del Papa.- Ya. Menuda tragedia… ¿Cómo va el piano? ¿Bién? Yo quizás sí que intente colarme al cónclave. Te doy tres nombres: Ravasi, Bagnasco y Schönborn… Vaya cara de poker que me has puesto… No hay manera de cazarte.

Dimisión del Papa: no hay marcha atrás

Suegro del Papa.- Hacía tiempo que no te veía esa carita relajada como hoy en la audiencia general.
El Papa.- ¿No me digas? La verdad es que me he emocionado.
Suegro del Papa.- Sabes que siempre estabas muy tenso, y que tu rostro no es precisamente muy fotogénico y acogedor.
El Papa.- Es el que Dios me ha dado. No nací para el espectáculo y los mass-media.
Suegro del Papa.- Ya, pero hoy tenías esa cara bonachona de abuelo que no has tenido nunca durante estos ocho años. Dabas hasta ternura.
El Papa.- Siento la oración y el cariño de la gente después de anunciar la decisión.
Suegro del Papa.- Chico, casi es para volverse atrás. Tu rostro, más fuerza, te sientes querido…
El Papa.- ¡No, por Dios! Que pase de mí este cáliz.
Suegro del Papa.- Sí, mejor. Porque alguno se mosquearía mucho si volvieras a empezar.
El Papa.- ¿Por qué eres tan ácido?
Suegro del Papa.- Porque lo es la realidad. Tú sabes que algunos ya han empezado a mover – perdóname – el rabo para intrigar y hacer política.
El Papa.- No eres justo. La mayoría son inmensamente respetuosos con su responsabilidad para el futuro. Y para muchos cardenales el tener que elegir Papa ha caído sobre ellos como una pesada losa.
Suegro del Papa.- Pues ya sabes que hay hasta casas de apuestas con el tema, como no podía ser menos. Pasa como en el fútbol ¿cómo no va a haber intereses?
El Papa.- Yo sigo creyendo en el Espíritu, aunque, si me permites la broma, conmigo se haya equivocado. No se va a equivocar dos veces seguidas.
Suegro del Papa.- ¿Cenamos juntos?
El Papa.- No voy a cenar. Sólo voy a tomar leche y un poco de apfelstrudel. Si quieres…
Suegro del Papa.- No. Entonces me iré a cenar por ahí, a ver qué dice la gente de ti.

renuncia: lo dejo.

Suegro del Papa.- ¿Cómo estás?
El Papa.- Bien. Mejor que ayer. Ya te dije que me quitaría un peso de encima.
Suegro del Papa.- Tienes a mucha gente de buena fe hecha polvo. No se lo esperaban y les cuesta digerirlo.
El Papa.- Ya lo imaginábamos.
Suegro del Papa.- Y tienes también a muchos encantados de que te vayas. Como si contigo se acabaran los Papas.
El Papa.- También lo sabíamos. A esos quizás no supe anunciarles un mensaje prometedor y liberador. Para esos, creo que no lo hice bien. Dios me perdone.
Suegro del Papa.- Hicieras lo que hicieras, estarían encantados con amargarte incluso la renuncia. Son los de siempre. Los que tu Maestro llamaba “las puertas del infierno”. Así que no sufras.
El Papa.- Un sufrimiento han sido estos siete años. Nadie tan pequeño como yo puede llevar una carga tan grande sin Su amor y el de la Iglesia. Si hoy yo fuera Cardenal, a la mínima posibilidad de ser Papa estaría temblando.
Suegro del Papa.- Pues también los hay aquí en el Vaticano muy cerca de ti encantados de que te vayas: el escalafón es el escalafón…
El Papa.- No seas cínico.
Suegro del Papa.- No lo soy. Alguno vestido de rojo meterá una botella a enfriar para celebrar que comienza la carrera de su vida y por si dentro de mes y medio tiene algo que celebrar.
El Papa.- Pues será un inconsciente. Que Dios le ayude.
Suegro del Papa.- ¿Podrás descansar?
El Papa.- Espero que sí. Mi vida está entre dos llamadas. La que me trajo al sacerdocio hace muchos años, siendo joven y la que a partir de ahora espero de final de mis días, que probablemente no tardará. Ya no me queda nada en la Tierra. Ansío verle cara a cara. Confío en que esta espera sea tranquila, breve y en paz y comience hoy con un sueño relajado.

Matrimonio gay para el Vaticano

Suegro del Papa.- La que se ha liado con las declaraciones del arzobispo Paglia sobre el matrimonio homosexual.
El Papa.- No sé si son las prisas, la ignorancia, o peor aun, la falta de ética profesional, pero hay mucha manipulación de la información. Y este es un caso evidente.
Suegro del Papa.- Bueno: pero dijo o no dijo sí a las uniones homosexuales…
El Papa.- Las uniones homosexuales son una realidad, por tanto de nada vale que él diga sí o no. A lo que él dice no, como lo dicen millones de personas en oriente y occidente es que la familia básica, avalada civil o religiosamente por la palabra matrimonio, debe ser sólo la de una mujer y un hombre. Y que esa familia hoy ha de ser protegida por las leyes como lugar de respeto, de creación, de protección para los niños y de acompañamiento para enfermos y ancianos. Y con leyes justas, que cada uno decida según su conciencia.
Suegro del Papa.- Pero me parece que tu arzobispo fue un poco más allá y que ahora quiere dar marcha atrás.
El Papa.- No señor: ha ido hasta donde tiene que ir. ¿Cuántos años hace que el Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2358 dice respecto a las personas homosexuales: que «deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta»? ¿Lo has visto publicado con todo su valor y su fuerza? Respeto y evitar todo signo de discriminación injusta. Eso es lo que ha recordado el arzobispo.
Suegro del Papa.- Realmente tenéis difícil pasar el mensaje, porque os manipulan. Pasa en todos los órdenes de la vida: sólo interesa lo que sorprende, aunque sea falso.
El Papa.- Tengo por los homosexuales el mismo respeto y me debo a ellos con la misma energía que a los demás hijos de Dios. Y lo que ha recordado Paglia es que hay al menos dos docenas de países en el mundo en los que ser homosexual es un delito y se les puede condenar a muerte. Y nuestra obligación es gritar al mundo que eso además de un error, es una injusticia. Lamentablemente sólo salimos en los papeles si a alguien cercano se le ocurre sumarse de alguna manera a esas barbaridades.
Suegro del Papa.- ¿Estáis como el PP en España? ¿Os falta explicación, didáctica?
El Papa.- Quizás también. Pero lo que falta, sobre todo, es buena voluntad para transmitir lo que predicamos, y no esa furibunda crítica torticera de todo lo que decimos.

Cura pederasta. El cardenal Mahony

Suegro del Papa.- ¡Puf! Te compadezco! ¿Te ha costado mucho decidirte?
El Papa.- ¿El qué?
Suegro del Papa.- La degradación, por decirlo de alguna manera, del cardenal de Los Angeles.
El Papa.- Pues sí. Me ha costado. Mahony es un cardenal. Pero no sólo es de Los Angeles. Para todo el mundo es un cardenal de la Iglesia universal.
Suegro del Papa.- ¿Lo decidiste tú solo?
El Papa.- No, lo hice con su arzobispo. Pero estaba cantado desde que tuve constancia de que había tratado de encubrir a los curas pederastas.
Suegro del Papa.- No te va a creer nadie. Lo has hecho porque no tenías más remedio. Si hubieras podido, lo habrías tapado, como hizo él.
El Papa.- Te juro que nunca. Siendo cardenal ya intenté aclarar todas estas cosas. Y la Iglesia americana fue de las que reaccionó con contundencia. Incluso Mahony. Pero no entiendo, y no se lo perdono, cómo pudo pensar que bastaba con pagar por lo ya conocido y evitar que se supiera más.
Suegro del Papa.- Se asustó: era mucho lo que podía salir.
El Papa.- Tenía que haberse asustado menos para no pasar la vergüenza y, sobretodo, el dolor de ahora. Como dice el arzobispo, lo que había detrás era algo triste y malvado, brutal y doloroso. No te puedes imaginar el sufrimiento que me causa pensar en lo que han tenido que sufrir esos pobres niños y quizás sus familias por culpa de unos ministros del Señor impresentables.
Suegro del Papa.- Tu colega el arzobispo ha dicho que “la lectura de estos archivos es brutal y dolorosa. El comportamiento descrito en ellos es terriblemente triste y diabólico”.
El Papa.- Pues me atrevo a decir que se ha quedado corto. Jesús dijo que quien hiciera sufrir a uno de esos pequeños, más le valía que le ataran una piedra de molino al cuello y lo echaran al mar. Y yo voy a acabar con ello, como sea. Ojalá que la sociedad pueda y quiera hacer lo mismo con los que no son curas.
Suegro del Papa.- ¿Qué te pasa? ¿A qué viene eso?
El Papa.- ¿Qué a qué viene eso? Hay un informe de la ONU que dice que al año hay más de doscientos millones de menores de edad, chicos y chicas, que tienen relaciones sexuales forzosas o sufren otras formas de violencia sexual. Y esos niños me duelen tanto como los abusados por mis curas. La única diferencia es que lo de mis curas es más grave que lo de los otros violadores. !Porque mis curas tenían que estar justo para protegerlos! Que Dios nos perdone.
Suegro del Papa.- Pue sí.
El Papa.- En fin: otra noche sin dormir. Pero como dirías tú, va en el sueldo. ¡Qué cruz! Hay momentos que la muerte se ve como una liberación. Que descanses.

Pagar impuestos

Suegro del Papa.- En España os lo están poniendo difícil.
El Papa.- Sí. Y lo malo es que son tiempos difíciles. Parece que no les llega el dinero para todo lo que tienen que hacer.
Suegro del Papa.- Pues ya sabes lo que dicen: que la Iglesia es inmensamente rica.
El Papa.- Sí señor: somos incalculablemente ricos.
Suegro del Papa.- !Qué dices! te van a colgar. No te había oído eso nunca.
El Papa.- Somos tan incalculablemente ricos como incalculable es el valor de la catedral de Santiago, por ejemplo. ¿A quién se la vendemos? ¿Qué nos harían los fieles si la vendiéramos a una empresa americana para montar un parque temático, aunque fuera religioso? Y no me digas que podemos vender pequeñas joyas, como coronas, cálices o cosas así. Porque aunque seamos sus dueños teóricos, no nos pertenecen. Pertenecen a los fieles y a la historia.
Suegro del Papa.- Pues vete preparándote, porque a Rouco y compañía los van a aburrir, por ejemplo con el IBI.
El Papa.- Ya lo sé. Pero creí que ese tema se había serenado un poco. ¿Hay novedades?
Suegro del Papa.- Pues mira si las hay: Un juez de Orense acaba de obligar al obispado a pagar el IBI de cuatro recintos de la Iglesia. Y lo que no te va a gustar nada es la razón básica que alega…
El Papa.- ¿Cuál? Dímelo, si ya me lo espero todo.
Suegro del Papa.- Falla que tenéis que pagar porque no habéis probado ser una entidad sin ánimo de lucro.
El Papa.- Eso duele. Podrán decir de nosotros muchas cosas, pero catalogarnos como negociantes con ánimo de lucro… Todo es el calumnia, que algo queda y va dejando un poso terrible. Pero en fin. Dios proveerá y la verdad al final se abrirá camino. Hay sacerdotes y monjas en España, y en el mundo, que pasan hambre para que coman otros en estos tiempos.
Suegro del Papa.- Ya, pero eso hoy no luce ni cuenta: lo que luce y cuenta son los palacios episcopales, tus ropas de lujo, la suntuosidad de la Curia…
El Papa.- En nuestro pecado tenemos la penitencia. Siendo la gran mayoría pobres de espíritu y muy solidarios, parecemos ricos avaros. Ayudamos puntualmente y caso por caso a salvar las crisis y sin embargo parece que estamos entra los que las creamos por no pagar impuestos. Qué fácil es juzgar sin capacidad crítica y sin aportar soluciones.
Suegro del Papa.- Pero es lo que tú dices: quizás tenéis lo que os merecéis.
El Papa.- Pues yo te digo que no. la Iglesia no soy yo: son los millones de buena gente que en España y donde sean están echando una mano en estos momentos durísimos. Y esa gente, diga lo que diga un juez o su cochero, no necesitan demostrar que lo hacen sin ningún ánimo de lucro.

Aborto y pederastia

Suegro del Papa.- Buenos días. Te veo tenso. Ayer en las audiencias te vi muy… normalucho, nada brillante.
El Papa.- Ando preocupado.
Suegro del Papa.- Se te nota. Te veo rezar mucho. ¿Qué te pasa?
El Papa.- El lío de mis colegas obispos alemanes.
Suegro del Papa.- ¿Cómo han cesado al criminólogo de la investigación de la pederastia en la Iglesia?
El Papa.- Eso mismo me pregunto yo. Hagan lo que hagan, a ver a quién convencemos ahora de que estamos haciendo este esfuerzo por descubrir a los criminales y ponerlos a disposición de los jueces.
Suegro del Papa.- Pero ¿por qué lo han hecho?
El Papa.- El error quizás fue nombrarlo de entrada, sin haber conocido sus métodos y personalidad. Tenían que haber buscado una persona más eficaz y más ecuánime, que es lo que buscan ahora. El objetivo parece ser que es asegurar la celeridad, la ecuanimidad, la prudencia y la eficacia. Quieren que esto no dure eternamente. Pero ahora será difícil que les crea nadie.
Suegro del Papa.- Y a tí qué más te da. Tú diste instrucciones de adelante caiga quien caiga.
El Papa.- Ya, pero “la mujer del César no sólo tiene que ser casta, sino parecerlo”.
Suegro del Papa.- Te da igual. Está de moda darte palos a tí y a tu Iglesia: eso vende y viste. Así que no sufras.
El Papa.- Hablando de sufrimiento tengo dos cosas que no se me quitan de la cabeza y del corazón en estos días: la situación de la mujer en la India y los abortos en Europa
Suegro del Papa.- Bueno: en la India lo quieren arreglar separando a las mujeres y a los hombres en los medios de transporte.
El Papa.- ¿Y te parece normal en pleno siglo XXI? ¿Sabes lo que eso significa? Pisar sus derechos, peores medios de transporte, seguir manteniendo impunidad para el concepto de que la mujer es violable, !qué se yo!
Suegro del Papa.- Y ¿qué hay de nuevo en los abortos?
El Papa.- Hay estudios que señalan que en los abortos a partir del tercer mes uno de cada seis niños nace vivo y lo dejan morir dcespués, quizás incluso sufriendo. Como esto es delito hasta en los países que permiten el aborto, se está proponiendo una “solución”: inyección de potasio al corazón antes de abortarlos.
Suegro del Papa.- !Qué fuerte!
El Papa.- Sí. Otra solución es la de unos padres que llevan ya dos abortos de este tipo y que dicen que no pasa nada. Que el niño muere muy a gusto y tranquilo en sus brazos, según ellos en unos brazos que lo quieren… !Cómo me recuerda la historia de las burradas de mi país cuando yo era un joven medio inconsciente!
Suegro del Papa.- Venga va, no decaigas !Que Dios te bendiga y te ayude! !Que tengas buen día!

Feliz 2013

Suegro del Papa.- Bueno, ¿cómo estás? Ya hemos quemado el primer día del 2013.
El Papa.- Estoy hecho polvo, muy cansado. Me voy a ir ya mismo a la cama.
Suegro del Papa.- Llevas unas días con mucho trajín en tanta fiesta. Y muy televisado.
El Papa.- ¿En qué hemos convertido estas fiestas? Tenía un amigo que decía que lo mejor de las Navidades era sobrevivirlas.
Suegro del Papa.- Bueno, bueno… te veo…
El Papa.- Sólo cansado.
Suegro del Papa.- Qué pasa ¿te has castigado mucho anoche o te acostaste tarde?
El Papa.- No. Pero no he dormido.
Suegro del Papa.- ¿Y no te dieron una pastillita?
El Papa.- No la pedí. Comencé a pensar en tanta pobre gente como podía morirse en esta noche, por frío, por hambre…, gente que no iba a ver el alba del primer día del 2013 y me desvelé.
Suegro del Papa.- !Pues vaya una novedad! Pasa todos los días.
El Papa.- Lo sé. Pero anoche pesaban sobre mí como una losa. No sé si hago lo suficiente para ayudarles. No sé si El me podrá perdonar algún día. Pero yo ya no sé qué hacer.
Suegro del Papa.- Pues como no te los traigas a todos aquí… Y no te van a caber.
El Papa.- Pues por eso. A lo mejor lo que tengo que hacer es llevarles el Vaticano allí. Y cuando pienso que eso es imposible, que vender las riquezas de la Iglesia apenas aliviaría a esa gente 10 ó 15 años, no sé si lo creo realmente así o no lo hago porque no me atrevo o por comodidad…
Suegro del Papa.- Amigo. Tu fuerza son las conciencias, no el dinero ni la riqueza. Pero tienes que conseguir que te escuchen y, sobre todo, que te hagan caso. Que los tuyos lo sean de verdad. No de boquilla. Podríais cambiar el mundo, pero…
El Papa.- Lo sé. En fin: Él proveerá. Me voy a la cama. Que descanses y feliz año.

Primer twitter del Papa

Suegro del Papa.- ¿Qué tal la experiencia?
El Papa.- Supongo que bien. Los que saben dicen que muy bien.
Suegro del Papa.- ¿No has tenido la curiosidad de ver qué dice la gente?
El Papa.- He visto las preguntas y he sabido cómo iban a ser las respuestas, pero no me verás con el smartphone, que además no tengo, escribiendo twits. No tengo mucho tiempo, aunque sabes que mis días son muy largos.
Suegro del Papa.- Hombre, todo el mundo imagina que te lo escribirán otros, pero yo creo que te vendría bien entrar en lo que la gente te dice y se dice entre sí por tus twits.
El Papa.- ¿Lo has hecho tú por mí?
Suegro del Papa.- Sí.
El Papa.- Estaba seguro. ¿Y?
Suegro del Papa. Primero, creo que has hecho muy bien metiéndote en este fregado.
El Papa.- ¿Por qué?
Suegro del Papa.- Veo que hay mucha gente que te sigue, y que te sigue honestamente. Y trabajan intentando multiplicar tu mensaje para que llegue a todos.
El Papa.- Eso es bueno.
Suegro del Papa.- Sí, pero no es lo más importante. Lo importante es que he visto que para muchos será una fuente de esperanza condensada en los 140 caracteres, como deben ser en la actualidad, por desgracia, la mayoría de los mensajes. Vale para toda esa gente, entre los que empiezo a contarme, que no aguanta los sermones paliza que a veces les dais.
El Papa.- Pues si sirve al Reino de Dios, en cualquier forma que sea, ha sido un acierto.
Suegro del Papa.- Sin duda. Y si te ves unos cuantos twits al azar, podrás ver que hay de todo. Que hay muchos en el mundo que te han perdido el respeto, aunque sea injustamente. Y aunque tú no tengas la culpa, porque si fueras más bueno serías tonto, tienes que buscarlos también y traerlos al redil. Lo que no sé es cómo y con qué ayuda cuentas entre los tuyos.
El Papa.- Cuento con la de Él.

Estoy cansado

El Papa.- Estoy cansado.
Suegro del Papa.- Te lo noto. Tienes más ojeras de lo habitual. Incluso menos voz. Y más cascada, si me apuras. Y no es precisamente de Jägermeister o del orujo español de Rouco.
El Papa.- Estoy cansado por fuera y por dentro. Soy viejo. Y no sé ya si alguno se aprovecha de ello, porque pueda no enterarme de las cosas. A veces lo pienso, que a algunos les viene bien tener por aquí un leño que tendría que estar ya en una residencia. Y esto me causa mucha fatiga, me tiene muy tenso.
Suegro del Papa.- Pues ellos no deben sufrir mucho.
El Papa.- Ellos ¿quién?
Suegro del Papa.- Esos en los que tu piensas; no hace falta que te dé los nombres. Además vendrán más fuertes.
El Papa.- Ya lo sé: Están de vacaciones…
Suegro del Papa.- Sí. Paseas por las oficinas vaticanas y hay cuatro pringados. Y tú aquí.
El Papa.- Déjalo. Casi es de agradecer. Me gusta que haya más espacio y menos gente. Además, quedan los considerados menos importantes: y son los que aun tienen el mundo fresco en sus ojos, en su voz y en su conciencia. Nadie como ellos para traer la calle hasta nosotros.
Suegro del Papa.- Buena reflexión: Os pasa a todos los Jefes de Estado que os rodea una corte que os impide sentir a la gente… menos mal que te das cuenta. ¿Has pensado en acabar con todo esto alguna vez?
El Papa.- Por supuesto que he reflexionado y medito sobre ello. Pero no veo la solución. ¿Seguiría teniendo poder, capacidad y medios para predicar la libertad de los hijos de Dios, la injusticia de los oprimidos, el pecado planetario de la destrucción del mundo, la bestialidad de las guerras, el derecho de los no nacidos, la opresión de la mujer, la hambruna de los más pobres, la condena a la pobreza? Medios económicos, desde luego, no tendría. Y no creo que entonces a los mass-media les interesara mucho mi rollo y me dieran facilidades para difundirlo. Basta mirar los periódicos.
Suegro del Papa.- Pero Él debería en ese caso cumplir su promesa y ayudarte.
El Papa.- Y lo hace. Pero partiendo de que primero nos hace libres y luego nos ayuda. ¿Te parece que no tengo motivos para estar cansado? “Venid a mi todos los que estáis cansados que yo os aliviaré”. Parece que lo dijo para todos menos para mí, su hombre en la tierra.
Suegro del Papa.- ¿Tiembla tu fe?
El Papa.- Tiembla mi cuerpo y mi alma, no mi fe. Pero lo daría todo por vestir una sotana negra, en un pueblo diminuto y nevado, y no tener más urgencia para mañana que levantarme tranquilamente para decir mi misa de diez a unos pocos feligreses… Hasta mañana. Me voy a la cama.

Mayordomo del Papa

Suegro del Papa.- Así que has estado en la cárcel.
El Papa.- Bueno, si se puede llamar cárcel a lo que tenemos aquí.
Suegro del Papa.- Pero has visto sólo a uno de los dos que tienes allí. O que tenías.
El Papa.- Hoy tocaba a Paoletto. Pero haremos lo mismo también con el informático.
Suegro del Papa.- ¿También te vas a fotografiar con él?
El Papa.- No hombre, no me refiero a eso. Me refiero a que lo dejaremos partir. La foto, que sigo pensando que vale más que mil palabras, es un testimonio del perdón, tan necesario hoy entre tanta gente y tantos pueblos. Y en este caso, no es perdón de los pecados porque soy cura, sino perdón cordial porque soy humano y padre de los creyentes en Cristo. Es el perdón de un viejo a joven voluntarioso y débil; de un padre a un hijo que se fue y puede volver.
Suegro del Papa.- ¿Qué te ha contado? ¿O es secreto de confesión?
El Papa.- No, no es secreto. Me ha dicho que lo que hizo pensó que ayudaba a la Iglesia. Que lo hizo por respeto y lealtad a mí. Que se ha dado cuenta de que se ha equivocado, pero que no logra sacar de su corazón el poco aprecio, incluso el desprecio que tiene hacia la mayoría de los politicuchos (así los llamó) de la Curia Vaticana.
Suegro del Papa.- ¿Y no crees que está en lo cierto? !A lo mejor tenías que hacerlo Cardenal!
El Papa.- Ya estás con tus cinismos. Lo que sí te puedo decir es que me ha llevado a una reflexión y a una pregunta: ¿cuántos hombres y mujeres habrá de buena voluntad que cuando parece que actúan contra nosotros, contra la Iglesia, en el fondo lo hacen por una enorme pasión por la Iglesia y por Jesucristo? !Que El nos ayude a no hacerles daño, a entenderlos e incluso a ver en ellos los signos de los tiempos!
Suegro del Papa.- ¿Te vas a la cama? y del nuevo mayordomo ¿te fías?
El Papa.- !Qué impertinente y ácrata eres! !Que descanses!

Twitter del Papa

Suegro del Papa.- No sabes en la que te has metido.
El Papa.- Pero hay que estar ahí ¿o piensas que no?
Suegro del Papa.- Claro que hay que estar. Pero estar bien no es fácil.
El Papa.- A qué te refieres.
Suegro del Papa.- Pues por ejemplo a que en la red todo el mundo tiene derecho a opinar. !Hay que aguantar cada cosa! ¿Estás preparado?
El Papa.- ¿Por qué no? Todos son hijos de Dios, y por tanto todos son libres.
Suegro del Papa.- Hoy en día todo el mundo se siente capacitado para opinar, y opina, por la red, lo mismo de física cuántica que de estructura molecular. !Cuánto más de religión, y sobretodo de la tuya!Ya verás a dónde lleva a veces la libertad!
El Papa.- ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no lo veo? la libertad es uno de los pilares de mi idea del Reino de Dios. Ya sé que no coincide con lo que muchos llaman libertad. Mi obligación es estar donde haga falta explicarlo.
Suegro del Papa.- Vas a tener muchos seguidores. Hasta serás record mundial, probablemente.
El Papa.- Es mi responsabilidad y no creas que no me asusta. Pero es un arma poderosa, me dicen. Y yo necesito eso para llevar un poco de cordura, de justicia y de paz a tantos hombres y mujeres que sufren lo que está pasando, sin causarlo, y no lo entienden.
Suegro del Papa.- Pues ánimo: a ver cómo metes uno de tus profundos y a veces largos discursos en 140 caracteres. En esto la chavalería son auténticos genios.
El Papa.- En eso y en muchas cosas. Ellos se merecen otro mundo, y yo tengo la obligación de ayudarlos. Y lo hago y lo haré, aunque a veces ellos no lo crean, no lo vean y no lo entiendas.

!A denunciar los acuerdos con la Santa Sede!

Suegro del Papa.- ¿Has leído la carta de los cristianos ¡y cristianas! (que no se me olvide) de base a Rajoy?
El Papa.- ¿La que pide denunciar los acuerdos con la Santa Sede?
Suegro del Papa.- Esa.
El Papa.- Sí. ¡Qué vientos recorren el mundo! Y no lo digo por la eventual denuncia de los acuerdos, que hasta puedo aceptar que es materia opinable. Lo digo porque los firmantes, teóricamente cristianos, nos equiparan, nos ponen a la misma altura de “cualquier filosofía” o “cualquier cosmovisión”. Y son palabras de ellos. Que Dios me perdone, pero sin faltarles a la caridad, creo que eso es convertir el cristianismo en una ideología pasajera, humana, sin ninguna transcendencia. Y se llaman cristianos… Tanto error es dar valor sólo a la parte humana del Cristo como a la parte divina. Es Dios y Hombre …
Suegro del Papa.- Ya, pero hay mucha gente que os ve así…
El Papa.- Pues a eso me refiero, y supongo que una parte de la culpa es nuestra. Pero otra más grande es la de estos grupos, miembros teóricos de la Iglesia, que se dejan embaucar y que, sin darse cuenta, son utilizados por los que a toda costa querrían vernos desaparecer.
Suegro del Papa.- Tú lo dices: es duro, pero son gente de buena fe.
El Papa.- A veces llego a dudarlo, y que Dios me perdone. No sé si muchas veces no son más bien gente con afán de ir contracorriente, de protagonismo, de justificar sus debilidades. ¿Qué pasa que Cáritas no somos también la Iglesia? ¿La cerramos para denunciar más tranquilamente los acuerdos con la Santa Sede?
Suegro del Papa.- Ellos también reconocen que Cáritas está bien, pero que todo lo demás son privilegios injustificados de una religión como otra cualquiera.
El Papa.- Mira: te voy a responder con un twitter que he leído comentando en la red esta noticia: “lo que necesitamos es una Iglesia Católica democrática, laica, progresista y atea”. Piensa un momento en la frasecita. No al pié de la letra, pero de alguna forma estos grupos me recuerdan a la Iglesia Nacional china, tan querida y próxima a la nomenclatura comunista. En ese país, nuestros obispos están confinados o directamente en la cárcel. ¿Es eso lo que quieren?
Suegro del Papa.- No hombre, tampoco es eso.
El Papa.- Si tú lo dices….

Moros

Suegro del Papa.- Te metes en cada charco… El caso es estar en todo ¿no?
El Papa.- ¿Por qué lo dices?
Suegro del Papa.- Por lo del Rey Abdullah de Arabia Saudita. ¿Qué se te ha perdido con ése? Luego te quejas de que digan que Dios los cría y ellos se juntan.
(http://visnews-es.blogspot.com.es/2012/11/santa-sede-adhiere-como-observador.html)
El Papa.- En un diálogo interreligioso con musulmanes ¿no te parece un personaje importante? Además: él es sólo uno de los tres fundadores de este organismo al que hoy he adherido a la Santa Sede.
Suegro del Papa.- Ya. Están también Austria y España. Esto ¿es también “Alianza de civilizaciones”?
El Papa.- Esto es un esfuerzo más. Y yo me sumaré a todos los que se hagan por preservar la paz, por arreglar las cosas con diálogo y, sobre todo, los que me permitan contactos y actitudes para evitar que siga habiendo creyentes en el mundo que hoy mismo hayan podido ser martirizados sólo por el hecho de ser cristianos.
Suegro del Papa.- Bueno, no me negarás que los tres fundadores son curiosos y que faltabas tú. No te mosquees, que luego mañana no sales bien en las fotos con los seis nuevos cardenales. ¿Estás contento con los que has nombrado? Hay alguno por ahí que aun no se le ha pasado el cabreo de que lo dejaras fuera.
El Papa.- Ya lo sé. Pero ya te lo dije el otro día: tengo que pensar en la Iglesia de mañana, no de pasado mañana, que ya soy muy viejo y hay que meter en el cónclave a gente que pueda aportar algo en estos tiempos de prueba y crisis.

Mujeres obispo e infancia de Jesús

Suegro del Papa.- Recordarás siempre este día.
El Papa.- Recordaré tantos… Pero ¿por qué éste, según tú? ¿Por mi libro?
Suegro del Papa.- También por eso, porque hay que tener huevos para escribir sobre lo que ni siquiera los evangelios han casi escrito: la infancia de Jesús. Y tú has escrito casi 200 páginas. Pero me refiero a los anglicanos y sus mujeres-obispo. Se te habrá quitado el susto…
El Papa.- Me ha sorprendido que hayan sido fundamentalmente los laicos del consejo anglicano los que se han opuesto a la consagración de las mujeres como obispos… Pero sí, no te voy a negar que estaba preocupado. Hubiera sido un problema más para entenderse con los anglicanos…
Suegro del Papa.- Ya, pero a lo mejor un problema menos para entenderse con el mundo. ¿Por qué si salís del mismo tronco, tenéis el mismo fundador y compartís los mismos apóstoles iniciales habéis llegado a este extremo de divergencias?
El Papa.- También me lo pregunto yo, pero me hago la pegunta de otra manera: ¿Por qué Él quiere que haya estas divergencias? ¿Qué espera de mí en este tema?
Suegro del Papa.- Eso lo tienes muy claro, que seas honesto. Y eso no te lo puede negar nadie, que lo eres y a carta cabal. Y espero que lo seas en este tercer libro sobre la infancia de Jesús.
El Papa.- Igual que lo he sido en los dos anteriores.
Suegro del Papa.- Así lo espero. Ya te lo diré en cuanto lo lea. Pero hablar de que la estrella de los magos era una supernova… tú que tanto apoyas la congruencia de la razón y la fe…
El Papa.- Digo que ha podido ser, porque hay científicos que así lo indican. Y además lo digo en un contexto. No me juzgues por los titulares de la prensa.
Suegro del Papa.- No te juzgo ni por eso ni por nada. Pero felicita a tu editor: ese libro “La infancia de Jesús” había que sacarlo ahora, cara a Navidad… Para tu editor, el libro sí que va a ser una supernova… Y no me digas que soy un mal pensado, pero es que te las clavan…

Cardenales

Suegro del Papa.- Te veo bajo.
El Papa.- ¿Por?
Suegro del Papa.- No sé, te noto rato. ¿Qué haces?
El Papa.- Preparo el discurso para el nombramiento de los seis nuevos cardenales.
Suegro del Papa.- Pocos has nombrado, sólo seis, para lo que es habitual. Tampoco es habitual hacer dos nombramientos en un año.
El Papa.- Cada vez que nombro, pienso que pueden ser los últimos, los que van a elegir a mi sucesor.
Suegro del Papa.- Poco a poco van bajando el número de cardenales italianos. También por eso te critican los de la curia.
El Papa.- Bueno. Eso tampoco es importante. Muchos italianos eran y eligieron un alemán.
Suegro del Papa.- Has metido un indio muy joven. Bueno, joven para lo que son los cardenales, porque tiene ya 53 años.
El Papa.- Es un hombre muy valioso. No sólo pienso que pueden ser los últimos y los que elijan a mi sucesor, sino que pienso también que puedo estar condicionando ya la elección del futuro Papa. Y eso me aterra.
Suegro del Papa.- Por qué.
El Papa.- Porque nunca imaginé lo pesada que es esta carga y con qué soledad se lleva. No hay un teléfono rojo para preguntarle a Él cómo quiere hacer las cosas y nunca estás seguro de hacerlas como Él quiere. Eso me quita el sueño

Desahucios

Suegro del Papa.- ¿Has visto la que está cayendo en España con los desahucios? Ahí tus obispos, aunque tarde como casi siempre, han estado bien.
El Papa.- Le estoy dando muchas vueltas al tema, porque me viene a la cabeza la cuestión del matrimonio de los curas. Imagínate si el desahuciado fuera un cura o su viuda, o sus hijos pequeños…
Suegro del Papa.- ¿Por qué iban a desahuciarlos si las casas parroquiales no son de los bancos?
El Papa.- Pues porque si todos los curas se casaran, no habría suficientes casas parroquiales para todos. ¿Echas luego a la viuda, o a los hijos pequeños para meter al sustituto? Independientemente de que el hacerse cura y no casarse es una opción libre y personal a la que no se obliga a nadie, es indudable que los signos de los tiempos nos obligan a reflexionar sobre la posibilidad de que el celibato no sea condición sine qua non. Pero hay que tener previsto la resolución de problemas como el de la vivienda, herencias etc de los curas casados. Tomar una decisión sin tener esto previsto y estudiado sería una locura y generaría multitud de dramas.
Suegro del Papa.- Y de los desahucios de ahora, de los que no son curas ¿qué opinas?
El Papa.- Que están muy lejos de la justicia y la ética que predico y predicamos. Pero ya ves el caso que le han hecho al obispo de San Sebastián en España. Me parece una buena idea una propuesta que han hecho un grupo de cristianos de Andalucía.
Suegro del Papa.- ¿Cuál?
El Papa.- Que abramos los seminarios vacíos y las casas parroquiales que ahora no tienen cura a los desahucios más criminales o más injustos.
Suegro del Papa.- !Coño, magnífica idea!
El Papa.- Sí. Pero ¿te has parado a pensar si a medio plazo no será pasar la actual patata caliente de los bancos a las diócesis? Y ya será la leche, cuando seamos nosotros los desahuciadores porque se nos metan en los edificios todos aquellos que la sociedad civil tenga identificados como morosos profesionales y no los quieran. Nos lloverán palos por todas la esquinas.
Suegro del Papa.- Eso tiene una solución. No lo hagas como una política general ni a bombo y platillo. Hazlo caso por caso, para aquellos padres y madres que se han matado a trabajar, que están dispuestos a seguir haciéndolo y que no lo pueden hacer porque no hay trabajo y lo han perdido todo. Esos no te van a crear problemas, y en todo caso Tu Amigo el galileo te echará una mano. ¿O está de simple espectador?

Canterbury

Suegro del Papa.- No hemos comentado nada del nuevo arzobispo de Canterbury.
El Papa.- ¿Y qué había que comentar?
Suegro del Papa.- Ya sé que no te gusta mucho el tema.
El Papa.- ¿Quién lo dijo? Tengo esperanza en este hombre. Tiene juventud para ver los signos de los tiempos. Otra cosa es que los interpretemos de la misma manera.
Suegro del Papa.- Se fue muy pronto el anterior arzobispo ¿no te parece?
El Papa.- ¿Me estás insinuando que yo también debería irme? Llegará un día en que eso sea normal en nuestra Iglesia, pero por ahora una abdicación podría producir un cataclismo. Mira el pobre Juan Pablo II lo que tuvo que aguantar….
Suegro del Papa.- Piensa un poco. Cataclismo ¿por qué? Si no hubiera tanta ambición en los que te tienen que sustituir…
El Papa.- No hay tanta como decís los críticos como tú, aunque sí que la hay. Además estoy convencido de que al final el Espíritu nos guía y se sobrepone a tanta miseria humana como arrastramos.
Suegro del Papa.- El Espíritu, El Espíritu. !Cuánta lata le dais en vano, cómo se os llena la boca y qué poco lo escucháis! ¿Sabes lo que sí que se sobrepone y que es muy clarificador? Haber trabajado en el mundo, en el petróleo nada menos, ser hijo de padres divorciados en su infancia, tener hijos, aguantar una suegra como le pasa al nuevo de Canterbury.
El Papa.- Que todo ello le valga para enfrentar los problemas que tiene encima de la mesa, que no son pocos, con el matrimonio homosexual, el sacerdocio de las mujeres, etc. Y que Dios quiera que él y yo dejemos unas Iglesias un poco más unidas que ahora y con un mensaje moral para los más ricos en beneficio de los más pobres que logre transformar este mundo terrible.
Suegro del Papa.- ¿Ya le has llamado?
El Papa.- Le han llamado de mi parte.

¿Qué hacen aquí los polis?

Suegro.- Tienes la casa llena de polis.
El Papa.- Hemos tenido una audiencia.
Suegro.- Con toda la Interpol. !Hasta estos están más al día que tu gloriosa curia!
El Papa.- ¿Qué dices?
Suegro.- ¿No te has dado cuenta o te haces el tonto? Han puesto a una mujer francesa al frente de esta policía internacional.
El Papa.- Ya ¿Y?
Suegro.-¿Por qué no le echas huevos y pones tú alguna al frente de algún departamento importante de la Curia? Para eso no hace falta ser cura.
El Papa.- Quieran o no, eso llegará a producirse, porque la fuerza del Espíritu y los signos de estos tiempos nos llevan a ello. Pero no sé si lo veré yo… Y en relación a por qué no lo hago ¿te parece que tengo pocos problemas para echar yo más leña al fuego en estos momentos?
Suegro.- Demasiado timorato para mi gusto, pero tú sabrás….

¿Ganó Obama?

Suegro.- ¿Ha ganado el tuyo?
El Papa.- ¿Qué mío?
Suegro.- ¿Te estás quedando conmigo? Obama o Romney.
El Papa.- Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Suegro.- No me vengas con frases de tu amiguito. ¿Ha ganado el que querías o no?
El Papa.- Yo no quería uno u otro. Cada día estoy más convencido de que no somos de este mundo y que no debemos estar aliados con el poder porque estaremos contra los pobres.
Suegro.- No piensan así muchos de tus capitanes… Por cierto, dónde anda el crack del Cardenal de New York ¿o también se ha ido de fin semana a Portugal…?
El Papa.- ¡Qué ácido eres! Está en su sitio. Hablé ayer con él. Me ha dicho que ahora querría tener más poder que nunca, para que le escucharan los poderosos.
Suegro.- ¿Por qué ahora?
El Papa.- Porque hoy, que ya han pasado las elecciones, empieza el verdadero drama de muchos newyorkinos que lo han perdido hoy. Pasadas las elecciones, se olvidarán de ellos. Y este inverno morirá mucha gente en la calle de frío y hambre ¡Eso en América! ¡Cómo estarán a Haití! Para eso nos vale el poder, para eso le vale ser cardenal: si fuera un simple cura no le escucharía nadie.
Suegro.- Bueno, pero ¿Obama o Romney?
El Papa.- ¡Pesado eres! ¡Anda, vete a dar una vuelta!

El vatileaks

Suegro.- ¿En qué piensas?
El Papa.- En el juicio por las filtraciones.
Suegro.- El juicio es una tontería. Tenía que preocuparte lo que hay detrás.
El Papa.- ¿Y crees que no me preocupa? Hay más corrupción y trampas aquí que en muchos gobiernos del mundo. ¡Qué canalla es el dinero! Puse al salesiano al frente de esto y muchos no nos los perdonan ni a él ni a mí.
Suegro.- ¿Y has pensado el porqué?
El Papa.- Pues tengo duda: no sé si porque querían ellos el puesto o porque tienen miedo que éste hurgue en todo lo que hay detrás. O por las dos cosas.
Suegro.- ¿Y qué piensas hacer?
El Papa.- Pues tendría que estar en mi casa, fuera de todo, con mis dolores y mis achaques, mis libros y mi música. Pero estoy aquí, en medio de todo el fregado, poniendo cara de risa a gente a la que no me apetece ni mirarles a la cara.
Suegro.- ¿Y por qué los miras?
El Papa.- Para evitar males mayores y porque soy el pastor de todos.
Suegro.- !Sí, de buenos lobos que quieren pasar por corderitos!
El Papa.- Me asomo a esa ventana, veo a la gente y se me hiela la sangre al pensar que a muchos les estamos robando hasta la posibilidad de tener fe por culpa de lo que hacemos. No sé si Él podrá perdonarnos algún día.
Suegro.- Él no sé, pero tú tienes pendiente el tema del indulto de tu mayordomo.
El Papa.- Esta es la desgracia, que al final, haga lo que haga, pase lo que pase, hagamos las cosas bien o mal, todo va a quedar reducido a si he indultado a Paoletto o no. Y ¡por todos los santos! que ya le tengo indultado en mi corazón y a día de hoy no sé si podré hacerlo…

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