Papa Francisco: se lo cargan

El Papa Francisco.- Hombre, gusto en verte. Cuánto tiempo. ¿De dónde vienes?
Suegro del Papa.- De buscar empleo y compañía.
El Papa Francisco.- No estás tú ya para muchos trotes de compañía…
Suegro del Papa.- No me refiero a esa compañía. Me refiero a alguien que te sustituya, con quien poder charlar a ratos. Por ejemplo comentar lo duro y triste que es estar en una cola de la oficina del paro.
El Papa Francisco.- Y ¿por qué me vas a sustituir? ¿Ya no te valgo?
Suegro del Papa.- No te voy a sustituir yo. Te van a sustituir a la fuerza otros. Incluso, si permites que te lo diga, algunos dicen que te van a apiolar, y que esta vez no fallarán, como fallaron en sus tiempos con Juan Pablo II.
El Papa Francisco.- Pero ¡qué burradas dices! A qué viene eso ahora.
Suegro del Papa.- ¿Que a qué viene? Pues por ejemplo a tu idea de abrir los conventos para los refugiados. ¿Tú sabes el efecto llamada que eso puede significar? ¿Te parece que ya hay pocos refugiados y sin papeles en Italia, España, Grecia…? Y encima les abres un convento de jesuitas, al lado del Gesú, en todo el centro de Roma…
El Papa Francisco.- Y ¿qué es mejor? Eso o convertir los conventos en hoteles y urbanizaciones caras?
Suegro del Papa.- Pues conviértelos en hoteles, véndelos y dales el dinero a los refugiados.
El Papa Francisco.- Es otra solución. Pero cuando se acabe el dinero, cuando se lo coman, se vuelven a quedar sin casa… y además esa de vender es una solución más radical aún.
Suegro del Papa.- Tienes razón. Eso sí que ya no te lo permitirían hacer. Esto otro, cuando palmes o te echen, se vuelven a vaciar y ya está.
El Papa Francisco.- Ni voy a palmar, mientras no quiera el Jefe, ni me van a echar. La Iglesia es mejor y más santa de lo que parece, porque son muchísimas más las personas anónimas buenas, curas, monjas, seglares, frailes, incluso obispos y cardenales, que los que andamos por los palacios pintando la mona y, a veces, hasta viviendo como si no creyéramos. Y la Iglesia hoy es consciente de que en el cuerpo de Cristo hay millones de heridas, que son todos esos que no tienen un mendrugo de pan para hoy ni donde caerse muertos mañana. Estamos aquí por esos y para esos.
Suegro del Papa.- Me alegra oírte; veo que estás en forma. De momento no buscaré trabajo: seguiré de suegro tuyo. Pero no descuides ni un momento la espalda, que hay cada uno por ahí…
El Papa Francisco.- Tranquilo. Hay mucha gente ayudándonos. Hay mucha gente rezando por nosotros. El está con nosotros. Si Él con nosotros ¿qué pueden contra nosotros?
Suegro del Papa.- En todo caso, suerte y ánimo. ¡Ah!: y explícalo todo lo que puedas, incluso en el famoso twitter del Papa.

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Robando a los pobres

Papa Francisco.- ¿De dónde vienes?
Suegro del Papa.- Después de tu twitter de hoy no me atrevo a decírtelo…De comer bien, en un buen restaurant, con buen vino.
Papa Francisco.- ¿Tú solo?
Suegro del Papa.- No. Con uno de tus cardenales, que les gusta comer bien. Cuando leímos tu twitt en el restaurant casi se nos indigesta la comida: “la comida que se tira a la basura es como el alimento que se roba al pobre, al que pasa hambre”.
Papa Francisco.- ¿Y qué, no es verdad?
Suegro del Papa.- Seguramente tienes razón en que el consumismo nos impulsa a desechar. Pero en todos los órdenes de la vida: hasta en la edad. Mira qué panorama les espera a los viejos en esta Europa de la crisis económica y los recortes. Los estamos desechando…
Papa Francisco.- Así es.
Suegro del Papa.- Pero tú no te quejes de eso, que porque un viejito – Benedicto XVI – se desechó, llegaste a Papa.
Papa Francisco.- Yo nunca, nunca jamás, quise ser Papa. Por eso pido que recen por mí para que no me la crea. Recuerdo a mis abuelos y a mis padres guardando el pan que sobraba para hacer sopas, o torrijas, o migas. Y el pan que caía al suelo, para volver a ponerlo en la mesa se besaba. Ahora en lugar de repartirlo, lo tiramos al contenedor de la basura….
Suegro del Papa.- Pues ya te estás poniendo a trabajar, si quieres que el mundo cambie. Necesitarías meterte en política, y eso es complicado…
Papa Francisco.- En política se tienen que meter los cristianos. Ya sé que no es fácil, porque hoy la política, en muchísimos casos, en demasiado sucia. Pero no podemos hacer como Pilatos, lavarnos las manos y dejar que otros solucionen el problema.
Suegro del Papa.- He oído decir que definitivamente has renunciado al apartamento del Papa.
Papa Francisco.- Sí, por razones psiquiátricas.
Suegro del Papa.- ¿Qué?
Papa Francisco.- Que no me gusta estar solo, quiero estar con la gente, para saber cómo huelen, cómo lloran, como sienten, cómo bostezan…
Suegro del Papa.- Pues en Rivadavia vivías sólo en tu apartamentito.
Papa Francisco.- Sí. Pero aquello era mi casa, y yo tenía las llaves y entraba y salía cuando quería. Esta de ahora no es mi casa; no tengo las llaves y alguien decide cuándo entro y cuándo salgo. Si me voy al apartamento y me descuido, un día me puedo dar cuenta de que sólo veo a los mismos, que me adulan y me desconectan de los demás. Y ese día me moriría de vergüenza y de espanto.

Feliz 2013

Suegro del Papa.- Bueno, ¿cómo estás? Ya hemos quemado el primer día del 2013.
El Papa.- Estoy hecho polvo, muy cansado. Me voy a ir ya mismo a la cama.
Suegro del Papa.- Llevas unas días con mucho trajín en tanta fiesta. Y muy televisado.
El Papa.- ¿En qué hemos convertido estas fiestas? Tenía un amigo que decía que lo mejor de las Navidades era sobrevivirlas.
Suegro del Papa.- Bueno, bueno… te veo…
El Papa.- Sólo cansado.
Suegro del Papa.- Qué pasa ¿te has castigado mucho anoche o te acostaste tarde?
El Papa.- No. Pero no he dormido.
Suegro del Papa.- ¿Y no te dieron una pastillita?
El Papa.- No la pedí. Comencé a pensar en tanta pobre gente como podía morirse en esta noche, por frío, por hambre…, gente que no iba a ver el alba del primer día del 2013 y me desvelé.
Suegro del Papa.- !Pues vaya una novedad! Pasa todos los días.
El Papa.- Lo sé. Pero anoche pesaban sobre mí como una losa. No sé si hago lo suficiente para ayudarles. No sé si El me podrá perdonar algún día. Pero yo ya no sé qué hacer.
Suegro del Papa.- Pues como no te los traigas a todos aquí… Y no te van a caber.
El Papa.- Pues por eso. A lo mejor lo que tengo que hacer es llevarles el Vaticano allí. Y cuando pienso que eso es imposible, que vender las riquezas de la Iglesia apenas aliviaría a esa gente 10 ó 15 años, no sé si lo creo realmente así o no lo hago porque no me atrevo o por comodidad…
Suegro del Papa.- Amigo. Tu fuerza son las conciencias, no el dinero ni la riqueza. Pero tienes que conseguir que te escuchen y, sobre todo, que te hagan caso. Que los tuyos lo sean de verdad. No de boquilla. Podríais cambiar el mundo, pero…
El Papa.- Lo sé. En fin: Él proveerá. Me voy a la cama. Que descanses y feliz año.

Primer twitter del Papa

Suegro del Papa.- ¿Qué tal la experiencia?
El Papa.- Supongo que bien. Los que saben dicen que muy bien.
Suegro del Papa.- ¿No has tenido la curiosidad de ver qué dice la gente?
El Papa.- He visto las preguntas y he sabido cómo iban a ser las respuestas, pero no me verás con el smartphone, que además no tengo, escribiendo twits. No tengo mucho tiempo, aunque sabes que mis días son muy largos.
Suegro del Papa.- Hombre, todo el mundo imagina que te lo escribirán otros, pero yo creo que te vendría bien entrar en lo que la gente te dice y se dice entre sí por tus twits.
El Papa.- ¿Lo has hecho tú por mí?
Suegro del Papa.- Sí.
El Papa.- Estaba seguro. ¿Y?
Suegro del Papa. Primero, creo que has hecho muy bien metiéndote en este fregado.
El Papa.- ¿Por qué?
Suegro del Papa.- Veo que hay mucha gente que te sigue, y que te sigue honestamente. Y trabajan intentando multiplicar tu mensaje para que llegue a todos.
El Papa.- Eso es bueno.
Suegro del Papa.- Sí, pero no es lo más importante. Lo importante es que he visto que para muchos será una fuente de esperanza condensada en los 140 caracteres, como deben ser en la actualidad, por desgracia, la mayoría de los mensajes. Vale para toda esa gente, entre los que empiezo a contarme, que no aguanta los sermones paliza que a veces les dais.
El Papa.- Pues si sirve al Reino de Dios, en cualquier forma que sea, ha sido un acierto.
Suegro del Papa.- Sin duda. Y si te ves unos cuantos twits al azar, podrás ver que hay de todo. Que hay muchos en el mundo que te han perdido el respeto, aunque sea injustamente. Y aunque tú no tengas la culpa, porque si fueras más bueno serías tonto, tienes que buscarlos también y traerlos al redil. Lo que no sé es cómo y con qué ayuda cuentas entre los tuyos.
El Papa.- Cuento con la de Él.

Estoy cansado

El Papa.- Estoy cansado.
Suegro del Papa.- Te lo noto. Tienes más ojeras de lo habitual. Incluso menos voz. Y más cascada, si me apuras. Y no es precisamente de Jägermeister o del orujo español de Rouco.
El Papa.- Estoy cansado por fuera y por dentro. Soy viejo. Y no sé ya si alguno se aprovecha de ello, porque pueda no enterarme de las cosas. A veces lo pienso, que a algunos les viene bien tener por aquí un leño que tendría que estar ya en una residencia. Y esto me causa mucha fatiga, me tiene muy tenso.
Suegro del Papa.- Pues ellos no deben sufrir mucho.
El Papa.- Ellos ¿quién?
Suegro del Papa.- Esos en los que tu piensas; no hace falta que te dé los nombres. Además vendrán más fuertes.
El Papa.- Ya lo sé: Están de vacaciones…
Suegro del Papa.- Sí. Paseas por las oficinas vaticanas y hay cuatro pringados. Y tú aquí.
El Papa.- Déjalo. Casi es de agradecer. Me gusta que haya más espacio y menos gente. Además, quedan los considerados menos importantes: y son los que aun tienen el mundo fresco en sus ojos, en su voz y en su conciencia. Nadie como ellos para traer la calle hasta nosotros.
Suegro del Papa.- Buena reflexión: Os pasa a todos los Jefes de Estado que os rodea una corte que os impide sentir a la gente… menos mal que te das cuenta. ¿Has pensado en acabar con todo esto alguna vez?
El Papa.- Por supuesto que he reflexionado y medito sobre ello. Pero no veo la solución. ¿Seguiría teniendo poder, capacidad y medios para predicar la libertad de los hijos de Dios, la injusticia de los oprimidos, el pecado planetario de la destrucción del mundo, la bestialidad de las guerras, el derecho de los no nacidos, la opresión de la mujer, la hambruna de los más pobres, la condena a la pobreza? Medios económicos, desde luego, no tendría. Y no creo que entonces a los mass-media les interesara mucho mi rollo y me dieran facilidades para difundirlo. Basta mirar los periódicos.
Suegro del Papa.- Pero Él debería en ese caso cumplir su promesa y ayudarte.
El Papa.- Y lo hace. Pero partiendo de que primero nos hace libres y luego nos ayuda. ¿Te parece que no tengo motivos para estar cansado? “Venid a mi todos los que estáis cansados que yo os aliviaré”. Parece que lo dijo para todos menos para mí, su hombre en la tierra.
Suegro del Papa.- ¿Tiembla tu fe?
El Papa.- Tiembla mi cuerpo y mi alma, no mi fe. Pero lo daría todo por vestir una sotana negra, en un pueblo diminuto y nevado, y no tener más urgencia para mañana que levantarme tranquilamente para decir mi misa de diez a unos pocos feligreses… Hasta mañana. Me voy a la cama.

Mayordomo del Papa

Suegro del Papa.- Así que has estado en la cárcel.
El Papa.- Bueno, si se puede llamar cárcel a lo que tenemos aquí.
Suegro del Papa.- Pero has visto sólo a uno de los dos que tienes allí. O que tenías.
El Papa.- Hoy tocaba a Paoletto. Pero haremos lo mismo también con el informático.
Suegro del Papa.- ¿También te vas a fotografiar con él?
El Papa.- No hombre, no me refiero a eso. Me refiero a que lo dejaremos partir. La foto, que sigo pensando que vale más que mil palabras, es un testimonio del perdón, tan necesario hoy entre tanta gente y tantos pueblos. Y en este caso, no es perdón de los pecados porque soy cura, sino perdón cordial porque soy humano y padre de los creyentes en Cristo. Es el perdón de un viejo a joven voluntarioso y débil; de un padre a un hijo que se fue y puede volver.
Suegro del Papa.- ¿Qué te ha contado? ¿O es secreto de confesión?
El Papa.- No, no es secreto. Me ha dicho que lo que hizo pensó que ayudaba a la Iglesia. Que lo hizo por respeto y lealtad a mí. Que se ha dado cuenta de que se ha equivocado, pero que no logra sacar de su corazón el poco aprecio, incluso el desprecio que tiene hacia la mayoría de los politicuchos (así los llamó) de la Curia Vaticana.
Suegro del Papa.- ¿Y no crees que está en lo cierto? !A lo mejor tenías que hacerlo Cardenal!
El Papa.- Ya estás con tus cinismos. Lo que sí te puedo decir es que me ha llevado a una reflexión y a una pregunta: ¿cuántos hombres y mujeres habrá de buena voluntad que cuando parece que actúan contra nosotros, contra la Iglesia, en el fondo lo hacen por una enorme pasión por la Iglesia y por Jesucristo? !Que El nos ayude a no hacerles daño, a entenderlos e incluso a ver en ellos los signos de los tiempos!
Suegro del Papa.- ¿Te vas a la cama? y del nuevo mayordomo ¿te fías?
El Papa.- !Qué impertinente y ácrata eres! !Que descanses!

Twitter del Papa

Suegro del Papa.- No sabes en la que te has metido.
El Papa.- Pero hay que estar ahí ¿o piensas que no?
Suegro del Papa.- Claro que hay que estar. Pero estar bien no es fácil.
El Papa.- A qué te refieres.
Suegro del Papa.- Pues por ejemplo a que en la red todo el mundo tiene derecho a opinar. !Hay que aguantar cada cosa! ¿Estás preparado?
El Papa.- ¿Por qué no? Todos son hijos de Dios, y por tanto todos son libres.
Suegro del Papa.- Hoy en día todo el mundo se siente capacitado para opinar, y opina, por la red, lo mismo de física cuántica que de estructura molecular. !Cuánto más de religión, y sobretodo de la tuya!Ya verás a dónde lleva a veces la libertad!
El Papa.- ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no lo veo? la libertad es uno de los pilares de mi idea del Reino de Dios. Ya sé que no coincide con lo que muchos llaman libertad. Mi obligación es estar donde haga falta explicarlo.
Suegro del Papa.- Vas a tener muchos seguidores. Hasta serás record mundial, probablemente.
El Papa.- Es mi responsabilidad y no creas que no me asusta. Pero es un arma poderosa, me dicen. Y yo necesito eso para llevar un poco de cordura, de justicia y de paz a tantos hombres y mujeres que sufren lo que está pasando, sin causarlo, y no lo entienden.
Suegro del Papa.- Pues ánimo: a ver cómo metes uno de tus profundos y a veces largos discursos en 140 caracteres. En esto la chavalería son auténticos genios.
El Papa.- En eso y en muchas cosas. Ellos se merecen otro mundo, y yo tengo la obligación de ayudarlos. Y lo hago y lo haré, aunque a veces ellos no lo crean, no lo vean y no lo entiendas.

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