De Cardenal Bergoglio a Papa Francisco I

Suegro del Papa.- Me voy al Vaticano. Ya tengo yerno. Dame un abrazo. Me da pena dejarte aquí en Castel Gandolfo. Pero el cónclave ha concluido.
El Papa Emérito.- Es tu sitio. Te he querido mucho. Te echaré de menos. ¿Vendrás a verme?
Suegro del Papa.- Espero que no sea pronto. En todo caso en dos meses o así te veo allí. Confío en que a Francisco I Dios le dé un pontificado largo o hasta que él,como tú, lo decida.
El Papa Emérito.- Pelota. Eres un pelota.
Suegro del Papa.- Todo lo pelota que quieras. Pero si Bertoglio es un buen Papa, como creo, será, en una enorme parte, por lo que tú has hecho y dicho con tu renuncia. Por cierto: vaya detallazo. ¡Puso a rezar al mundo entero por ti!
El Papa Emérito.- Pero el detalle y el gesto no es eso sólo. Fíjate en el pectoral, el crucifijo, que sacó: lejos del oro. Fíjate en que salió sin la esclavina roja, signo que podía ser percibido como un lujo. Fíjate en cómo pidió que el pueblo le bendijera antes de bendecir él al pueblo: qué gesto, inclinándose ante sus fieles de Roma. Y para qué hablar del nombre: Francisco, la humildad y la naturalidad por antonomasia.
Suegro del Papa.- ¿Estás contento?
El Papa Emérito.- Me he emocionado. Pudo haber sido Papa cuando yo lo fui. El Espíritu Santo es cabezota. Espero no haber sido yo un obstáculo de ocho años para que llegara el Papa que Él quería.
Suegro del Papa.- Puedes estar seguro de que no. Tú has sido el paso necesario para este otro paso. Y él te lo ha agradecido. Ha sido muy elocuente su insistencia en ser obispo de Roma, Roma como Iglesia que preside a todas las demás en la caridad y no como jefa… No sé… Me parece un buen yerno. Ya te contaré. Y déjame que te abrace. Tú has sido un gran Papa. Ahora ayúdale si puedes, pero no le des la lata.
El Papa Emérito.- Francisco I puede estar seguro de que no sólo no le molestaré. Procuraré que no le molesten otros. Que Dios le ayude y todos nosotros también.
Suegro del Papa.- Hasta siempre, Joseph; hasta siempre Benedicto; hasta siempre, Ratzinger.

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renuncia: lo dejo.

Suegro del Papa.- ¿Cómo estás?
El Papa.- Bien. Mejor que ayer. Ya te dije que me quitaría un peso de encima.
Suegro del Papa.- Tienes a mucha gente de buena fe hecha polvo. No se lo esperaban y les cuesta digerirlo.
El Papa.- Ya lo imaginábamos.
Suegro del Papa.- Y tienes también a muchos encantados de que te vayas. Como si contigo se acabaran los Papas.
El Papa.- También lo sabíamos. A esos quizás no supe anunciarles un mensaje prometedor y liberador. Para esos, creo que no lo hice bien. Dios me perdone.
Suegro del Papa.- Hicieras lo que hicieras, estarían encantados con amargarte incluso la renuncia. Son los de siempre. Los que tu Maestro llamaba “las puertas del infierno”. Así que no sufras.
El Papa.- Un sufrimiento han sido estos siete años. Nadie tan pequeño como yo puede llevar una carga tan grande sin Su amor y el de la Iglesia. Si hoy yo fuera Cardenal, a la mínima posibilidad de ser Papa estaría temblando.
Suegro del Papa.- Pues también los hay aquí en el Vaticano muy cerca de ti encantados de que te vayas: el escalafón es el escalafón…
El Papa.- No seas cínico.
Suegro del Papa.- No lo soy. Alguno vestido de rojo meterá una botella a enfriar para celebrar que comienza la carrera de su vida y por si dentro de mes y medio tiene algo que celebrar.
El Papa.- Pues será un inconsciente. Que Dios le ayude.
Suegro del Papa.- ¿Podrás descansar?
El Papa.- Espero que sí. Mi vida está entre dos llamadas. La que me trajo al sacerdocio hace muchos años, siendo joven y la que a partir de ahora espero de final de mis días, que probablemente no tardará. Ya no me queda nada en la Tierra. Ansío verle cara a cara. Confío en que esta espera sea tranquila, breve y en paz y comience hoy con un sueño relajado.

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