Papa Francisco en Bolivia, Ecuador y Paraguay. La Pacha Mama y la encíclica “Lodato Si”

Papa Francisco.- ¿Dónde te metes, que apareces tan poco por aquí?
Suegro del Papa.- Ya ves…
Papa Francisco.- No, no veo. Mejor dicho: no te veo nada por Santa Marta.
Suegro del Papa.- Ando hecho un lío. A mí este mundo ya me pilla muy mayor y no lo entiendo.
Papa Francisco.- ¿Qué no entiendes?
Suegro del Papa.- No entiendo qué pasa con mis hermanos musulmanes, no entiendo qué pasa con el Estado Islámico, no entiendo qué pasa con este Occidente que asiste impertérrito a matanzas, asesinatos, pateras, no entiendo qué pasa con Grecia, no entiendo qué pasa con esta curia tuya, cada día más retorcida e hipócrita…
Papa Francisco.- No. Eso no. Cada día más, no, porque entre otras cosas la estoy reduciendo y cada día son menos. Pero además aquí hay gente que está haciendo gran trabajo por el mundo para aliviar las consecuencias colaterales de todo eso que tú no entiendes. Y cada día hay más gente honesta que entiende su trabajo aquí como un servicio.
Suegro del Papa.- Vale, déjalo. Cambiemos de tema. Te vas a América. Tres veces en lo que queda de año y aún no te has asomado por La Costanera…
Papa Francisco.- Sí: Bolivia, Ecuador y Paraguay. Luego en septiembre, Cuba y a finales de ese mes USA.
Suegro del Papa.- Pues van a ser tres palizas. ¿Cómo vas de salud?
Papa Francisco.- Razonablemente mal. Es decir: lo propio de la edad. No: bien. Pero además esos viajes, aunque cansan, son energía pura. Al que vi muy bien es a Benedicto XVI.
Suegro del Papa.- Es verdad. Has estado con él y le has dejado la residencia de Castelgandolfo para su vacaciones.
Papa Francisco.- No: yo no le dejado nada. Primero porque no es mía y segundo porque ese no es el concepto. El pobre hombre, mejor dicho, el buen pobre hombre no da nada de lata y se va allá sin molestar.
Suegro del Papa.- Ya me he leído la encíclica “Lodato Si”
Papa Francisco.- ¿Y?
Suegro del Papa.- No está mal. Pareces de Green Peace. No, sin bromas. Es un tema muy grave. El destrozo de la casa común, como tú le llamas al planeta… Y el malgasto y generación de residuos de alimentos, energías… Ves: otras cosas que puedes añadir a mi lista de cosas que no entiendo y que me deprimen. Ahora vas a tierras cercanas y muy sensibles a la Pacha Mama…
Papa Francisco.- No te deprimas. Tenemos a Dios y Él nos mostrará nuestro lugar en este mundo naciente y cambiante, como instrumentos de su cariño por todos los seres de esta tierra. Nosotros somos tan limitados que reservamos nuestro amor sólo para unos pocos. Y ese en un poco el nudo de la cuestión….

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Papa Francisco: eres un bocas

Suegro del Papa.- Eres un poco bocas.
El Papa.- ¿Qué quieres decir?
Suegro del Papa.- Que dices una cosa y haces otra: como todos.
El Papa.- ¿Por qué lo dices?
Suegro del Papa.- ¿No decías que no te tomabas vacaciones, que había mucha faena, que no vendrías a Castel Gandolfo?
El Papa.- Y así es. He venido aquí unos días sólo para tener más tiempo para preparar las jornadas de la juventud.
Suegro del Papa.- ¿Qué pasa que en Roma no se puede? ¿No se quedan muchos romanos?
El Papa.- Seguro que sí, pero esta gente de aquí también han atendido a los Papas, y muy bien, durante muchos años y merecen que no rompamos todo de golpe. No creo que puedas decir que no estoy trabajando y cumpliendo.
Suegro del Papa.- Has tenido una buena semana. Ha estado muy bien eso de bloquear las cuentas del monseñor golfo y lo de actualizar el código penal. Parece que las cosas empiezan a moverse. Aunque, sigues haciendo amigos…
El Papa.- ¿A qué te refieres?
Suegro del Papa.- A que hay algunos muy nerviosos. No les gusta. Ten cuidado.
El Papa.- Como dijo San Pablo precisamente a los romanos, nada nos separará del amor de Cristo y yo añado ni a mí de mis deberes y convencimientos.
Suegro del Papa.- ¿Nervioso por Brasil?
El Papa.- Un poco. No sé muy bien cómo funcionan estas cosas. Lo vi el otro día con los seminaristas, novicios y novicias jóvenes que tuvimos en la audiencia. Tienen una fuerza que parece que te va a sobrepasar. Y allí habrá todo un mar de juventud y una fuerza que Dios pone en nuestras manos para mejorar el mundo. Espero saber hacerlo.
Suegro del Papa.- ¿Vamos a más sitios que Brasil?
El Papa.- Eso no te lo diré, que eres muy dado a cascarlo todo. Y estas cosas hay que manejarlas con mucha prudencia por respeto a los gobiernos, que bastantes problemas tienen ya para que yo les cree más.

Papa Francisco

Suegro del papa.- Buenos días. Hola, soy tu suegro
El Papa.- Lo sé. Me habló de ti Benedicto XVI. ¿Vienes a quedarte?
Suegro del Papa.- Sí. Este es mi sitio. Dejémoslo claro de entrada: Ya sabes que no me callaré ni ante ti.
El Papa.- También lo sé. Vienes muy tenso, pero creo que nos vamos a llevar bien. Yo tampoco me callaré. ¿Cómo lo dejaste?
Suegro del Papa.- ¿A Benedicto? Bien. Rezando mucho, y bastante pendiente de la tele. Le conmoviste con el Padre Nuestro que rezasteis por él al salir al balcón. ¿Sabes la que se te viene encima?
El Papa.- Creo que sí. Ya he hablado con Ratzinger y ha procurado darme ánimos. Yo creo que me han liado. Te dicen que es el Espíritu Santo, te atontas un poco, dices que sí, empieza toda la parafernalia y te das cuenta, al salir al balcón de la que se te viene encima y cuánta gente está pendiente de ti y de tus decisiones.
Suegro del Papa.- A la mayoría les has caído bien. Has generado mucha esperanza, que hace mucha falta en estos momentos. Pero otros cuantos ya te están zurrando.
El Papa.- Lo sé. Y avisé a los cardenales.
Suegro del Papa.- Y te están zurrando más que nadie allí “en el fin del mundo” como has dicho refiriéndote a tu Argentina. Lo de las dictaduras militares está muy oscuro.
El Papa.- Creo que no tanto. El Nobel Esquivel ya ha aclarado bastante. Pero yo aclararé lo que haga falta en su momento. La gente tiene derecho a saber. Y creo honestamente que hice lo posible para suavizar esa brutalidad y evitar todos los daños posibles. Pero… siempre se puede hacer más, probablemente.
Suegro del Papa.- Me ha gustado que pagues tus cuentas. Y me ha gustado casi todo lo que dicen de ti. Esperemos que no sea todo fruto de la mitificación y del peloteo: que sea verdad.
El Papa.- Soy como soy. Y seguiré siendo como era. Sea Papa o sea el Padre Jorge, que es lo que quiero ser, aunque vaya vestido de blanco.
Suegro del Papa.- Me gusta tu nombre: Francisco. Suena bien Papa Francisco, padre Francisco. Prométeme que algún día saldremos de incógnito por Roma y hablaremos con la gente…
El Papa.- Prometido. Pero la primera salida, ya veremos si de incógnito, es a Castel Gandolfo.

De Cardenal Bergoglio a Papa Francisco I

Suegro del Papa.- Me voy al Vaticano. Ya tengo yerno. Dame un abrazo. Me da pena dejarte aquí en Castel Gandolfo. Pero el cónclave ha concluido.
El Papa Emérito.- Es tu sitio. Te he querido mucho. Te echaré de menos. ¿Vendrás a verme?
Suegro del Papa.- Espero que no sea pronto. En todo caso en dos meses o así te veo allí. Confío en que a Francisco I Dios le dé un pontificado largo o hasta que él,como tú, lo decida.
El Papa Emérito.- Pelota. Eres un pelota.
Suegro del Papa.- Todo lo pelota que quieras. Pero si Bertoglio es un buen Papa, como creo, será, en una enorme parte, por lo que tú has hecho y dicho con tu renuncia. Por cierto: vaya detallazo. ¡Puso a rezar al mundo entero por ti!
El Papa Emérito.- Pero el detalle y el gesto no es eso sólo. Fíjate en el pectoral, el crucifijo, que sacó: lejos del oro. Fíjate en que salió sin la esclavina roja, signo que podía ser percibido como un lujo. Fíjate en cómo pidió que el pueblo le bendijera antes de bendecir él al pueblo: qué gesto, inclinándose ante sus fieles de Roma. Y para qué hablar del nombre: Francisco, la humildad y la naturalidad por antonomasia.
Suegro del Papa.- ¿Estás contento?
El Papa Emérito.- Me he emocionado. Pudo haber sido Papa cuando yo lo fui. El Espíritu Santo es cabezota. Espero no haber sido yo un obstáculo de ocho años para que llegara el Papa que Él quería.
Suegro del Papa.- Puedes estar seguro de que no. Tú has sido el paso necesario para este otro paso. Y él te lo ha agradecido. Ha sido muy elocuente su insistencia en ser obispo de Roma, Roma como Iglesia que preside a todas las demás en la caridad y no como jefa… No sé… Me parece un buen yerno. Ya te contaré. Y déjame que te abrace. Tú has sido un gran Papa. Ahora ayúdale si puedes, pero no le des la lata.
El Papa Emérito.- Francisco I puede estar seguro de que no sólo no le molestaré. Procuraré que no le molesten otros. Que Dios le ayude y todos nosotros también.
Suegro del Papa.- Hasta siempre, Joseph; hasta siempre Benedicto; hasta siempre, Ratzinger.

Papa emérito

Suegro del Papa.- Buenos días. ¿Cómo has amanecido?
El Papa emérito.- Muy bien. ¿Y tú?
Suegro del Papa.- Muy bien también. Ya sabes que me gusta este lago de Castel Gandolfo. Me he abrigado y he dado un paseo junto al agua.
El Papa emérito.- Yo tengo un poco de frío: parece mentira lo que abriga la esclavina blanca que me he quitado. Me habituaré, con este jersey debajo.
Suegro del Papa.- Me emocionó ver cómo te besaba la mano tu chófer en el helipuerto. ¿Es cierto o me lo pareció a mí que cuanto más bajos en la escala vaticana más se emocionaban al despedirte?
El Papa emérito.- Ya estás tú con tus suspicacias y tu acidez. A mí me emocionó despedirlos a todos y a Roma desde el aire, mi Roma. ¡Cuántos misterios, grandezas y miserias guarda entre sus piedras y su historia! Estos días tiene la vida y el futuro de la Iglesia entre sus manos.
Suegro del Papa.- ¿Me decía tu secretario que ya hay quien ha pedido audiencia?
El Papa emérito.- Vamos a ver ¿qué quieres? ¿hablar del cónclave?
Suegro del Papa.- Me han dicho que te han visto despedirte muy cariñoso con el cardenal de filipinas, con Tagle.
El Papa emérito.- Porque es un hombre muy cordial. No creo haber dado la menor pista ni la menor sugerencia para la elección. Aunque no lo creas, la mayoría de los cardenales hoy no habrán dormido mucho. Y no por viejos, que también: por una sensación que te hiela la espalda. El miedo a ser elegido, el humano deseo de serlo en alguno de ellos, y la responsabilidad de no equivocarse a sabiendas en todos.
Suegro del Papa.- Dirás lo que quieras, pero todo el mundo cree que esto es una terrible carrera para ocupar el trono más autoritario, servido y poderoso del mundo. Que incluso los que no entran al cónclave por tener más de 80 años confían en tener alguna posibilidad y que los llamen.
El Papa emérito.- ¿Es que no pueden dar a los cardenales ni un mínimo de confianza en que son hombres de fe? Hipótesis: son hombres de fe, creen en lo que hacen y para lo que son llamados. ¿No les aterrará tener que responder ante Dios de esta terrible responsabilidad? Te aseguro que sí, y cuanto más inteligentes, más.
Suegro del Papa.- Tengo una idea. ¿No te apetecería que después de que todo se haya calmado, de que yo tenga nuevo yerno y haya vuelto al Vaticano, que venga un día y nos demos un paseo camuflados entre la gente de Castel Gandolfo y los turistas para oír lo que comentan?
El Papa emérito.- Buena idea. Ese día tendré que vestir de negro y con una boina en la cabeza.

Al cónclave: audiencia general

Suegro del Papa.- ¿Tenso?
El Papa.- Cansado. Las emociones me hacen polvo.
Suegro del Papa.- Buena audiencia general. ¡Vaya gentío!
El Papa.- ¡Y qué día de sol luminoso!
Suegro del Papa.- Algún Cardenal lloraba… Eso de que la barca de la iglesia no es tuya, ni de ellos, sino de Cristo, ha sido contundente.
El Papa.- Así lo pienso y así lo he vivido.
Suegro del Papa.- ¿Lo tienes todo preparado?
El Papa.- Tengo ganas de verme ya en Castel Gandolfo. Mejor dicho. Tengo ganas ya de que haya un nuevo Papa. Esto es como si Dios me hubiera permitido vivir mi propia muerte. Dando la vuelta por la plaza en papamóvil pensé que podía estar dándola en un ataúd. El resultado sería el mismo.
Suegro del Papa.- ¡Qué yuyu! No, hombre. Estás vivo. La gente te quiere.
El Papa.- Siendo Papa es muy fácil que te quieran. Lo que no sé es si te entienden y te siguen. Aplauden lo que dices, pero no siempre lo hacen.
Suegro del Papa.- En algunos cardenales habrá un punto de amargura y mala conciencia…
El Papa.- Déjalos. Tienen un peso encima importante. Ahora es el momento, si quieren, de rectificar rumbo. Lo importante es que su conciencia se despierte y quiera Dios que mi renuncia también sirva para ello. Que acierten en la elección.
Suegro del Papa.- ¿Tienes alguna pista?
El Papa.- Sabes que no. Que sea un hombre santo e irreprochable. Sobre todo irreprochable, porque santo lo podemos hacer entre todos.
Suegro del Papa.- ¿Quieres mi opinión?
El Papa.- Estás loquito por dármela y ver mi reacción.
Suegro del Papa.- Te cuento lo que oí ayer en un reservado en el Trastevere. Si es italiano, Filoni, Ravasi o Bagnasco. Si no es italiano y es europeo Schönborn, Erdö o Vingt-Trois. Si no es europeo, Collins, Sarah, Scherer o Tagle.
El Papa.- Eso es lo que oíste. Y tú ¿qué opinas?
Suegro del Papa.- Uno de los tres italianos o Schönborn. ¿No crees?
El Papa.- No comment, al menos hoy…

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