Papa Francisco, cansado: los curas de Granada, la agenda, Turquía y la teología de la liberación

Suegro del Papa.- ¿Cómo estás, cómo te sientes?
Papa Francisco.- Bien, y tú, ¿viejo?
Suegro del Papa.- Bien también. ¿De verdad que no estás cansado?
Papa Francisco.- ¿De qué, por qué?
Suegro del Papa.- Por dentro y por fuera. Por todo. Por la enorme agenda, por lo que va pasando, por lo de Granada, por todo…
Papa Francisco.- Ahora llega el Adviento, que es tiempo de recogimiento y reflexión. Espero poder bajar un poco el diapasón. Lo de Granada es terrible: por el daño hecho al chico o a los chicos y por los daños que causará ahora la información. ¡No sé cómo Dios perdona tanto!
Suegro del Papa.- Lo que cambia contigo es que ahora detienen a los curas pederastas y los juzgan. En España ya empezaron.
Papa Francisco.- Ya se hacía con Benedicto XVI.
Suegro del Papa.- Tiene que sentarte fatal el que estés dando tanta esperanza a tanta gente, que estés creando un clima de optimismo en la Iglesia y hacia la Iglesia y que otros te la estén vaciando, con el esfuerzo que a ti te cuesta.
Papa Francisco.- Es toda la Iglesia la que está en marcha. No sólo yo. Gente que antes ni se hablaba, ahora se abraza y respetan al cura Gustavo y su teología de la liberación. El pueblo de Dios tiene un olfato infalible para distinguir los buenos pastores de los mercenarios.
Suegro del Papa.- Ya: pero a estos curas pederastas cuesta sacarlos de sus madrigueras.
Papa Francisco.- Lo hijos de las tinieblas a veces son más espabilados que los hijos de la luz…
Suegro del Papa.- ¿Te vas a Turquía?
Papa Francisco.- El viernes. Y me abruma el gran dolor que se está viviendo en las fronteras de ese hermoso país. No sólo los cristianos de Siria y del Estado Islámico perseguidos, sino todos los desplazados, huérfanos, viudas… Terrible. Y voy allí casi como un pasmarote, consciente de que casi no puedo hacer nada más que intentar despertar las conciencias y la sensibilidad del mundo libre.

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Papa Francisco, agotado y cansado, con víctimas de abusos sexuales de curas y obispos

Suegro del Papa.- Hoy sí que me has emocionado con las víctimas de los abusos sexuales de tus colegas curas y obispos.
Papa Francisco.- Me costó incluso mirarlos a la cara. ¡Qué daño hemos hecho: algunos por acción y muchos por omisión! ¡Que Dios nos perdone!
Suegro del Papa.- Para ello lo primero es pedir perdón y pedirlo con toda la vergüenza y humildad. Y Benedicto XVI y tú lo habéis hecho. Ahora te queda buscar a esos canallas hasta debajo de las piedras y entregarlos a la justicia.
Papa Francisco.- En ello estamos. Al mirar a los ojos a estas víctimas sientas incluso vergüenza. Las tres horas que pasé charlando en privado con cada uno de los seis que hoy han estado aquí me han dejado más convencido que nunca – si es que no lo estaba ya – para llegar hasta el final. A costa de lo que sea y caiga quien caiga.
Suegro del Papa.- ¿Cómo vas?
Papa Francisco.- Bien…
Suegro del Papa.- ¡Sí! No hay más que verte. Estás agotado. No puedes con el alma, y con esos kilos de más que llevas encima. Necesitarías echar el freno un rato y pasar por talleres. Una revisión te vendría estupendamente. Y unas vacaciones. ¿Las vas a coger?
Papa Francisco.- Difícil. Ya veremos… Un poco cansado sí que estoy. Me iría discretamente a pasear tranquilamente por Buenos Aires, al fresco de este comienzo del invierno austral, pero… ¡Vamos a tomarnos un mate!

Papa Francisco: quien la haga que la pague. La ONU, los curas pederastas y el arzobispo Tomasi.

Suegro del Papa.- Eres un pardillo. ¡Mira que fiarte de la ONU!
Papa Francisco.- No es que me fíe: es que no hay alternativa.
Suegro del Papa.- Eso lo dices tú. Tú y tu representante, el arzobispo Tomasi, habéis picado como pajarillos. Ya tenían el informe preparado para daros una buena bofetada, dijerais lo que dijerais en la comisión.
Papa Francisco.- No lo creo. ¿Que ha podido haber un poco de mala fe y que han querido hacernos pagar errores pasados? Es posible, pero de ahí a que sean unos cínicos, por no llamarles otra cosa…
Suegro del Papa.- Pues lo son, Francisco, lo son. ¿Cómo te pueden pedir que revises tu posición sobre el aborto los miembros de una Convención sobre la protección de los niños que en su preámbulo habla de la protección del niño antes y después de nacer? ¿No es cinismo?
Papa Francisco.- Yo pienso que es más ideología, torticera, pero ideología. No cinismo.
Suegro del Papa.- Sigue así, pensando que todo el mundo es bueno; te las van a dar a dos carrillos. Son gentuza. Estoy seguro de que en la ONU se sientan pederastas…
Papa Francisco.- Calma, amigo. Que haya pederastas en otros sitios no me conforta nada. Me angustia. Un niño abusado es un dolor al que la Iglesia se tiene que sumar siempre, sea culpa de un cura o de un civil.
Suegro del Papa.- ¿Vas a contestar al documento de la ONU?
Papa Francisco.- Pues claro. Nosotros hemos firmado y ratificado esa Convención. Tomasi tiene instrucciones concretas.
Suegro del Papa.- ¿Qué instrucciones?
Papa Francisco.- Responder a los interrogantes y afirmaciones del documento y fijar clara y rotunda la posición: transparencia total en todos los casos y justicia terrenal implacable con los delitos, vengan de quien vengan. Con los de pederastia y con todos.
Suegro del Papa.- No suena mal. Pero verás que te lo retuercen. Al final te calzarán otro morrón.
Papa Francisco.- Puede ser. Pero la Iglesia santa, la que no delinque, podrá dormir tranquila y verse libre de los impresentables, que también los hay entre nosotros.

Obispos y curas pederastas, la ONU y el Papa Francisco

Suegro del Papa.- Has defraudado a mucha gente.
Papa Francisco.- ¿Y eso? ¿Por qué?
Suegro del Papa.- Porque tu hombre en la ONU no ha sido valiente, y a criterio de muchos ha ido con medias palabras y medias verdades sobre los curas pederastas.
Papa Francisco.- No es así. Las cosas hay que decirlas con prudencia, que mira luego lo que pasa y mira luego lo que dicen. Fíjate en lo que yo digo y cómo lo retuercen luego algunos.
Suegro del Papa.- Todo lo que tú quieras, pero cuando dices y preguntas que si nos avergonzamos sinceramente de esas derrotas – por llamarlo de alguna forma – de obispos y sacerdotes, se te entiende perfectamente. Cuando tú dices que con esos hechos les dais a comer pan envenenado al pueblo de Dios, se te entiende muy clarito.
Papa Francisco.- ¿Y no fue claro el arzobispo Tomasi cuando dijo que para 2012 habíamos documentado 612 casos, 418 de ellos de abusos a menores? ¿Quieres más claridad?
Suegro del Papa.- Sí.
Papa Francisco.- Supongo que como la prensa barata: lo que quieres son nombres, nombres de obispos, de curas. ¿Pero tú crees que eso se puede hacer así, que eso es legal? Y perdona, que me estás sacando de quicio.
Suegro del Papa.- Pues no te salgas del quicio y mira a ver cómo, con tu capacidad para explicar las cosas, lo explicas. Porque esto es un grave problema.
Papa Francisco.- Ya lo sé. Lamentablemente varios de los abusadores son gente con poder en la Iglesia, algunos con mucho poder, con una vida cómoda y que son unos sinvergüenzas. Pues claro que los pondremos a disposición de la justicia, y así se dijo en el comité de la ONU. Pero en la medida de lo posible y cumpliendo las leyes, que nosotros no somos policías. Y hay instrucciones claras y precisas, que además no tenemos que inventarnos, porque ya las había dado el bueno de Benedicto XVI. No toleraré el más mínimo desliz ni duda en este campo. Ya dijo el Señor: “al que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran una rueda de molino al cuello y lo tiraran al mar.” Y si tengo que ser yo el que les ate la rueda, pues seré.
Suegro del Papa.- Que así sea. Y ojalá que la gente te crea, porque necesitan creerte. No les falles.

Cura pederasta. El cardenal Mahony

Suegro del Papa.- ¡Puf! Te compadezco! ¿Te ha costado mucho decidirte?
El Papa.- ¿El qué?
Suegro del Papa.- La degradación, por decirlo de alguna manera, del cardenal de Los Angeles.
El Papa.- Pues sí. Me ha costado. Mahony es un cardenal. Pero no sólo es de Los Angeles. Para todo el mundo es un cardenal de la Iglesia universal.
Suegro del Papa.- ¿Lo decidiste tú solo?
El Papa.- No, lo hice con su arzobispo. Pero estaba cantado desde que tuve constancia de que había tratado de encubrir a los curas pederastas.
Suegro del Papa.- No te va a creer nadie. Lo has hecho porque no tenías más remedio. Si hubieras podido, lo habrías tapado, como hizo él.
El Papa.- Te juro que nunca. Siendo cardenal ya intenté aclarar todas estas cosas. Y la Iglesia americana fue de las que reaccionó con contundencia. Incluso Mahony. Pero no entiendo, y no se lo perdono, cómo pudo pensar que bastaba con pagar por lo ya conocido y evitar que se supiera más.
Suegro del Papa.- Se asustó: era mucho lo que podía salir.
El Papa.- Tenía que haberse asustado menos para no pasar la vergüenza y, sobretodo, el dolor de ahora. Como dice el arzobispo, lo que había detrás era algo triste y malvado, brutal y doloroso. No te puedes imaginar el sufrimiento que me causa pensar en lo que han tenido que sufrir esos pobres niños y quizás sus familias por culpa de unos ministros del Señor impresentables.
Suegro del Papa.- Tu colega el arzobispo ha dicho que “la lectura de estos archivos es brutal y dolorosa. El comportamiento descrito en ellos es terriblemente triste y diabólico”.
El Papa.- Pues me atrevo a decir que se ha quedado corto. Jesús dijo que quien hiciera sufrir a uno de esos pequeños, más le valía que le ataran una piedra de molino al cuello y lo echaran al mar. Y yo voy a acabar con ello, como sea. Ojalá que la sociedad pueda y quiera hacer lo mismo con los que no son curas.
Suegro del Papa.- ¿Qué te pasa? ¿A qué viene eso?
El Papa.- ¿Qué a qué viene eso? Hay un informe de la ONU que dice que al año hay más de doscientos millones de menores de edad, chicos y chicas, que tienen relaciones sexuales forzosas o sufren otras formas de violencia sexual. Y esos niños me duelen tanto como los abusados por mis curas. La única diferencia es que lo de mis curas es más grave que lo de los otros violadores. !Porque mis curas tenían que estar justo para protegerlos! Que Dios nos perdone.
Suegro del Papa.- Pue sí.
El Papa.- En fin: otra noche sin dormir. Pero como dirías tú, va en el sueldo. ¡Qué cruz! Hay momentos que la muerte se ve como una liberación. Que descanses.

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