Papa Francisco: Esto es una blasfemia: El DAES, Paris, Bamako, Bagdag….

Suegro del Papa.- ¡Qué tiempos!

Papa Francisco.- Terribles. Hasta me saltan las lágrimas…

Suegro del Papa.- ¿Y a quién no? Tiempos de guerra. Hace tiempo que lo dices.

Papa Francisco.- No sé qué hacer. Me hago la misma pregunta que Stalin: ¿Cuáles son mis divisiones? ¿Cuántas tengo?

Suegro del Papa.- “Nuestro aliado es el que hizo el cielo y la tierra”. ¿No rezas esto varias veces al día?  Esas serán tus divisiones… digo yo.

Papa Francisco.- Hoy Bamako, Bagdag… ¿Y mañana? Yo creo que la guerra no es la solución… Y a mí nadie me escucha. Mi voz suena pequeñita, pequeñita…

Suegro del Papa.- No tan pequeña. Te veo deprimido. Tu voz suena en miles de millones de almas buenas.

Papa Francisco.- Quizás, pero hoy están asustadas y desconcertadas. Lo más que pueden decir es la frase de los Templarios en el Medievo: ¡Dios lo quiere! Y eso mismo les destroza: Dios no puede querer esto. Dios no lo quiere…

Suegro del Papa.- Dios puso en mundo en nuestras manos: “para que domines la creación”, dice el Génesis. Hasta aquellos antiguos ignorantes que lo describen así lo tenían claro.

Papa Francisco.- Es cierto. Pero este no es un avance ni el camino. Esto es muerte, destrucción, odio y miseria. Pero venga. Manos a la obra que algo tendremos que hacer.

Suegro del Papa.- Yo sé que lo vas a hacer sin duda en el viaje del día 25 a África.

 

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