Entramos al cónclave: cardenales electores

Suegro del Papa.- ¿Nos vamos a Roma mañana y nos colamos en la Capilla Sixtina?
El Papa emérito.- Yo no.
Suegro del Papa.- ¿No me digas que no te encantaría ver el cónclave, verlos discutir y razonar?
El Papa emérito.- La verdad es que no. Que Dios me perdone, pero es que a alguno a lo mejor lo tenía que poner en su sitio al escucharlo…
Suegro del Papa.- ¿A quién?
El Papa emérito.- Eso queda para mí.
Suegro del Papa.- ¿Te das cuenta de que a lo mejor tienes que convivir con alguno de los que no te gustan?
El Papa emérito.- Estoy seguro de que el próximo Papa será un gran Papa. Primero porque creo en el Espíritu Santo. Después porque aunque uno por uno los cardenales sean lo que son, como todos los colectivos, juntos se transforman en algo serio e importante. Y tercero, si me lo permites, porque para algo valdrá mi renuncia. Mi dimisión les ha metido en la cabeza y en el alma que el tiempo apremia, que los tiempos son difíciles, que llegó la hora del estropajo y la lejía y que hace falta el mejor, que sea impoluto, gran creyente y muy fuerte.
Suegro del Papa.- Qué claro lo tienes. Ahora dame el nombre.
El Papa emérito.- Sabes que no te lo daré. Me ha gustado lo que dijo el cardenal de Nigeria: “Dios ya tiene decidido quién será el nuevo: ahora nos toca a nosotros adivinarlo”. Y El hará su trabajo. Hoy tengo cosas en la cabeza y en el corazón que me martirizan más.
Suegro del Papa.- ¿Como qué?
El Papa emérito.- Pues como los mártires cristianos de Lahore y Karachi de ayer y los cientos, si no miles, de cristianos a los que les han quemado las casas por el simple hecho de ser cristianos. A esa gente, cristianos de base y de verdad hasta las últimas consecuencias, tienen que mirar los señores cardenales.
Suegro del Papa.- Ya. Menuda tragedia… ¿Cómo va el piano? ¿Bién? Yo quizás sí que intente colarme al cónclave. Te doy tres nombres: Ravasi, Bagnasco y Schönborn… Vaya cara de poker que me has puesto… No hay manera de cazarte.

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Los cardenales del Vatileaks

Suegro del Papa.- Vaya fotito guapa que te han hecho.
El Papa Emérito.- Parece mentira que aun le siga interesando a alguien un viejo retirado.
Suegro del Papa.- Pero un viejo que no es cualquier viejo. Por cierto: con la gorrilla blanca y el bastón pareces todo un bisabuelo.
El Papa Emérito.- Bisabuelo, ¿por lo de más acabado que un abuelo?
Suegro del Papa.- Daría dinero por verte vestido con la misma gorrilla, unos pantalones, un jersey y un buen tabardo encima. Esa es la Iglesia que querrían muchos católicos, lejos de los lujos que implica el Vaticano, la Santa Sede y todo eso.
El Papa Emérito.- Y son admirables, esos católicos, y yo me siento bien cercano a ellos. El nuevo Papa tendrá que enfrentar ese tema: que las aparentes riquezas de la Iglesia, que no nos pertenecen, que son de toda la humanidad, que están ahí para que nos sirvan de altavoz ante el mundo, no sean un obstáculo para la fe de los pobres y desheredados, que es a quienes nos mandó Cristo predicar la buena noticia del Evangelio.
Suegro del Papa.- ¿Mucho tardan, no, en encerrarse? ¿A qué esperan? Me parece que no te agradecen mucho la decisión de que podían adelantar el cónclave.
El Papa Emérito.- Cuantos más tarden en entrar al cónclave puede ser que la elección sea más corta, porque la lleven preparada. Quizás quieran eso: No dejar muchos días a la iglesia incomunicada con su cabeza visible, que ahora son ellos colegialmente.
Suegro del Papa.- No es eso lo que me decían ayer en una vuelta que me día por Roma.
El Papa Emérito.- ¿Qué te decían? ¿Ya te han dicho quién será Papa?
Suegro del Papa.- Justamente ese es el problema. Que no se ponen de acuerdo. Que están muy divididos. Que incluso hay broncas. Quieren uno que sea impecable, pero no están de acuerdo en qué quiere decir impecable. Traen locos a los cardenales del informe Vatileaks. Me recuerda aquello de Judas en los evangelios cuando Jesús hablaba del que le iba a entregar a los romanos “¿Soy acaso yo, Señor?”, pregunta que aquí cambian por “¿Estoy acaso yo en los papeles del Vatileaks?”, pero que nadie se atreve a formular en público.
El Papa Emérito.- Yo creo que se lo están tomando mucho más en serio de lo que la gente cree y mucho más religiosamente de lo que pretenden algunos hablando de esos conflictos y lucha de cuchillos entre ellos. Creo que mi renuncia puede servir al menos para eso: hacerles ver que ser Papa puede ser humanamente apetecible, pero que es una carga inaguantable, que precisa de fuerza, coraje, entrega absoluta, un pasado irreprochable e impoluto y una enorme fe en Dios. Además de un amor a esta institución pecadora que es la Iglesia. ¿De quién se habla?
Suegro del Papa.- Ayer mucho de Schönborn y Erdö. Y hay gente haciendo campaña por los hispanoamericanos. ¿Paseíto?
El Papa Emérito.- Vamos y rezamos un rosario por todos ellos.

Papa emérito

Suegro del Papa.- Buenos días. ¿Cómo has amanecido?
El Papa emérito.- Muy bien. ¿Y tú?
Suegro del Papa.- Muy bien también. Ya sabes que me gusta este lago de Castel Gandolfo. Me he abrigado y he dado un paseo junto al agua.
El Papa emérito.- Yo tengo un poco de frío: parece mentira lo que abriga la esclavina blanca que me he quitado. Me habituaré, con este jersey debajo.
Suegro del Papa.- Me emocionó ver cómo te besaba la mano tu chófer en el helipuerto. ¿Es cierto o me lo pareció a mí que cuanto más bajos en la escala vaticana más se emocionaban al despedirte?
El Papa emérito.- Ya estás tú con tus suspicacias y tu acidez. A mí me emocionó despedirlos a todos y a Roma desde el aire, mi Roma. ¡Cuántos misterios, grandezas y miserias guarda entre sus piedras y su historia! Estos días tiene la vida y el futuro de la Iglesia entre sus manos.
Suegro del Papa.- ¿Me decía tu secretario que ya hay quien ha pedido audiencia?
El Papa emérito.- Vamos a ver ¿qué quieres? ¿hablar del cónclave?
Suegro del Papa.- Me han dicho que te han visto despedirte muy cariñoso con el cardenal de filipinas, con Tagle.
El Papa emérito.- Porque es un hombre muy cordial. No creo haber dado la menor pista ni la menor sugerencia para la elección. Aunque no lo creas, la mayoría de los cardenales hoy no habrán dormido mucho. Y no por viejos, que también: por una sensación que te hiela la espalda. El miedo a ser elegido, el humano deseo de serlo en alguno de ellos, y la responsabilidad de no equivocarse a sabiendas en todos.
Suegro del Papa.- Dirás lo que quieras, pero todo el mundo cree que esto es una terrible carrera para ocupar el trono más autoritario, servido y poderoso del mundo. Que incluso los que no entran al cónclave por tener más de 80 años confían en tener alguna posibilidad y que los llamen.
El Papa emérito.- ¿Es que no pueden dar a los cardenales ni un mínimo de confianza en que son hombres de fe? Hipótesis: son hombres de fe, creen en lo que hacen y para lo que son llamados. ¿No les aterrará tener que responder ante Dios de esta terrible responsabilidad? Te aseguro que sí, y cuanto más inteligentes, más.
Suegro del Papa.- Tengo una idea. ¿No te apetecería que después de que todo se haya calmado, de que yo tenga nuevo yerno y haya vuelto al Vaticano, que venga un día y nos demos un paseo camuflados entre la gente de Castel Gandolfo y los turistas para oír lo que comentan?
El Papa emérito.- Buena idea. Ese día tendré que vestir de negro y con una boina en la cabeza.

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