Papa Francisco: Navidad, el Limosnero, fútbol y salir de noche.

Suegro del Papa.- ¿Cómo vas?
El Papa.- Bien. Ando un poco cogido de catarro. No me hago a la idea de una Navidad sin el calor de la Costanera…
Suegro del Papa.- Pues te vienen unas cuantas así, campeón.
El Papa.- ¿Viste mi equipo? Están locos, venirse hasta aquí para traerme la Copa.
Suegro del Papa.- Lo hacen con gusto. Pero además es que eres quien eres y a ellos también les da buena publicidad y buen marketing.
El Papa.- De buena gana me había cogido el avión de regreso con ellos y me había ido quince días a descansar allá, como hacen los Messi y los Neymar y los Falcao, y todos los jugadores ahora en Navidad. Pero…
Suegro del Papa.- Pero tu cruz está aquí, ¿verdad? Sabes bien cuánta gente no podrá no ya descansar, sino ni siquiera cenar ese día.
El Papa.- Ya. ¡Hay que hacer tanto para cambiar ésto! A veces dudo de que sea posible.
Suegro del Papa.- ¡Huy!!Huy! ¿Ya tenemos dudas? ¿Ya no confías en Él?
El Papa.- No, no es eso. Pero hay momentos en que pesa más mi humanidad que su cercanía. Supongo que es normal.
Suegro del Papa.- ¿Vas a salir por la noche con tu Limosnero como dice algún periódico?
El Papa.- Justo para poder salir, tengo que decirte una pequeña mentira: no voy a salir.
Suegro del Papa.- Hay que hacer más que esos 2.000 regalos de recargas de móviles y billetes del metro que has ordenado. Eso es calderilla, casi una ofensa…
El Papa.- Ya lo sé. Pero puede animar a otros. Además no estamos haciendo eso sólo. Lo importante es lo que hacemos y no se sabe y que es mejor que no se sepa.
Suegro del Papa.- ¿Hablaste con Ratzinger?
El Papa.- Sí, y también con Benedicto XVI.
Suegro del Papa.- Pero si son el mismo…
El Papa.- Ya. ¿Y no es mejor llamarle Benedicto XVI que un seco Ratzinger?
Suegro del Papa.- ¿Cómo está?
El Papa.- Muy bien. Me emociona el ejemplo de discreción y humildad que está dando.

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El Papa Francisco al fútbol: audiencia general con azulgranas

Suegro del Papa.- ¿Bien la audiencia general?
El Papa.- Sí, ¿por qué?
Suegro del Papa.- No, por nada. Te veo cómodo predicando. Y tengo la sensación de que la gente te escucha.
El Papa.- Dios te oiga. Que no sea todo el folclore de. “!ala, a ver al Papa!
Suegro del Papa.- Hombre. Un poco de folclore hoy había, con tu San Lorenzo del Almagro…
El Papa.- ¿Pasa algo? ¿No me puede gustar el futbol?
Suegro del Papa.- Claro que sí, hombre. No te enfades. Es más: me ha gustado mucho la carta que has enviado ayer al Presidente de tu equipo. No creí que un Papa pudiera mezclar tan bien fútbol y Jesús. Pero claro: eres argentino…
El Papa.- ¿Y?
Suegro del Papa.- Que “tenés” un don especial. En positivo. Por cierto: hay otros azulgranas que ya te han invitado a ver un partido en su estadio.
El Papa.- ¿Ah, sí? Pues otros azulgranas solo pueden ser los de Messi.
Suegro del Papa.- Justamente esos. A lo mejor pensaban que cuando hablabas de azulgranas hablabas de ellos y no de los tuyos.
El Papa.- No. Messi conoce San Lorenzo.
Suegro del Papa.- Pues no les hagas muchas carantoñas, no se te enfaden los blancos o rojiblancos de Madrid… ¿Qué tal con el jefe de los protestantes alemanes?
El Papa.- Muy bien. Quiero devolverle la visita en Alemania. Cuando te encuentras con gente así, te das cuenta de que todos buscamos al mismo Dios.
Suegro del Papa.- ¿Incluso Ban-ki Moon?
El Papa.- ¿Por qué no? Compartimos ambos un objetivo y una responsabilidad: los excluidos, los desheredados, los perseguidos del mundo. Si unimos esfuerzos, seremos más eficaces. Nos seré yo el que divida y pondré todo mi esfuerzo en ello, en unir y rogarlo a los cuatro vientos. Es el único sentido de tener un Estado y estar en la ONU.
Suegro del Papa.- Así visto, hasta parece bien que existe el Vaticano…

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