renuncia: lo dejo.

Suegro del Papa.- ¿Cómo estás?
El Papa.- Bien. Mejor que ayer. Ya te dije que me quitaría un peso de encima.
Suegro del Papa.- Tienes a mucha gente de buena fe hecha polvo. No se lo esperaban y les cuesta digerirlo.
El Papa.- Ya lo imaginábamos.
Suegro del Papa.- Y tienes también a muchos encantados de que te vayas. Como si contigo se acabaran los Papas.
El Papa.- También lo sabíamos. A esos quizás no supe anunciarles un mensaje prometedor y liberador. Para esos, creo que no lo hice bien. Dios me perdone.
Suegro del Papa.- Hicieras lo que hicieras, estarían encantados con amargarte incluso la renuncia. Son los de siempre. Los que tu Maestro llamaba “las puertas del infierno”. Así que no sufras.
El Papa.- Un sufrimiento han sido estos siete años. Nadie tan pequeño como yo puede llevar una carga tan grande sin Su amor y el de la Iglesia. Si hoy yo fuera Cardenal, a la mínima posibilidad de ser Papa estaría temblando.
Suegro del Papa.- Pues también los hay aquí en el Vaticano muy cerca de ti encantados de que te vayas: el escalafón es el escalafón…
El Papa.- No seas cínico.
Suegro del Papa.- No lo soy. Alguno vestido de rojo meterá una botella a enfriar para celebrar que comienza la carrera de su vida y por si dentro de mes y medio tiene algo que celebrar.
El Papa.- Pues será un inconsciente. Que Dios le ayude.
Suegro del Papa.- ¿Podrás descansar?
El Papa.- Espero que sí. Mi vida está entre dos llamadas. La que me trajo al sacerdocio hace muchos años, siendo joven y la que a partir de ahora espero de final de mis días, que probablemente no tardará. Ya no me queda nada en la Tierra. Ansío verle cara a cara. Confío en que esta espera sea tranquila, breve y en paz y comience hoy con un sueño relajado.

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Estoy cansado

El Papa.- Estoy cansado.
Suegro del Papa.- Te lo noto. Tienes más ojeras de lo habitual. Incluso menos voz. Y más cascada, si me apuras. Y no es precisamente de Jägermeister o del orujo español de Rouco.
El Papa.- Estoy cansado por fuera y por dentro. Soy viejo. Y no sé ya si alguno se aprovecha de ello, porque pueda no enterarme de las cosas. A veces lo pienso, que a algunos les viene bien tener por aquí un leño que tendría que estar ya en una residencia. Y esto me causa mucha fatiga, me tiene muy tenso.
Suegro del Papa.- Pues ellos no deben sufrir mucho.
El Papa.- Ellos ¿quién?
Suegro del Papa.- Esos en los que tu piensas; no hace falta que te dé los nombres. Además vendrán más fuertes.
El Papa.- Ya lo sé: Están de vacaciones…
Suegro del Papa.- Sí. Paseas por las oficinas vaticanas y hay cuatro pringados. Y tú aquí.
El Papa.- Déjalo. Casi es de agradecer. Me gusta que haya más espacio y menos gente. Además, quedan los considerados menos importantes: y son los que aun tienen el mundo fresco en sus ojos, en su voz y en su conciencia. Nadie como ellos para traer la calle hasta nosotros.
Suegro del Papa.- Buena reflexión: Os pasa a todos los Jefes de Estado que os rodea una corte que os impide sentir a la gente… menos mal que te das cuenta. ¿Has pensado en acabar con todo esto alguna vez?
El Papa.- Por supuesto que he reflexionado y medito sobre ello. Pero no veo la solución. ¿Seguiría teniendo poder, capacidad y medios para predicar la libertad de los hijos de Dios, la injusticia de los oprimidos, el pecado planetario de la destrucción del mundo, la bestialidad de las guerras, el derecho de los no nacidos, la opresión de la mujer, la hambruna de los más pobres, la condena a la pobreza? Medios económicos, desde luego, no tendría. Y no creo que entonces a los mass-media les interesara mucho mi rollo y me dieran facilidades para difundirlo. Basta mirar los periódicos.
Suegro del Papa.- Pero Él debería en ese caso cumplir su promesa y ayudarte.
El Papa.- Y lo hace. Pero partiendo de que primero nos hace libres y luego nos ayuda. ¿Te parece que no tengo motivos para estar cansado? “Venid a mi todos los que estáis cansados que yo os aliviaré”. Parece que lo dijo para todos menos para mí, su hombre en la tierra.
Suegro del Papa.- ¿Tiembla tu fe?
El Papa.- Tiembla mi cuerpo y mi alma, no mi fe. Pero lo daría todo por vestir una sotana negra, en un pueblo diminuto y nevado, y no tener más urgencia para mañana que levantarme tranquilamente para decir mi misa de diez a unos pocos feligreses… Hasta mañana. Me voy a la cama.

Mayordomo del Papa

Suegro del Papa.- Así que has estado en la cárcel.
El Papa.- Bueno, si se puede llamar cárcel a lo que tenemos aquí.
Suegro del Papa.- Pero has visto sólo a uno de los dos que tienes allí. O que tenías.
El Papa.- Hoy tocaba a Paoletto. Pero haremos lo mismo también con el informático.
Suegro del Papa.- ¿También te vas a fotografiar con él?
El Papa.- No hombre, no me refiero a eso. Me refiero a que lo dejaremos partir. La foto, que sigo pensando que vale más que mil palabras, es un testimonio del perdón, tan necesario hoy entre tanta gente y tantos pueblos. Y en este caso, no es perdón de los pecados porque soy cura, sino perdón cordial porque soy humano y padre de los creyentes en Cristo. Es el perdón de un viejo a joven voluntarioso y débil; de un padre a un hijo que se fue y puede volver.
Suegro del Papa.- ¿Qué te ha contado? ¿O es secreto de confesión?
El Papa.- No, no es secreto. Me ha dicho que lo que hizo pensó que ayudaba a la Iglesia. Que lo hizo por respeto y lealtad a mí. Que se ha dado cuenta de que se ha equivocado, pero que no logra sacar de su corazón el poco aprecio, incluso el desprecio que tiene hacia la mayoría de los politicuchos (así los llamó) de la Curia Vaticana.
Suegro del Papa.- ¿Y no crees que está en lo cierto? !A lo mejor tenías que hacerlo Cardenal!
El Papa.- Ya estás con tus cinismos. Lo que sí te puedo decir es que me ha llevado a una reflexión y a una pregunta: ¿cuántos hombres y mujeres habrá de buena voluntad que cuando parece que actúan contra nosotros, contra la Iglesia, en el fondo lo hacen por una enorme pasión por la Iglesia y por Jesucristo? !Que El nos ayude a no hacerles daño, a entenderlos e incluso a ver en ellos los signos de los tiempos!
Suegro del Papa.- ¿Te vas a la cama? y del nuevo mayordomo ¿te fías?
El Papa.- !Qué impertinente y ácrata eres! !Que descanses!

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