Papa Francisco: los perros van al cielo, el Dalai Lama y la Iglesia en China

Suegro del Papa.- Bueno, qué ¿los perros van al cielo o no?
Papa Francisco.- Pregúntale a San Pablo, cuando dice que “la creación entera será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios”. O aquello de “un nuevo cielo y una nueva tierra”.
Suegro del Papa.- Déjate de historias, no me salgas por la tangente.
Papa Francisco.- ¿Por qué estás tan interesado?
Suegro del Papa.- Primero porque se ha armado bastante alboroto y te has metido en el charco de definir o explicarnos qué es el cielo. Es muy fácil eso de que “no es un sitio, sino un estado”. Y segundo: porque sólo los que hemos tenido un perro podemos saber hasta qué punto son personas.
Papa Francisco.- Juan Pablo II ya dijo que también los animales tienen un aliento vital recibido de Dios. Y no sabemos qué sucederá con ese aliento vital. Pero no sería descabellado pensar que Dios no permitirá que desaparezca. ¿Por qué no van a estar nuestros perros en la tierra nueva?
Suegro del Papa.- ¿Lo dices para consolarme?
Papa Francisco.- No. No lo digo: me lo pregunto. ¿Por qué? Hermano perro, que diría San Francisco…
Suegro del Papa.- Cambiando de tercio. ¿Y el Dalai Lama? Te has rajado ante China por no recibirlo.
Papa Francisco.- No es cierto: no he debido recibir – a mi criterio – al Dalai Lama que viene a una reunión de premios Nobel, puesto que a él se le concedió por hacer política en China y contra intereses chinos. Cosa que no critico. Pero yo no puedo apretar más el dogal de los cristianos perseguidos en China por ser fieles a la Sede de Pedro. Y ésa sería una consecuencia inmediata.
Suegro del Papa.- Pues Benedicto XVI lo recibió…
Papa Francisco.- En otro contexto y circunstancia, en 2006. ¿Cómo puede ser que haya una Iglesia en China apoyada por el partido comunista y dirigida por él y otra Iglesia, fiel a San Pedro, viviendo en la clandestinidad? ¿Cómo puede ser que el Vaticano no mantenga relaciones diplomáticas con China? Yo quiero arreglar eso, y, de paso, echar la mano que pueda a la gente que sufra en el Tibet.

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Abolir el celibato

Suegro del Papa.- ¿Así que te visitará pasado mañana el arzobispo de Canterbury?
Papa Francisco.- Es un detalle por parte de Justin Welby venir a verme al Vaticano.
Suegro del Papa.- ¿Viene a verte o a venderte petróleo?
Papa Francisco.- ¡Qué descarado eres! Trabajó en las petroleras y fue un pez gordo, pero hasta que Dios le llamó por este camino eclesial y lo dejó todo.
Suegro del Papa.- ¿Y viene solo?
Papa Francisco.- No. Viene con el obispo católico de Canterbury, con el que se entiende bastante bien.
Suegro del Papa.- No me refiero a eso. Si viene con su familia, vas a tener que recibirlo en la sala de audiencias generales: Tiene esposa y cinco hijos vivos. Una murió. Ese sabe de qué va la vida, no tú. No sabes lo que cambia la vida teniendo mujer, hijos, suegros, yernos etc.
Papa Francisco.- No lo sé pero creo que puedo intuirlo.
Suegro del Papa.- Pues póngaste como te pongas, el celibato es un tema que tienes encima de la mesa y que tienes que enfrentar. Welby te podría ayudar.
Papa Francisco.- En mi caso el celibato es una opción personal, pero sé que hay sacerdotes que optando por el sacerdocio tienen que aceptar el celibato como una carga añadida, y para muchos de ellos innecesaria.
Suegro del Papa.- Pues ya sabes…
Papa Francisco.- Sigo con interés los casos de curas casados anglicanos que se vienen al catolicismo. ¿Te cuento un chiste?
Suegro del Papa.- Dime.
Papa Francisco.- Son dos viejos curas, charlando después de mi elección. Le dice uno al otro: “¿crees que habrá un concilio pronto?” Y le responde el otro: “Casi seguro que sí”. Y le pregunta el primero: “¿Y abolirán el celibato?”. Y le dice el segundo: “Casi seguro que sí, pero eso no lo veremos tú yo. Ya lo verán nuestros hijos…”
Suegro del Papa.- Lo conocía porque lo contaste en un libro en Buenos Aires. Volviendo a Canterbury, al final el arzobispo es el segundo. Manda la reina de Inglaterra en esa Iglesia.
Papa Francisco.- Es un cisma que no tenía que haberse producido nunca. Problemas de bragueta de un rey y poca mano izquierda y comprensión de todos tienen la culpa. Voy a apoyar a Welby en su lucha por la regeneración moral y ética de este mundo canalla y criminal de las finanzas, que él conoce muy bien. Que Dios nos ayude a los dos.

El Papa Francisco está cansado

Papa Francisco.- ¿Dónde has estado? Llevas un mes fuera. Te he echado de menos.
Suegro del Papa.- He ido a Palestina. Tenía ganas de descansar y ¡madre mía! Lo que me he encontrado allí. Mi tierra y la de tu Jesús ya no es mía ni suya.
Papa Francisco.- ¿Estabas cansado?
Suegro del Papa.- Sí. Yo he vivido una renuncia de un Papa y una elección, todo seguido. Tú sólo has vivido una elección, aunque sea la tuya. Y estaba cansado.
Papa Francisco.- Feliz tú. Estabas: yo lo estoy.
Suegro del Papa.- Ya lo veo. He llegado a tiempo para la hora santa de adoración al Santísimo. Y te he visto cansado, serio. Caminando casi dando bandazos en algún momento.
Papa Francisco.- Pues sí. Tengo las rodillas hechas polvo. ¡Qué cáliz es esto! Comprendo a Benedicto XVI y su renuncia. Como te fallen un poco las fuerzas físicas…
Suegro del Papa.- Y de las otras fuerzas ¿cómo vas?
Papa Francisco.- Bien, bien…
Suegro del Papa.- Cualquiera lo diría. Salías de la adoración como si salieras de un funeral y no de una fiesta. ¿Dónde estaba mi Papa Star? Ni saludabas a la gente, ni bendecías…
Papa Francisco.- Aun no me había desprendido del ambiente de gran concentración y recogimiento que hubo durante la adoración del Santísimo.
Suegro del Papa.- Te he seguido de lejos este mes y veo que, al menos, estás en forma mental. Le has zurrado bien zurrado a la mafia, a la guerra, a las nuevas formas de esclavitud… Ahí estás bien. Pero no sé si la gente está esperando algún gesto más notable, antes de que se apague el fuego de esperanza de tu elección.
Papa Francisco.- ¿Cómo qué?
Suegro del Papa.- No sé. Hay quien dice que aun no has metido mano a la Curia, otros que quisieran ver medidas para que tus obispos estuvieran tan cercanos a la gente como pareces estar tú. Por cierto: ¿sabes la que hay montada para conseguir invitaciones a tu misa diaria en Santa Marta?
Papa Francisco.- Y ¿por qué?
Suegro del Papa.- Porque dicen que allí eres un viejo, bonachón y sencillo párroco de pueblo y que la gente te entiende, pero que la Curia no quiere que se televisen esas pequeñas misas no sea que se apague el brillo de oropel de la Santa Sede.
Papa Francisco.- Todo camina, toda va hacia adelante conforme a sus planes. Los de Él, no los de la Curia ni los míos. Él no ama con locura a todos. Y yo estoy aquí para que todos lo sepan y lo comprendan. Que nos creó por amor, no por diversión ni por aburrimiento. Yo sólo soy el viejo timonel que sigue las instrucciones de un sabio capitán. Y siento tras de mí la fuerza de esta su Iglesia, que sufre, que convive con los pobres, los enfermos, los oprimidos, los desheredados. Esa Iglesia del dolor y del martirio que nos pone la cara colorada a los de las moquetas y alfombras. Bienvenido. ¿Cenamos juntos?

De Cardenal Bergoglio a Papa Francisco I

Suegro del Papa.- Me voy al Vaticano. Ya tengo yerno. Dame un abrazo. Me da pena dejarte aquí en Castel Gandolfo. Pero el cónclave ha concluido.
El Papa Emérito.- Es tu sitio. Te he querido mucho. Te echaré de menos. ¿Vendrás a verme?
Suegro del Papa.- Espero que no sea pronto. En todo caso en dos meses o así te veo allí. Confío en que a Francisco I Dios le dé un pontificado largo o hasta que él,como tú, lo decida.
El Papa Emérito.- Pelota. Eres un pelota.
Suegro del Papa.- Todo lo pelota que quieras. Pero si Bertoglio es un buen Papa, como creo, será, en una enorme parte, por lo que tú has hecho y dicho con tu renuncia. Por cierto: vaya detallazo. ¡Puso a rezar al mundo entero por ti!
El Papa Emérito.- Pero el detalle y el gesto no es eso sólo. Fíjate en el pectoral, el crucifijo, que sacó: lejos del oro. Fíjate en que salió sin la esclavina roja, signo que podía ser percibido como un lujo. Fíjate en cómo pidió que el pueblo le bendijera antes de bendecir él al pueblo: qué gesto, inclinándose ante sus fieles de Roma. Y para qué hablar del nombre: Francisco, la humildad y la naturalidad por antonomasia.
Suegro del Papa.- ¿Estás contento?
El Papa Emérito.- Me he emocionado. Pudo haber sido Papa cuando yo lo fui. El Espíritu Santo es cabezota. Espero no haber sido yo un obstáculo de ocho años para que llegara el Papa que Él quería.
Suegro del Papa.- Puedes estar seguro de que no. Tú has sido el paso necesario para este otro paso. Y él te lo ha agradecido. Ha sido muy elocuente su insistencia en ser obispo de Roma, Roma como Iglesia que preside a todas las demás en la caridad y no como jefa… No sé… Me parece un buen yerno. Ya te contaré. Y déjame que te abrace. Tú has sido un gran Papa. Ahora ayúdale si puedes, pero no le des la lata.
El Papa Emérito.- Francisco I puede estar seguro de que no sólo no le molestaré. Procuraré que no le molesten otros. Que Dios le ayude y todos nosotros también.
Suegro del Papa.- Hasta siempre, Joseph; hasta siempre Benedicto; hasta siempre, Ratzinger.

Entramos al cónclave: cardenales electores

Suegro del Papa.- ¿Nos vamos a Roma mañana y nos colamos en la Capilla Sixtina?
El Papa emérito.- Yo no.
Suegro del Papa.- ¿No me digas que no te encantaría ver el cónclave, verlos discutir y razonar?
El Papa emérito.- La verdad es que no. Que Dios me perdone, pero es que a alguno a lo mejor lo tenía que poner en su sitio al escucharlo…
Suegro del Papa.- ¿A quién?
El Papa emérito.- Eso queda para mí.
Suegro del Papa.- ¿Te das cuenta de que a lo mejor tienes que convivir con alguno de los que no te gustan?
El Papa emérito.- Estoy seguro de que el próximo Papa será un gran Papa. Primero porque creo en el Espíritu Santo. Después porque aunque uno por uno los cardenales sean lo que son, como todos los colectivos, juntos se transforman en algo serio e importante. Y tercero, si me lo permites, porque para algo valdrá mi renuncia. Mi dimisión les ha metido en la cabeza y en el alma que el tiempo apremia, que los tiempos son difíciles, que llegó la hora del estropajo y la lejía y que hace falta el mejor, que sea impoluto, gran creyente y muy fuerte.
Suegro del Papa.- Qué claro lo tienes. Ahora dame el nombre.
El Papa emérito.- Sabes que no te lo daré. Me ha gustado lo que dijo el cardenal de Nigeria: “Dios ya tiene decidido quién será el nuevo: ahora nos toca a nosotros adivinarlo”. Y El hará su trabajo. Hoy tengo cosas en la cabeza y en el corazón que me martirizan más.
Suegro del Papa.- ¿Como qué?
El Papa emérito.- Pues como los mártires cristianos de Lahore y Karachi de ayer y los cientos, si no miles, de cristianos a los que les han quemado las casas por el simple hecho de ser cristianos. A esa gente, cristianos de base y de verdad hasta las últimas consecuencias, tienen que mirar los señores cardenales.
Suegro del Papa.- Ya. Menuda tragedia… ¿Cómo va el piano? ¿Bién? Yo quizás sí que intente colarme al cónclave. Te doy tres nombres: Ravasi, Bagnasco y Schönborn… Vaya cara de poker que me has puesto… No hay manera de cazarte.

Los cardenales del Vatileaks

Suegro del Papa.- Vaya fotito guapa que te han hecho.
El Papa Emérito.- Parece mentira que aun le siga interesando a alguien un viejo retirado.
Suegro del Papa.- Pero un viejo que no es cualquier viejo. Por cierto: con la gorrilla blanca y el bastón pareces todo un bisabuelo.
El Papa Emérito.- Bisabuelo, ¿por lo de más acabado que un abuelo?
Suegro del Papa.- Daría dinero por verte vestido con la misma gorrilla, unos pantalones, un jersey y un buen tabardo encima. Esa es la Iglesia que querrían muchos católicos, lejos de los lujos que implica el Vaticano, la Santa Sede y todo eso.
El Papa Emérito.- Y son admirables, esos católicos, y yo me siento bien cercano a ellos. El nuevo Papa tendrá que enfrentar ese tema: que las aparentes riquezas de la Iglesia, que no nos pertenecen, que son de toda la humanidad, que están ahí para que nos sirvan de altavoz ante el mundo, no sean un obstáculo para la fe de los pobres y desheredados, que es a quienes nos mandó Cristo predicar la buena noticia del Evangelio.
Suegro del Papa.- ¿Mucho tardan, no, en encerrarse? ¿A qué esperan? Me parece que no te agradecen mucho la decisión de que podían adelantar el cónclave.
El Papa Emérito.- Cuantos más tarden en entrar al cónclave puede ser que la elección sea más corta, porque la lleven preparada. Quizás quieran eso: No dejar muchos días a la iglesia incomunicada con su cabeza visible, que ahora son ellos colegialmente.
Suegro del Papa.- No es eso lo que me decían ayer en una vuelta que me día por Roma.
El Papa Emérito.- ¿Qué te decían? ¿Ya te han dicho quién será Papa?
Suegro del Papa.- Justamente ese es el problema. Que no se ponen de acuerdo. Que están muy divididos. Que incluso hay broncas. Quieren uno que sea impecable, pero no están de acuerdo en qué quiere decir impecable. Traen locos a los cardenales del informe Vatileaks. Me recuerda aquello de Judas en los evangelios cuando Jesús hablaba del que le iba a entregar a los romanos “¿Soy acaso yo, Señor?”, pregunta que aquí cambian por “¿Estoy acaso yo en los papeles del Vatileaks?”, pero que nadie se atreve a formular en público.
El Papa Emérito.- Yo creo que se lo están tomando mucho más en serio de lo que la gente cree y mucho más religiosamente de lo que pretenden algunos hablando de esos conflictos y lucha de cuchillos entre ellos. Creo que mi renuncia puede servir al menos para eso: hacerles ver que ser Papa puede ser humanamente apetecible, pero que es una carga inaguantable, que precisa de fuerza, coraje, entrega absoluta, un pasado irreprochable e impoluto y una enorme fe en Dios. Además de un amor a esta institución pecadora que es la Iglesia. ¿De quién se habla?
Suegro del Papa.- Ayer mucho de Schönborn y Erdö. Y hay gente haciendo campaña por los hispanoamericanos. ¿Paseíto?
El Papa Emérito.- Vamos y rezamos un rosario por todos ellos.

El Papa se va: esto se acaba

Suegro del Papa.- Esto se acaba.
El Papa.- Ya lo sé. Quedan muy pocos días.
Suegro del Papa.- No, no me refiero a eso. Me refiero a los ejercicios espirituales, que acaban mañana y te han venido de cine para escaquearte.
El Papa. ¿Pero qué dices?
Suegro del Papa.- Lo que oyes. !Anda que no lo sabes! Pues no andan por ahí como lobos algunos a ver si pueden echar una parrafadita contigo y ver por dónde van los tiros.
El Papa.- Saben que no me voy a prestar.
Suegro del Papa.- Ese es el problema. ¿sabes lo que se podría pagar por saber realmente por qué te vas o en quién piensas como sucesor? Y luego toda la porquería que está saliendo: que si el Cardenal tal es esto, que si el otro es lo otro. Que si algunos no deberían participar en el conclave…
El Papa.- Pues ahí tienes una clave principal. La Iglesia está en un momento clave para volver a ser una referencia moral y creíble del mundo. Y hace falta mucha fuerza para el trabajo que hay que hacer. Yo he hecho el trabajo base: he sacado a la luz los problemas, he marcado los caminos para resolverlos y he pedido perdón al mundo entero por las burradas que hemos hecho y hacemos. Ahora hace falta alguien con gran empuje, que me ponga en la picota a mí mismo si hiciera falta.
Suegro del Papa.- Caray !Te han sentado bien los ejercicios!
El Papa.- Sí. Me han dado la certeza de que estamos en el buen camino, que la renuncia ha sido acertada. Y de que Él estará con el nuevo. Y a ti ¿qué tal te han sentado estos días sin verme?
Suegro del Papa.- Pues como todos, haciendo quinielas. Y a mi me va algo en ello.
El Papa.- Ah, ¿sí?
Suegro del Papa.- Pues claro: tú te vas, pero yo seguiré de suegro del Papa. de otro más. Y tengo mis preferencias.
El Papa.- Dime cuáles son.
Suegro del Papa.- Si me prometes decirme sí o no.
El Papa.- Vale.
Suegro del Papa.- No me fío. Tiene truco. No me puedes aceptar el reto así. Me lo voy a pensar. Mañana te digo. ¿Puedo ir contigo a Castel Gandolfo hasta que vuelva con el nuevo al Vaticano?
El Papa.- Por supuesto

Dimisión del Papa: no hay marcha atrás

Suegro del Papa.- Hacía tiempo que no te veía esa carita relajada como hoy en la audiencia general.
El Papa.- ¿No me digas? La verdad es que me he emocionado.
Suegro del Papa.- Sabes que siempre estabas muy tenso, y que tu rostro no es precisamente muy fotogénico y acogedor.
El Papa.- Es el que Dios me ha dado. No nací para el espectáculo y los mass-media.
Suegro del Papa.- Ya, pero hoy tenías esa cara bonachona de abuelo que no has tenido nunca durante estos ocho años. Dabas hasta ternura.
El Papa.- Siento la oración y el cariño de la gente después de anunciar la decisión.
Suegro del Papa.- Chico, casi es para volverse atrás. Tu rostro, más fuerza, te sientes querido…
El Papa.- ¡No, por Dios! Que pase de mí este cáliz.
Suegro del Papa.- Sí, mejor. Porque alguno se mosquearía mucho si volvieras a empezar.
El Papa.- ¿Por qué eres tan ácido?
Suegro del Papa.- Porque lo es la realidad. Tú sabes que algunos ya han empezado a mover – perdóname – el rabo para intrigar y hacer política.
El Papa.- No eres justo. La mayoría son inmensamente respetuosos con su responsabilidad para el futuro. Y para muchos cardenales el tener que elegir Papa ha caído sobre ellos como una pesada losa.
Suegro del Papa.- Pues ya sabes que hay hasta casas de apuestas con el tema, como no podía ser menos. Pasa como en el fútbol ¿cómo no va a haber intereses?
El Papa.- Yo sigo creyendo en el Espíritu, aunque, si me permites la broma, conmigo se haya equivocado. No se va a equivocar dos veces seguidas.
Suegro del Papa.- ¿Cenamos juntos?
El Papa.- No voy a cenar. Sólo voy a tomar leche y un poco de apfelstrudel. Si quieres…
Suegro del Papa.- No. Entonces me iré a cenar por ahí, a ver qué dice la gente de ti.

renuncia: lo dejo.

Suegro del Papa.- ¿Cómo estás?
El Papa.- Bien. Mejor que ayer. Ya te dije que me quitaría un peso de encima.
Suegro del Papa.- Tienes a mucha gente de buena fe hecha polvo. No se lo esperaban y les cuesta digerirlo.
El Papa.- Ya lo imaginábamos.
Suegro del Papa.- Y tienes también a muchos encantados de que te vayas. Como si contigo se acabaran los Papas.
El Papa.- También lo sabíamos. A esos quizás no supe anunciarles un mensaje prometedor y liberador. Para esos, creo que no lo hice bien. Dios me perdone.
Suegro del Papa.- Hicieras lo que hicieras, estarían encantados con amargarte incluso la renuncia. Son los de siempre. Los que tu Maestro llamaba “las puertas del infierno”. Así que no sufras.
El Papa.- Un sufrimiento han sido estos siete años. Nadie tan pequeño como yo puede llevar una carga tan grande sin Su amor y el de la Iglesia. Si hoy yo fuera Cardenal, a la mínima posibilidad de ser Papa estaría temblando.
Suegro del Papa.- Pues también los hay aquí en el Vaticano muy cerca de ti encantados de que te vayas: el escalafón es el escalafón…
El Papa.- No seas cínico.
Suegro del Papa.- No lo soy. Alguno vestido de rojo meterá una botella a enfriar para celebrar que comienza la carrera de su vida y por si dentro de mes y medio tiene algo que celebrar.
El Papa.- Pues será un inconsciente. Que Dios le ayude.
Suegro del Papa.- ¿Podrás descansar?
El Papa.- Espero que sí. Mi vida está entre dos llamadas. La que me trajo al sacerdocio hace muchos años, siendo joven y la que a partir de ahora espero de final de mis días, que probablemente no tardará. Ya no me queda nada en la Tierra. Ansío verle cara a cara. Confío en que esta espera sea tranquila, breve y en paz y comience hoy con un sueño relajado.

Matrimonio gay para el Vaticano

Suegro del Papa.- La que se ha liado con las declaraciones del arzobispo Paglia sobre el matrimonio homosexual.
El Papa.- No sé si son las prisas, la ignorancia, o peor aun, la falta de ética profesional, pero hay mucha manipulación de la información. Y este es un caso evidente.
Suegro del Papa.- Bueno: pero dijo o no dijo sí a las uniones homosexuales…
El Papa.- Las uniones homosexuales son una realidad, por tanto de nada vale que él diga sí o no. A lo que él dice no, como lo dicen millones de personas en oriente y occidente es que la familia básica, avalada civil o religiosamente por la palabra matrimonio, debe ser sólo la de una mujer y un hombre. Y que esa familia hoy ha de ser protegida por las leyes como lugar de respeto, de creación, de protección para los niños y de acompañamiento para enfermos y ancianos. Y con leyes justas, que cada uno decida según su conciencia.
Suegro del Papa.- Pero me parece que tu arzobispo fue un poco más allá y que ahora quiere dar marcha atrás.
El Papa.- No señor: ha ido hasta donde tiene que ir. ¿Cuántos años hace que el Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2358 dice respecto a las personas homosexuales: que «deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta»? ¿Lo has visto publicado con todo su valor y su fuerza? Respeto y evitar todo signo de discriminación injusta. Eso es lo que ha recordado el arzobispo.
Suegro del Papa.- Realmente tenéis difícil pasar el mensaje, porque os manipulan. Pasa en todos los órdenes de la vida: sólo interesa lo que sorprende, aunque sea falso.
El Papa.- Tengo por los homosexuales el mismo respeto y me debo a ellos con la misma energía que a los demás hijos de Dios. Y lo que ha recordado Paglia es que hay al menos dos docenas de países en el mundo en los que ser homosexual es un delito y se les puede condenar a muerte. Y nuestra obligación es gritar al mundo que eso además de un error, es una injusticia. Lamentablemente sólo salimos en los papeles si a alguien cercano se le ocurre sumarse de alguna manera a esas barbaridades.
Suegro del Papa.- ¿Estáis como el PP en España? ¿Os falta explicación, didáctica?
El Papa.- Quizás también. Pero lo que falta, sobre todo, es buena voluntad para transmitir lo que predicamos, y no esa furibunda crítica torticera de todo lo que decimos.

Cura pederasta. El cardenal Mahony

Suegro del Papa.- ¡Puf! Te compadezco! ¿Te ha costado mucho decidirte?
El Papa.- ¿El qué?
Suegro del Papa.- La degradación, por decirlo de alguna manera, del cardenal de Los Angeles.
El Papa.- Pues sí. Me ha costado. Mahony es un cardenal. Pero no sólo es de Los Angeles. Para todo el mundo es un cardenal de la Iglesia universal.
Suegro del Papa.- ¿Lo decidiste tú solo?
El Papa.- No, lo hice con su arzobispo. Pero estaba cantado desde que tuve constancia de que había tratado de encubrir a los curas pederastas.
Suegro del Papa.- No te va a creer nadie. Lo has hecho porque no tenías más remedio. Si hubieras podido, lo habrías tapado, como hizo él.
El Papa.- Te juro que nunca. Siendo cardenal ya intenté aclarar todas estas cosas. Y la Iglesia americana fue de las que reaccionó con contundencia. Incluso Mahony. Pero no entiendo, y no se lo perdono, cómo pudo pensar que bastaba con pagar por lo ya conocido y evitar que se supiera más.
Suegro del Papa.- Se asustó: era mucho lo que podía salir.
El Papa.- Tenía que haberse asustado menos para no pasar la vergüenza y, sobretodo, el dolor de ahora. Como dice el arzobispo, lo que había detrás era algo triste y malvado, brutal y doloroso. No te puedes imaginar el sufrimiento que me causa pensar en lo que han tenido que sufrir esos pobres niños y quizás sus familias por culpa de unos ministros del Señor impresentables.
Suegro del Papa.- Tu colega el arzobispo ha dicho que “la lectura de estos archivos es brutal y dolorosa. El comportamiento descrito en ellos es terriblemente triste y diabólico”.
El Papa.- Pues me atrevo a decir que se ha quedado corto. Jesús dijo que quien hiciera sufrir a uno de esos pequeños, más le valía que le ataran una piedra de molino al cuello y lo echaran al mar. Y yo voy a acabar con ello, como sea. Ojalá que la sociedad pueda y quiera hacer lo mismo con los que no son curas.
Suegro del Papa.- ¿Qué te pasa? ¿A qué viene eso?
El Papa.- ¿Qué a qué viene eso? Hay un informe de la ONU que dice que al año hay más de doscientos millones de menores de edad, chicos y chicas, que tienen relaciones sexuales forzosas o sufren otras formas de violencia sexual. Y esos niños me duelen tanto como los abusados por mis curas. La única diferencia es que lo de mis curas es más grave que lo de los otros violadores. !Porque mis curas tenían que estar justo para protegerlos! Que Dios nos perdone.
Suegro del Papa.- Pue sí.
El Papa.- En fin: otra noche sin dormir. Pero como dirías tú, va en el sueldo. ¡Qué cruz! Hay momentos que la muerte se ve como una liberación. Que descanses.

Pagar impuestos

Suegro del Papa.- En España os lo están poniendo difícil.
El Papa.- Sí. Y lo malo es que son tiempos difíciles. Parece que no les llega el dinero para todo lo que tienen que hacer.
Suegro del Papa.- Pues ya sabes lo que dicen: que la Iglesia es inmensamente rica.
El Papa.- Sí señor: somos incalculablemente ricos.
Suegro del Papa.- !Qué dices! te van a colgar. No te había oído eso nunca.
El Papa.- Somos tan incalculablemente ricos como incalculable es el valor de la catedral de Santiago, por ejemplo. ¿A quién se la vendemos? ¿Qué nos harían los fieles si la vendiéramos a una empresa americana para montar un parque temático, aunque fuera religioso? Y no me digas que podemos vender pequeñas joyas, como coronas, cálices o cosas así. Porque aunque seamos sus dueños teóricos, no nos pertenecen. Pertenecen a los fieles y a la historia.
Suegro del Papa.- Pues vete preparándote, porque a Rouco y compañía los van a aburrir, por ejemplo con el IBI.
El Papa.- Ya lo sé. Pero creí que ese tema se había serenado un poco. ¿Hay novedades?
Suegro del Papa.- Pues mira si las hay: Un juez de Orense acaba de obligar al obispado a pagar el IBI de cuatro recintos de la Iglesia. Y lo que no te va a gustar nada es la razón básica que alega…
El Papa.- ¿Cuál? Dímelo, si ya me lo espero todo.
Suegro del Papa.- Falla que tenéis que pagar porque no habéis probado ser una entidad sin ánimo de lucro.
El Papa.- Eso duele. Podrán decir de nosotros muchas cosas, pero catalogarnos como negociantes con ánimo de lucro… Todo es el calumnia, que algo queda y va dejando un poso terrible. Pero en fin. Dios proveerá y la verdad al final se abrirá camino. Hay sacerdotes y monjas en España, y en el mundo, que pasan hambre para que coman otros en estos tiempos.
Suegro del Papa.- Ya, pero eso hoy no luce ni cuenta: lo que luce y cuenta son los palacios episcopales, tus ropas de lujo, la suntuosidad de la Curia…
El Papa.- En nuestro pecado tenemos la penitencia. Siendo la gran mayoría pobres de espíritu y muy solidarios, parecemos ricos avaros. Ayudamos puntualmente y caso por caso a salvar las crisis y sin embargo parece que estamos entra los que las creamos por no pagar impuestos. Qué fácil es juzgar sin capacidad crítica y sin aportar soluciones.
Suegro del Papa.- Pero es lo que tú dices: quizás tenéis lo que os merecéis.
El Papa.- Pues yo te digo que no. la Iglesia no soy yo: son los millones de buena gente que en España y donde sean están echando una mano en estos momentos durísimos. Y esa gente, diga lo que diga un juez o su cochero, no necesitan demostrar que lo hacen sin ningún ánimo de lucro.

Aborto y pederastia

Suegro del Papa.- Buenos días. Te veo tenso. Ayer en las audiencias te vi muy… normalucho, nada brillante.
El Papa.- Ando preocupado.
Suegro del Papa.- Se te nota. Te veo rezar mucho. ¿Qué te pasa?
El Papa.- El lío de mis colegas obispos alemanes.
Suegro del Papa.- ¿Cómo han cesado al criminólogo de la investigación de la pederastia en la Iglesia?
El Papa.- Eso mismo me pregunto yo. Hagan lo que hagan, a ver a quién convencemos ahora de que estamos haciendo este esfuerzo por descubrir a los criminales y ponerlos a disposición de los jueces.
Suegro del Papa.- Pero ¿por qué lo han hecho?
El Papa.- El error quizás fue nombrarlo de entrada, sin haber conocido sus métodos y personalidad. Tenían que haber buscado una persona más eficaz y más ecuánime, que es lo que buscan ahora. El objetivo parece ser que es asegurar la celeridad, la ecuanimidad, la prudencia y la eficacia. Quieren que esto no dure eternamente. Pero ahora será difícil que les crea nadie.
Suegro del Papa.- Y a tí qué más te da. Tú diste instrucciones de adelante caiga quien caiga.
El Papa.- Ya, pero “la mujer del César no sólo tiene que ser casta, sino parecerlo”.
Suegro del Papa.- Te da igual. Está de moda darte palos a tí y a tu Iglesia: eso vende y viste. Así que no sufras.
El Papa.- Hablando de sufrimiento tengo dos cosas que no se me quitan de la cabeza y del corazón en estos días: la situación de la mujer en la India y los abortos en Europa
Suegro del Papa.- Bueno: en la India lo quieren arreglar separando a las mujeres y a los hombres en los medios de transporte.
El Papa.- ¿Y te parece normal en pleno siglo XXI? ¿Sabes lo que eso significa? Pisar sus derechos, peores medios de transporte, seguir manteniendo impunidad para el concepto de que la mujer es violable, !qué se yo!
Suegro del Papa.- Y ¿qué hay de nuevo en los abortos?
El Papa.- Hay estudios que señalan que en los abortos a partir del tercer mes uno de cada seis niños nace vivo y lo dejan morir dcespués, quizás incluso sufriendo. Como esto es delito hasta en los países que permiten el aborto, se está proponiendo una “solución”: inyección de potasio al corazón antes de abortarlos.
Suegro del Papa.- !Qué fuerte!
El Papa.- Sí. Otra solución es la de unos padres que llevan ya dos abortos de este tipo y que dicen que no pasa nada. Que el niño muere muy a gusto y tranquilo en sus brazos, según ellos en unos brazos que lo quieren… !Cómo me recuerda la historia de las burradas de mi país cuando yo era un joven medio inconsciente!
Suegro del Papa.- Venga va, no decaigas !Que Dios te bendiga y te ayude! !Que tengas buen día!

Feliz 2013

Suegro del Papa.- Bueno, ¿cómo estás? Ya hemos quemado el primer día del 2013.
El Papa.- Estoy hecho polvo, muy cansado. Me voy a ir ya mismo a la cama.
Suegro del Papa.- Llevas unas días con mucho trajín en tanta fiesta. Y muy televisado.
El Papa.- ¿En qué hemos convertido estas fiestas? Tenía un amigo que decía que lo mejor de las Navidades era sobrevivirlas.
Suegro del Papa.- Bueno, bueno… te veo…
El Papa.- Sólo cansado.
Suegro del Papa.- Qué pasa ¿te has castigado mucho anoche o te acostaste tarde?
El Papa.- No. Pero no he dormido.
Suegro del Papa.- ¿Y no te dieron una pastillita?
El Papa.- No la pedí. Comencé a pensar en tanta pobre gente como podía morirse en esta noche, por frío, por hambre…, gente que no iba a ver el alba del primer día del 2013 y me desvelé.
Suegro del Papa.- !Pues vaya una novedad! Pasa todos los días.
El Papa.- Lo sé. Pero anoche pesaban sobre mí como una losa. No sé si hago lo suficiente para ayudarles. No sé si El me podrá perdonar algún día. Pero yo ya no sé qué hacer.
Suegro del Papa.- Pues como no te los traigas a todos aquí… Y no te van a caber.
El Papa.- Pues por eso. A lo mejor lo que tengo que hacer es llevarles el Vaticano allí. Y cuando pienso que eso es imposible, que vender las riquezas de la Iglesia apenas aliviaría a esa gente 10 ó 15 años, no sé si lo creo realmente así o no lo hago porque no me atrevo o por comodidad…
Suegro del Papa.- Amigo. Tu fuerza son las conciencias, no el dinero ni la riqueza. Pero tienes que conseguir que te escuchen y, sobre todo, que te hagan caso. Que los tuyos lo sean de verdad. No de boquilla. Podríais cambiar el mundo, pero…
El Papa.- Lo sé. En fin: Él proveerá. Me voy a la cama. Que descanses y feliz año.

Primer twitter del Papa

Suegro del Papa.- ¿Qué tal la experiencia?
El Papa.- Supongo que bien. Los que saben dicen que muy bien.
Suegro del Papa.- ¿No has tenido la curiosidad de ver qué dice la gente?
El Papa.- He visto las preguntas y he sabido cómo iban a ser las respuestas, pero no me verás con el smartphone, que además no tengo, escribiendo twits. No tengo mucho tiempo, aunque sabes que mis días son muy largos.
Suegro del Papa.- Hombre, todo el mundo imagina que te lo escribirán otros, pero yo creo que te vendría bien entrar en lo que la gente te dice y se dice entre sí por tus twits.
El Papa.- ¿Lo has hecho tú por mí?
Suegro del Papa.- Sí.
El Papa.- Estaba seguro. ¿Y?
Suegro del Papa. Primero, creo que has hecho muy bien metiéndote en este fregado.
El Papa.- ¿Por qué?
Suegro del Papa.- Veo que hay mucha gente que te sigue, y que te sigue honestamente. Y trabajan intentando multiplicar tu mensaje para que llegue a todos.
El Papa.- Eso es bueno.
Suegro del Papa.- Sí, pero no es lo más importante. Lo importante es que he visto que para muchos será una fuente de esperanza condensada en los 140 caracteres, como deben ser en la actualidad, por desgracia, la mayoría de los mensajes. Vale para toda esa gente, entre los que empiezo a contarme, que no aguanta los sermones paliza que a veces les dais.
El Papa.- Pues si sirve al Reino de Dios, en cualquier forma que sea, ha sido un acierto.
Suegro del Papa.- Sin duda. Y si te ves unos cuantos twits al azar, podrás ver que hay de todo. Que hay muchos en el mundo que te han perdido el respeto, aunque sea injustamente. Y aunque tú no tengas la culpa, porque si fueras más bueno serías tonto, tienes que buscarlos también y traerlos al redil. Lo que no sé es cómo y con qué ayuda cuentas entre los tuyos.
El Papa.- Cuento con la de Él.

Estoy cansado

El Papa.- Estoy cansado.
Suegro del Papa.- Te lo noto. Tienes más ojeras de lo habitual. Incluso menos voz. Y más cascada, si me apuras. Y no es precisamente de Jägermeister o del orujo español de Rouco.
El Papa.- Estoy cansado por fuera y por dentro. Soy viejo. Y no sé ya si alguno se aprovecha de ello, porque pueda no enterarme de las cosas. A veces lo pienso, que a algunos les viene bien tener por aquí un leño que tendría que estar ya en una residencia. Y esto me causa mucha fatiga, me tiene muy tenso.
Suegro del Papa.- Pues ellos no deben sufrir mucho.
El Papa.- Ellos ¿quién?
Suegro del Papa.- Esos en los que tu piensas; no hace falta que te dé los nombres. Además vendrán más fuertes.
El Papa.- Ya lo sé: Están de vacaciones…
Suegro del Papa.- Sí. Paseas por las oficinas vaticanas y hay cuatro pringados. Y tú aquí.
El Papa.- Déjalo. Casi es de agradecer. Me gusta que haya más espacio y menos gente. Además, quedan los considerados menos importantes: y son los que aun tienen el mundo fresco en sus ojos, en su voz y en su conciencia. Nadie como ellos para traer la calle hasta nosotros.
Suegro del Papa.- Buena reflexión: Os pasa a todos los Jefes de Estado que os rodea una corte que os impide sentir a la gente… menos mal que te das cuenta. ¿Has pensado en acabar con todo esto alguna vez?
El Papa.- Por supuesto que he reflexionado y medito sobre ello. Pero no veo la solución. ¿Seguiría teniendo poder, capacidad y medios para predicar la libertad de los hijos de Dios, la injusticia de los oprimidos, el pecado planetario de la destrucción del mundo, la bestialidad de las guerras, el derecho de los no nacidos, la opresión de la mujer, la hambruna de los más pobres, la condena a la pobreza? Medios económicos, desde luego, no tendría. Y no creo que entonces a los mass-media les interesara mucho mi rollo y me dieran facilidades para difundirlo. Basta mirar los periódicos.
Suegro del Papa.- Pero Él debería en ese caso cumplir su promesa y ayudarte.
El Papa.- Y lo hace. Pero partiendo de que primero nos hace libres y luego nos ayuda. ¿Te parece que no tengo motivos para estar cansado? “Venid a mi todos los que estáis cansados que yo os aliviaré”. Parece que lo dijo para todos menos para mí, su hombre en la tierra.
Suegro del Papa.- ¿Tiembla tu fe?
El Papa.- Tiembla mi cuerpo y mi alma, no mi fe. Pero lo daría todo por vestir una sotana negra, en un pueblo diminuto y nevado, y no tener más urgencia para mañana que levantarme tranquilamente para decir mi misa de diez a unos pocos feligreses… Hasta mañana. Me voy a la cama.

Mayordomo del Papa

Suegro del Papa.- Así que has estado en la cárcel.
El Papa.- Bueno, si se puede llamar cárcel a lo que tenemos aquí.
Suegro del Papa.- Pero has visto sólo a uno de los dos que tienes allí. O que tenías.
El Papa.- Hoy tocaba a Paoletto. Pero haremos lo mismo también con el informático.
Suegro del Papa.- ¿También te vas a fotografiar con él?
El Papa.- No hombre, no me refiero a eso. Me refiero a que lo dejaremos partir. La foto, que sigo pensando que vale más que mil palabras, es un testimonio del perdón, tan necesario hoy entre tanta gente y tantos pueblos. Y en este caso, no es perdón de los pecados porque soy cura, sino perdón cordial porque soy humano y padre de los creyentes en Cristo. Es el perdón de un viejo a joven voluntarioso y débil; de un padre a un hijo que se fue y puede volver.
Suegro del Papa.- ¿Qué te ha contado? ¿O es secreto de confesión?
El Papa.- No, no es secreto. Me ha dicho que lo que hizo pensó que ayudaba a la Iglesia. Que lo hizo por respeto y lealtad a mí. Que se ha dado cuenta de que se ha equivocado, pero que no logra sacar de su corazón el poco aprecio, incluso el desprecio que tiene hacia la mayoría de los politicuchos (así los llamó) de la Curia Vaticana.
Suegro del Papa.- ¿Y no crees que está en lo cierto? !A lo mejor tenías que hacerlo Cardenal!
El Papa.- Ya estás con tus cinismos. Lo que sí te puedo decir es que me ha llevado a una reflexión y a una pregunta: ¿cuántos hombres y mujeres habrá de buena voluntad que cuando parece que actúan contra nosotros, contra la Iglesia, en el fondo lo hacen por una enorme pasión por la Iglesia y por Jesucristo? !Que El nos ayude a no hacerles daño, a entenderlos e incluso a ver en ellos los signos de los tiempos!
Suegro del Papa.- ¿Te vas a la cama? y del nuevo mayordomo ¿te fías?
El Papa.- !Qué impertinente y ácrata eres! !Que descanses!

Twitter del Papa

Suegro del Papa.- No sabes en la que te has metido.
El Papa.- Pero hay que estar ahí ¿o piensas que no?
Suegro del Papa.- Claro que hay que estar. Pero estar bien no es fácil.
El Papa.- A qué te refieres.
Suegro del Papa.- Pues por ejemplo a que en la red todo el mundo tiene derecho a opinar. !Hay que aguantar cada cosa! ¿Estás preparado?
El Papa.- ¿Por qué no? Todos son hijos de Dios, y por tanto todos son libres.
Suegro del Papa.- Hoy en día todo el mundo se siente capacitado para opinar, y opina, por la red, lo mismo de física cuántica que de estructura molecular. !Cuánto más de religión, y sobretodo de la tuya!Ya verás a dónde lleva a veces la libertad!
El Papa.- ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no lo veo? la libertad es uno de los pilares de mi idea del Reino de Dios. Ya sé que no coincide con lo que muchos llaman libertad. Mi obligación es estar donde haga falta explicarlo.
Suegro del Papa.- Vas a tener muchos seguidores. Hasta serás record mundial, probablemente.
El Papa.- Es mi responsabilidad y no creas que no me asusta. Pero es un arma poderosa, me dicen. Y yo necesito eso para llevar un poco de cordura, de justicia y de paz a tantos hombres y mujeres que sufren lo que está pasando, sin causarlo, y no lo entienden.
Suegro del Papa.- Pues ánimo: a ver cómo metes uno de tus profundos y a veces largos discursos en 140 caracteres. En esto la chavalería son auténticos genios.
El Papa.- En eso y en muchas cosas. Ellos se merecen otro mundo, y yo tengo la obligación de ayudarlos. Y lo hago y lo haré, aunque a veces ellos no lo crean, no lo vean y no lo entiendas.

!A denunciar los acuerdos con la Santa Sede!

Suegro del Papa.- ¿Has leído la carta de los cristianos ¡y cristianas! (que no se me olvide) de base a Rajoy?
El Papa.- ¿La que pide denunciar los acuerdos con la Santa Sede?
Suegro del Papa.- Esa.
El Papa.- Sí. ¡Qué vientos recorren el mundo! Y no lo digo por la eventual denuncia de los acuerdos, que hasta puedo aceptar que es materia opinable. Lo digo porque los firmantes, teóricamente cristianos, nos equiparan, nos ponen a la misma altura de “cualquier filosofía” o “cualquier cosmovisión”. Y son palabras de ellos. Que Dios me perdone, pero sin faltarles a la caridad, creo que eso es convertir el cristianismo en una ideología pasajera, humana, sin ninguna transcendencia. Y se llaman cristianos… Tanto error es dar valor sólo a la parte humana del Cristo como a la parte divina. Es Dios y Hombre …
Suegro del Papa.- Ya, pero hay mucha gente que os ve así…
El Papa.- Pues a eso me refiero, y supongo que una parte de la culpa es nuestra. Pero otra más grande es la de estos grupos, miembros teóricos de la Iglesia, que se dejan embaucar y que, sin darse cuenta, son utilizados por los que a toda costa querrían vernos desaparecer.
Suegro del Papa.- Tú lo dices: es duro, pero son gente de buena fe.
El Papa.- A veces llego a dudarlo, y que Dios me perdone. No sé si muchas veces no son más bien gente con afán de ir contracorriente, de protagonismo, de justificar sus debilidades. ¿Qué pasa que Cáritas no somos también la Iglesia? ¿La cerramos para denunciar más tranquilamente los acuerdos con la Santa Sede?
Suegro del Papa.- Ellos también reconocen que Cáritas está bien, pero que todo lo demás son privilegios injustificados de una religión como otra cualquiera.
El Papa.- Mira: te voy a responder con un twitter que he leído comentando en la red esta noticia: “lo que necesitamos es una Iglesia Católica democrática, laica, progresista y atea”. Piensa un momento en la frasecita. No al pié de la letra, pero de alguna forma estos grupos me recuerdan a la Iglesia Nacional china, tan querida y próxima a la nomenclatura comunista. En ese país, nuestros obispos están confinados o directamente en la cárcel. ¿Es eso lo que quieren?
Suegro del Papa.- No hombre, tampoco es eso.
El Papa.- Si tú lo dices….

Moros

Suegro del Papa.- Te metes en cada charco… El caso es estar en todo ¿no?
El Papa.- ¿Por qué lo dices?
Suegro del Papa.- Por lo del Rey Abdullah de Arabia Saudita. ¿Qué se te ha perdido con ése? Luego te quejas de que digan que Dios los cría y ellos se juntan.
(http://visnews-es.blogspot.com.es/2012/11/santa-sede-adhiere-como-observador.html)
El Papa.- En un diálogo interreligioso con musulmanes ¿no te parece un personaje importante? Además: él es sólo uno de los tres fundadores de este organismo al que hoy he adherido a la Santa Sede.
Suegro del Papa.- Ya. Están también Austria y España. Esto ¿es también “Alianza de civilizaciones”?
El Papa.- Esto es un esfuerzo más. Y yo me sumaré a todos los que se hagan por preservar la paz, por arreglar las cosas con diálogo y, sobre todo, los que me permitan contactos y actitudes para evitar que siga habiendo creyentes en el mundo que hoy mismo hayan podido ser martirizados sólo por el hecho de ser cristianos.
Suegro del Papa.- Bueno, no me negarás que los tres fundadores son curiosos y que faltabas tú. No te mosquees, que luego mañana no sales bien en las fotos con los seis nuevos cardenales. ¿Estás contento con los que has nombrado? Hay alguno por ahí que aun no se le ha pasado el cabreo de que lo dejaras fuera.
El Papa.- Ya lo sé. Pero ya te lo dije el otro día: tengo que pensar en la Iglesia de mañana, no de pasado mañana, que ya soy muy viejo y hay que meter en el cónclave a gente que pueda aportar algo en estos tiempos de prueba y crisis.

Cardenales

Suegro del Papa.- Te veo bajo.
El Papa.- ¿Por?
Suegro del Papa.- No sé, te noto rato. ¿Qué haces?
El Papa.- Preparo el discurso para el nombramiento de los seis nuevos cardenales.
Suegro del Papa.- Pocos has nombrado, sólo seis, para lo que es habitual. Tampoco es habitual hacer dos nombramientos en un año.
El Papa.- Cada vez que nombro, pienso que pueden ser los últimos, los que van a elegir a mi sucesor.
Suegro del Papa.- Poco a poco van bajando el número de cardenales italianos. También por eso te critican los de la curia.
El Papa.- Bueno. Eso tampoco es importante. Muchos italianos eran y eligieron un alemán.
Suegro del Papa.- Has metido un indio muy joven. Bueno, joven para lo que son los cardenales, porque tiene ya 53 años.
El Papa.- Es un hombre muy valioso. No sólo pienso que pueden ser los últimos y los que elijan a mi sucesor, sino que pienso también que puedo estar condicionando ya la elección del futuro Papa. Y eso me aterra.
Suegro del Papa.- Por qué.
El Papa.- Porque nunca imaginé lo pesada que es esta carga y con qué soledad se lleva. No hay un teléfono rojo para preguntarle a Él cómo quiere hacer las cosas y nunca estás seguro de hacerlas como Él quiere. Eso me quita el sueño

¿Con quién comiste?

Suegro.- !Vaya día que te han dado!
El Papa.- Para celebrar San Carlos Borromeo.
Suegro.- ¿Qué tal la comida?
El Papa.- Pues ya te imaginas. Menos mal que ha venido ese cardenal bajito que no calla. Lo ha dicho él todo y así he podido hasta evadirme.
Suegro.- !Comes con cada muermo! No me extraña que tengas el estómago hecho polvo.
El Papa.- ¿Tú qué has hecho?
Suegro.- He comido aquí al lado, en Trastevere. En una trattoria pequeñita: no se cabe entre mesa y mesa.!Qué bien te vendría poder ir y escuchar lo que dice la gente y menos omeprazol! He estado solo: no te puedes imaginar las conversaciones de la gente. Hay gente que lo está pasando fatal. Tienes que hacer más para cambiar el mundo.
El Papa.- !Quisiera saber cómo! Cada día me hacen menos caso, hasta los nuestros. Ha habido una persona en la comida que he visto claramente la fe en sus ojos. Esas personas que mirándolas sabes que creen a muerte y lo esperan todo de Él. !Quedan tan pocas! !Qué pena que no la pueda hacer cardenal!
Suegro.- ¿Por qué?
El Papa.- Porque es mujer…
Suegro.- Me voy a dormir, que me cabreo.

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