Papa Francisco en Tierra Santa: judíos y palestinos. Los curas se casan.

Suegro del Papa.- ¿Así que los curas van a poder tener suegra y suegro? Me llevo una alegría. Ya no seré yo solo el que tenga un yerno cura.
Papa Francisco.- Fíjate tú mismo en lo que has dicho: suegra y suegro. Más hijos, cuñados, asistenta… Muchas preocupaciones para mantener la intensidad que yo creo que requiere el servicio de ser cura.
Suegro del Papa.- Hombre: visto así… Míralo por el otro lado: ¿no dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer?
Papa Francisco.- Esos son patochadas machistas. Y yo no he dicho que se vayan a casar. He dicho que se puede reflexionar sobre ello. Y tomar en cuenta la experiencia de los sacerdotes casados de la Iglesia ortodoxa.
Suegro del Papa.- Pero eso es ya un buen paso. Para caminar mil kilómetros siempre hace falta el primer paso. Te vi emocionado en Tierra Santa.
Papa Francisco.- Y lo estuve.
Suegro del Papa.- Y dormido. El rabino sefardita casi acaba contigo. Estuviste a punto de la gran cabezada escuchándole.
Papa Francisco.- Ha sido un viaje agotador, pero creo que merece la pena. Ves a hombres como Simón Peres y Mamudh Abás y te resulta increíble que sus pueblos, su gente se lleven tan mal. La gente de allí, de ambos lados, es muy buena gente. Se les ve y se les nota ¿Quién está interesado en seguir encendiendo chispas y lo logra?
Suegro del Papa.- Son generaciones de odio, de expolio mutuo, de agresiones, de no poder entenderse… Por cierto: te vi incómodo por razón de los idiomas. Eso te quitó frescura.
Papa Francisco.- Es cierto. Al final decidí concentrarme más en los gestos, que además me salían muy de adentro. Es una tierra de emociones intensas esa tierra tuya. Haré todo lo que esté en mi mano por ayudarlos a respetarse, que es el primer gran paso para la paz. Son distintos unos de otros, sin duda, pero creo que pueden convivir y complementarse.
Suegro del Papa.- No me negarás que los míos, los judíos, lo tenían todo más medido, más organizado.
Papa Francisco.- Pero no me negarás también que la improvisación de los palestinos no ponía en evidencia su cordialísima disposición a acoger y honrar al huésped. Si se hubiera dado un hogar a Israel partiendo de esta filosofía y no por la decisión de gente que no tenía nada en común con ellos, esa tierra podía haber sido hoy una tierra en paz y próspera.
Suegro del Papa.- Bueno. Pero en definitiva, ha sido un viaje útil…
Papa Francisco.- Mucho. Estoy seguro, también, de que estamos en el buen camino para la unión de los cristianos. Podemos ser un ejemplo de cómo se entienden gentes que en otros tiempos hasta nos matábamos.

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Papa Francisco enfermo: viaje a Tierra Santa

Suegro del Papa.- ¿Estás mejor?
Papa Francisco.- Sí.
Suegro del Papa.- ¿Se te ha quitado la fiebre?
Papa Francisco.- Sí
Suegro del Papa.- Chico, ¡qué lacónico estás! Pero ¿seguro que estás bien? ¿Qué te ha pasado?
Papa Francisco.- Nada importante. Un simple recordatorio de que soy un anciano.
Suegro del Papa.- Deberías tomar precauciones, trabajar un poco menos, o al menos descansar y dormir un poco más. Duermes muy poco.
Papa Francisco.- Lo suficiente. Enfermaré sólo y cuando Él lo quiera, aunque duerma más o menos. Mi fuerza ya no es mía: es la suya en un cuerpo maltratado.
Suegro del Papa.- Me voy a Galilea, a Palestina.
Papa Francisco.- ¿Ya? Si aún quedan días…
Suegro del Papa.- Ya. Pero amo tanto aquella tierra santa… Son veinte siglos de cariño, sufrimientos, nostalgia y veneración. Veinte siglos de esperar Su regreso y ver cómo la política, el racismo, el odio hacen que allí, en lo que fue Su tierra, cada día hay menos cristianos porque cada día es más difícil ser cristiano.
Papa Francisco.- Dios quiera que nuestro viaje sea un momento de encuentro, de paz, de concordia y un testimonio de fe y esperanza. Que tu yerno, el primer Papa, vele por nuestra inteligencia y nuestra boca para que sepamos comprender a tus paisanos y decirles la palabra apropiada como lo hizo él.
Suegro del Papa.- Era muy impulsivo. Pero era noble. Y muy humano, hasta las lágrimas. En ese sentido, se parecía bastante a ti. La gente entendía lo que decía. Ahora estáis, estás, recuperando de alguna manera esa cualidad.
Papa Francisco.- ¿Por qué te vas tan pronto?
Suegro del Papa.- Y volveré bastante más tarde que tú. Voy a seguirte de lejos. Oyendo a la gente. Y dejaré pasar unos cuantos días desde que vuelvas para decirte qué he visto, qué he sentido, cómo te han visto y qué piensan.
Papa Francisco.- En todo caso, no dejes de pedirle a tu yerno San Pedro que no se aparte de mi lado ni un solo segundo. Dame un abrazo.

Papa Francisco, Ban Ki-Moon, la ONU y Tierra Santa

Suegro del Papa.- ¿Qué tal la audiencia a Ban Ki-Moon?
Papa Francisco.- Habría que decir mejor con Ban Ki-Moon que a Ban Ki-Moon?
Suegro del Papa.- Y eso ¿por qué?
Papa Francisco.- Porque es muy de agradecer que haya vuelto hasta aquí a verme, con los responsables de muchas de las agencias de la ONU. Tenemos mucho que decir y hacer juntos.
Suegro del Papa.- Son políticos…
Papa Francisco.- Pero dentro del poder político, legítimo, democrático, de los estados que al menos formalmente respeten los derechos básicos de la persona, éste es el que menos obligado está a todas esas cosas oscuras, lamentables, que a veces ligamos a los políticos. El ya ha hecho su carrera. Se podrá disentir de sus métodos o ideas, porque hay quien lo hace, pero no de sus objetivos, que casualmente coinciden con los de la buena nueva del evangelio.
Suegro del Papa.- ¿Qué te ha dicho cuando le soltaste que hay que “restituir con generosidad y abundancia lo que injustamente hayamos negado a los demás”?
Papa Francisco.- Que es una buena filosofía de trabajo y que la acepta y comparte.
Suegro del Papa.- ¿No son sólo palabras?
Papa Francisco.- No, seguro que no. La ONU tiene miles de personas por el mundo procurando hacer el bien y ayudando a los demás. En eso se parecen a nosotros. Cierto que nosotros lo hacemos vocacionalmente y ellos, al menos en una parte, lo hacen como un trabajo. Pero no se trabaja en eso si no se cree en el hombre y en la necesaria fraternidad y justicia.
Suegro del Papa.- ¿Por qué te vino a la cabeza el personaje de Zaqueo del evangelio? ¿Es bajito también el Ban Ki-Moon?
Papa Francisco.- Es menudo, pero no bajito. Me vino a la cabeza por tu propia frase de si la ONU no son sólo palabras. No lo tomes a mal, pero nos permitimos juzgar a los demás muy rápido. “Jesús no pide a Zaqueo que cambie de trabajo ni denuncia su actividad comercial, solo lo mueve a poner todo, libremente, pero inmediatamente y sin discusiones, al servicio de los hombres”. Y eso encaja perfectamente en el ideario fundacional de las Naciones Unidas.
Suegro del Papa.- Es pedir demasiado…
Papa Francisco.- No creo. ¿De qué le vale al mundo todo el progreso raudo y creciente de una parte si ese progreso nos lleva a la cultura de la exclusión económica de la otra, a la cultura del descarte de aquel al que primero marginamos, en definitiva a la cultura de la lucha, de la guerra, cuando no directamente de la muerte?
Suegro del Papa.- Es cierto. Me viene a la cabeza también mi Tierra Santa. A ver lo que puedes hacer en el viaje.
Papa Francisco.- ¿Pero tú vendrás, verdad?
Suegro del Papa.- No lo sé. Tengo miedo de ir y quedarme… Soy un modesto y, a veces, molesto viejo de Cafarnaún. ¡Y esta Roma es tan grande…!

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